Día Mundial contra la trata de personas, 30 de julio

Día Mundial contra la trata de personas, 30 de julio

En esta época de verano, la necesidad común y noble del bienestar personal y familiar de tod@s, hace que la movilidad humana se intensifique de manera especial por todo el planeta. Un@s, disfrutan del merecido descanso en compañía de los suy@s y sus familias, realizando distintas actividades de ocio y tiempo libre, de solidaridad, de reencuentros, etc.

Otr@s, aprovechan la ocasión de haber conseguido, sino el deseado, al menos el esperado trabajo, aunque sea para sustituciones temporales y no siempre en condiciones laborales dignas. Pero… otr@s, tristemente much@s otr@s, siguen sufriendo…

Seguimos mirando para quienes padecen el éxodo de sus países por encontrarse en situaciones de guerra, hambre, pobreza, sequía, injusticias… y emprenden viajes penosos, particularmente por tierra o mar, en busca de ese lugar de ensueño. Tant@s y tant@s migrantes y refugiad@s. Desde la Delegación Diocesana del Laicado, hemos recibido el testimonio de su Delegada, Pilar Chasco, desde la caravana “Ongi etorri errefuxiatuak”.

En la Declaración de Nueva York, adoptada durante la Cumbre para los Refugiados y Migrantes el pasado septiembre de 2016, se enfatizó que refugiados y migrantes, dentro de los grandes desplazamientos, corren el riesgo de ser víctimas de trata de personas, y que los países necesitan combatir este delito y el tráfico ilícito de migrantes como parte de sus respuestas integrales al desarrollo y la migración.

En 2013, los Estados miembros de Naciones Unidas designaron el 30 de Julio como el Día Mundial contra la Trata. En la resolución, se señala que el día es necesario para «concienciar sobre la situación de las víctimas del tráfico humano y para promocionar y proteger sus derechos».

Con motivo de este día nos gustaría no dejar de contemplar a quienes, si cabe, sufren todavía más, porque son víctimas del tráfico de personas y de sus diferentes formas y prácticas de esclavitud humana, en el mundo laboral (temporerismo, trabajadoras domésticas,…), en el tráfico de órganos, en la explotación sexual, etc. Muchas de ellas son menores, niñas y mujeres.

Queremos criticar y denunciar a todas esas empresas, personas, mafias, etc. que, aprovechando este período estival, continúan intensificando estas prácticas y explotando impunemente, mercantilizando y humillando al ser humano, y multiplicando así su lucro económico.

Y, con respeto, admiración, reconocimiento y un profundo sentido de solidaridad, honramos y nos unimos a quienes dedican sus esfuerzos, desde la Comunidad Cristiana y otras instancias, grupos, instituciones, etc. por la defensa de sus vidas, sus derechos y su dignidad.

Con el escritor griego Constantin Cavafis, pedimos por cada persona y cada familia, llen@s de esperanza: “Que muchas sean las mañanas de verano I en que llegues –¡con qué placer y alegría!– I a puertos nunca vistos antes”. (Poesía completa, 2011, Viaje a Ítaca).

Y, con el sacerdote portugués, Pedro Rodrigues, que hace poco tiempo, contemplando la ciudad de Alepo y una imagen de María, decía “es tiempo de reconstruir… también sueños perdidos”, ofrecemos nuestras manos para colaborar en esta ingente tarea de la Humanidad.

Os animamos a, en la medida de lo posible, tener en cuenta esta realidad al calor de la Oración y de la Solidaridad Comunitarias. El día 30 puede ser una ocasión, pero también algún otro día a lo largo del verano y del año. Si Dios quiere, en Septiembre os recordaremos otra jornada, la del 23, “Día Internacional contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, niñas y niños”.

Luis Fernando Corcuera- Delegado Diocesano de Migraciones

 



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