Evangelio del día Se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias Lc17,11-19

Homilía de Monseñor Elizalde en la despedida de las Hermanitas de los Pobres

Homilía de Monseñor Elizalde en la despedida de las Hermanitas de los Pobres

El 13 de enero, sábado, el Obispo de Vitoria. Monseñor Juan Carlos Elizalde presidió la Eucaristía en la capilla de la Residencia Juana Jugan. De esta manera se iniciaron las 24 horas de oración por las vocaciones con las que la diócesis quiso despedir a las Hermanitas de los Pobres, al servicio de los ancianos sin recursos de nuestra ciudad durante 140 años. La reproducimos íntegramente a continuación:

«Las Hermanitas han abierto la Caja de Pandora»

Querido Vicario General, Vicarios Episcopales, sacerdotes, amigos de la casa, querida comunidad cristiana representando a toda la Diócesis de Vitoria, tantas familias, tantas religiosas y tantos religiosos, Hermanitas, y vosotros la empresa, Urresku Adina, Edad de Oro, que tomáis el relevo. ¡Cuántas esperanzas puestas en vosotros! Ongi Etorri. Bienvenue. No os va a faltar la ayuda de la Iglesia de Vitoria, de su afecto y de su voluntariado. Recibís un patrimonio maravilloso, en vuestras manos ponemos un tesoro.

Jesukristo, Artzain Onak, gure zauriak osatu eta bere zerbitzu espirituarekin indartu gaitzala. Eukaristiaren ospakizunak elkartu gaitu gaur ere.

Estamos proclamando las lecturas de la Iglesia Universal de este sábado I del Tiempo Ordinario y las estamos disfrutando; son lecturas vocacionales. Es la escena de la Vocación de  San Mateo. Con los jóvenes que hicimos el camino de Asís este verano, en la Iglesia de San Luis de los Franceses, en Roma, junto a la Plaza Navona, estuvimos viendo el cuadro de Caravaggio de la Vocación de San Mateo. Muchos tenemos la imagen en la cabeza porque es un cuadro muy conocido: unos colores, una fuerza, un realismo tremendo… Mateo en el mostrador de los impuestos rodeado de colaboradores, maduro, con barba…. Y Jesús enfrente, un dedo que le señala, toda la luz parte de Jesús. Jesús está junto a un gran ventanal. La escena impactante del Evangelio: “Sígueme”, se levantó y lo siguió.

Me fijo solamente en dos aspectos:

1.- El primero, la fascinación por Jesús. La figura de Jesús es imponente y le señala. Y él, un hombre maduro con barba, rodeado de sus jovenzuelos colaboradores, hace este gesto: yo ¿a mí? Si hay otros vocacionales a mí alrededor… ¿a mí? Y Jesús insiste.

Todos somos llamados, no hay nadie sin vocación. A todos el Señor nos llama por nuestro nombre. Luego se concreta la llamada, y podemos decepcionarla como Saúl. Le pilló buscando borricas y le encargó el Señor liberar Israel. ¡Anda que no es un cambio vocacional! Todos, aquí no hay nadie que pueda decir ¿yo? Tú, en tus circunstancias.  Yo acabo de hacer los ejercicios con el resto de los obispos y el padre Jesuita que nos dirigía los ejercicios nos decía que los Ejercicios no son tiempo para replantearnos nuestra vocación, a estas alturas, pero que siempre hay una vocación dentro de la vocación. El Señor no quiere lo mismo de ti en este 2018.

Y aquí las Hermanitas, con su partida, han abierto la caja de Pandora. Porque de repente todos nos preguntamos ¿Pero qué pasa? ¿Por qué no tenemos vocaciones? ¿Es que no tenemos vocación? ¿Por qué nos pasa esto? ¿Ya no llama el Señor? ¿Dónde está la fascinación por Jesús? En el origen de la vocación de cada una de las Hermanitas está ese descubrimiento fascinante de Jesús ¿verdad?

En mis ejercicios de adolescente de Javier también me ocurrió a mí. Y en éstos ahora, lo primero que yo sentía era la prioridad de Jesús de Nazaret, que te vincula: » vente conmigo, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, ven y sígueme…Los eligió para que estuvieran con él.» Y emergió con fuerza por encima de la Iglesia, de sus mediaciones, de sus consejos, de la diócesis, de sus sacerdotes, de todo.

Siempre la vocación arranca de una llamada personal de Jesús. Por eso tomamos conciencia. La Diócesis de Vitoria ¿quiere seguir proponiendo a  Jesús de  Nazaret como respuesta al corazón humano? Todos los ejercicios espirituales que vamos a proponer, que estamos proponiendo, que la Diócesis ha propuesto toda la vida: sacerdotes, religiosos, religiosas, y sobre todo hoy laicos, van en esa línea: encontrar a Jesús de carne y hueso. » Un difunto llamado Jesús que Pablo sostiene que está vivo». Y nosotros sabemos que está vivo, y que llama y sigue llamando. La peregrinación diocesana a Tierra  Santa es por eso, porque tocar los lugares comunica la certeza de que Jesús es alguien real, de que está vivo y y de que nos quiere vincular a su propia vida.

El padre Cantalamessa contando su vocación dentro de la vocación, siendo capuchino, catedrático de Cristología, sacerdote, preparando un día  la clase para sus alumnos, estudiando el texto de San Pablo a los Filipenses:  «todo lo estimo basura con tal de conocerle a Él”, estudiando aquella noche, de repente, aquel pronombre, “Él” , entendió que El era Jesús, el amigo, el Señor, el compañero, verdadero Dios y verdadero hombre y supo que hasta entonces: capuchino, sacerdote, sabiendo todo sobre la Persona de Jesús, concilios y dogmas…habría tenido un conocimiento impersonal de la persona de Jesús.

La partida de las Hermanitas es para abrir los ojos y preguntarnos ¿tengo conocimiento impersonal de la persona de Jesús o el Señor es alguien vivo que me está llamando continuamente? Juana Jugán lo experimentó  de joven. Cuando aquel pescador le propuso matrimonio, ella le dijo que el Señor le había dicho que estaba para otras cosas. Ya había conocido al  Señor. Rechazó aquella propuesta que le encantaba porque intuía que el  Señor le estaba haciendo otra propuesta para otras cosas. Ya había conocido al Señor.

Los que estamos hoy aquí, que hemos conocido al Señor, ¿queremos contribuir, ayudar, colaborar a que otros conozcan al Señor de manera fascinante como Él es, de manera que les pueda llamar? Hoy en la Diócesis de Vitoria el Señor puede llamar a una chica al cuidado de los ancianos más necesitados. Las comunidades, los cristianos adultos, queremos prolongar esa llamada, ser mediación de esa llamada. Es la fascinación por Jesús que llama. ¡Que se lo digan a San Mateo!

2.- El segundo aspecto: el amor a la Iglesia. Nos explicaba el guía en Italia que los que están cerca de Pedro se enteran del llamamiento. Pedro está al lado de Jesús, los jóvenes que están al lado de Pedro ven que pasa algo. La cercanía de la Iglesia, el amor a la Iglesia, la familiaridad en la iglesia favorece la llamada, es el humus para la llamada. Y al revés, los que están lejos de Pedro, lejos de la Iglesia, los cambistas más alejados de Pedro, no se enteran de lo que ocurre, del resplandor de Jesús, ni de su dedo índice y siguen siguen enfrascados con sus monedas. ¿Estamos cerca de Pedro? ¿Tenemos una familiaridad con la Iglesia? ¿Amamos a la Iglesia para que a través de mediaciones muy concretas el Señor nos pueda llegar?

Yo sin pudor digo que el Señor me llamó con nueve años, año 1969. Se había cerrado el Seminario de Pamplona, y el cura se emocionó el Día del  Seminario hablando de las vocaciones, y paró la misa, y siendo monaguillo y queriendo yo tanto a aquel cura, dije que quería ser cura.  Nunca me abandonó esa certeza. Luego quería ser jesuita estando en Javier estudiando con ellos. Después tuve un paréntesis en la adolescencia. Recuperé la certeza en la Universidad. Y hasta hoy.  El Señor nos llama a través de situaciones muy concretas. ¿Los jóvenes de Vitoria quieren lo suficiente a sus curas, a su Obispo, como para sentir alguna llamada? ¿Somos referencia para alguien? El calor humano que supone una comunidad cristiana, el afecto, es caldo de cultivo de la llamada.

El Papa Francisco antes del Conclave, en aquellos mensajes que se trasmitían los cardenales unos a otros, está escrito y es maravilloso: ¿De qué Iglesia hablamos? ¿De una iglesia rica, autorreferencial, de occidente, triste, que no tiene vocaciones? Añadía el Cardenal Martini que «el bienestar pesa».  ¿O por el contrario hablamos de la iglesia pobre, alegre, en salida,  hacia las periferias, que sí tiene vocaciones?».

Las Hermanitas de los Pobres han abierto la caja de Pandora:  ¿a qué iglesia pertenecemos? ¿a la iglesia rica y autorreferencial o a la iglesia pobre, alegre y en salida? ¿A qué Iglesia queremos pertenecer?.

¡Cuánto os va a llorar Vitoria, ya lo está haciendo! ¡Cuanto sentimos los sacerdotes, la Diócesis, las religiosas, cuanto lo siento yo! Impresionante el ejemplo, lo que intuyes, de olvido propio, para estar disponible, cada una de las Hermanitas a una nueva misión.

Cuando nos encanta airear nuestros drama y conflictos pensando en nosotros mismos, ¡qué ejemplo eclesial para toda la Diócesis! Silencio, olvido de uno mismo para seguir sirviendo.  Esto tiene que tener mucho fruto en vosotras, en la  Iglesia, también en la Diócesis.

Pedimos amor a la iglesia, oración por las vocaciones, cultura vocacional, la vida como vocación. En una Iglesia rica, prepotente, autorreferencial, crítica, sin afecto, no crece ni la hierba. Vamos a apostar hoy por esta iglesia pobre, en salida, humilde, fraterna y vamos a rezar mucho, y cada día más por todas las vocaciones, por todos los carismas.

No es momento de mirar en el pasado ni nuestro ombligo. Que la Iglesia de Vitoria pueda seguir posibilitando la llamada del Señor. Que ante chicos y chicas que se preguntan por la vida consagrada, el sacerdocio, el matrimonio, la familia,… puedan encontrar cristianos maduros, sacerdotes, religiosos, religiosas, matrimonios que sean referencia y que puedan señalar el camino.  Apostamos por sacerdotes, religiosos, religiosas, matrimonios que efectivamente puedan ser referencia para un chico o una chica. Que nuestras comunidades parroquiales, religiosas, tengan un nivel de oración, de entusiasmo y de compromiso capaz de favorecer la llamada del Señor. De ahí la insistencia en los Ejercicios Espirituales y otras opciones, para que el encuentro con el más pobre sea una consecuencia de haberlo visto reflejado en Jesús de Nazaret.

Que Santa María, Madre de la Comunidad, nos guie de la mano, nos de discernimiento, lucidez y valentía para trasparentar la propuesta del Señor.

Que este día agridulce sea  a la vez un día espléndido de esperanza vocacional. Gracias a todas las numerosas comunidades y grupos que vais a participar en las 24 horas de oración de agradecimiento por la Hermanitas y de petición por las vocaciones. Estáis atendiendo la petición del Señor: «Rogad pues al dueño de la mies que mande obreros a su mies». Gracias por vuestra fe. Sois garantía de fecundidad vocacional en la Iglesia de Vitoria. Eskerrik Asko!

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