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La Parroquia de San Blas de Legutio bendice un cuadro-homenaje al beato Leoncio Arce Urrutia

La Parroquia de San Blas de Legutio bendice un cuadro-homenaje al beato Leoncio Arce Urrutia

Este beato alavés fue testigo de la fe el 10 de septiembre de 1936 a los 37 años

Con motivo de la celebración de la fiesta de los Mártires de la Diócesis de Vitoria, la Parroquia de San Blas de Legutio, bendijo en la Eucaristía un cuadro del beato Leoncio Arce Urrutia.

El óleo, obra de Francisco Cantos, artista hispalense afincado en Villanueva del Ariscal, ha sido pintado sobre una tabla en la que se representa el busto del beato con el hábito dominico. En la parte superior, en dos rosetones, aparece el escudo de Legutio y la torre de la Iglesia, insignias identificadoras del municipio.

El beato mártir Leoncio Arce Urrutia, nació en Villareal de Álava el 13 de enero de 1899 y ese mismo día fue bautizado en la Parroquia por el entonces párroco, Rvdo. Serafín de Askazubi, lugar donde también recibió el sacramento de la confirmación.

«Tener un beato de nuestro pueblo es una bendición y una fuente de intercesión». Juan José Infante, párroco de San Blas.

Profesó solemnemente en la Orden de Predicadores de Santo Tomás de Ávila el 8 de septiembre de 1920; estudió Teología en el colegio de Rosaryville (Estados Unidos) y se ordenó en Nueva Orleans, el 10 de junio de 1924. Ejerció la enseñanza, el ministerio pastoral y la administración económica, con gran dedicación y celo, en los conventos de La Mejorada (Valladolid), de 1924 a 1928, Ávila, donde trabajó como administrador de la revista ‘Misiones Dominicanas’ (1928-1931). El resto de su vida (1931-1936) residió en el convento del Rosario, de Madrid, dedicándose al culto divino y al apostolado entre las personas que frecuentaban la iglesia.
           
Fue testigo de la fe el 10 de septiembre de 1936 a los 37 años. Fue beatificado por Benedicto XVI el 28 de octubre de 2007 en una celebración en la Plaza de San Pedro del Vaticano junto a otros 497 mártires que dieron la vida por Cristo durante la persecución religiosa en los años treinta del siglo XX.

Durante la homilía, el párroco se destacó a los fieles que “tener un beato de nuestro pueblo es una bendición y una fuente de intercesión. Podemos acogernos a él. Pedirle al Señor que proteja a las familias del pueblo. Es un beato mártir que ha pasado por nuestras vidas, que ha pasado por nuestro pueblo. Y hay que pedirle que nos ayude a sostener y a cuidar la vida de nuestro pueblo y seguir manteniendo esta comunidad parroquial”.

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