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Evangelio del día El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra Jn8,1-11

Evangelio comentado 25 marzo

Evangelio comentado 25 marzo

Lee la Palabra de Dios y tómate un tiempo para meditarla. ¡Feliz lectura!

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque “para Dios nada hay imposible”».

María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

Comentario por Jesús Carlos Medina

Hoy, 25 de marzo, celebramos la fiesta de la Anunciación del Señor. Tiene relación con la Navidad al celebrarla nueve meses antes. Esta fiesta se ha llamado de diversas maneras y desde el año 1970 se titula: Anunciación del Señor.

Celebramos pues el mayor prodigio de todos los tiempos, en que “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Y para ello Dios quiere la colaboración de la persona humana. Con María está el que no se ha separado del seno del Padre, pero que se aloja en su seno. Hoy en el evangelio nos narra el momento en que Dios propone y espera su respuesta. Es una respuesta libre, porque es reflexiva, dubitativa sobre ¿qué significaría una salutación como la que le hace el ángel Gabriel?

La escena ocurre en Nazaret, en una aldea pequeña y pobre. A esta aldea viene el ángel Gabriel con una gran embajada de parte de Dios. Y viene a una muchacha, llamada María, que en realidad no se distingue humanamente de las otras muchachas, a no ser por su mayor piedad. Es virgen, aunque ya está “desposada”, que aquí quiere decir algo así como “apalabrada”, con José. Este es un hombre sencillo, trabajador, aunque descendiera del rey David.

El ángel la saluda. Es como el “buenos días”. Es un anuncio lleno de alegría y no de desgracia, es un saludo agradable y no angustioso. Este anuncio trata de no perturbar el espíritu de María. ¿Cuándo la naturaleza humana tendrá un gozo tan grande, sino al hacerse participe de una unión tan íntima y singular? ¿Qué hay de más extraordinario que ver a Dios en forma humana, sin que haya perdido nada de su divinidad y observar cómo la naturaleza humana está unida a su Creador? Una humanidad que, habiendo caído en el pecado, ahora se encuentra revestida de la divinidad. Este saludo traducido literalmente del original es: “Alégrate, objeto del favor divino, el Señor es contigo”. 

¿Qué reacción tiene María ante este anuncio? El evangelio habla de un sentimiento que es la turbación, pero el anuncio del ángel es un anuncio hecho con suavidad. Un anuncio que lleva un mandato agradable y su respuesta evocará el inicio de un gozo inacabable. 

En la misa se nos dice: “El Señor está contigo”. Esto significa claramente que quien se hace presente es el propio Rey que toma de ella su cuerpo, sin apartarse de su propia Gloria. 

Los mensajes de Dios no son fáciles de comprender. Así le pasó a María. Y hasta preguntó, porque la fe debe sustentarse con la razón, aunque nunca podamos comprenderlo todo. Para María parece ser que era esencial la entrega que había hecho a Dios de su amor, de una manera total y exclusiva. Hubo otras mujeres que en el Antiguo Testamento fueron estériles y por la acción divina pasaron a ser madres, pero con la diferencia de María que sí conservo su virginidad, su consagración a Dios. Y para mostrárselo con más claridad, el ángel le dice que su prima Isabel, a pesar de las dificultades por ser anciana, también va a ser madre muy pronto. No fue fácil la fe de María desde ese momento y en muchos otros momentos de su vida.

Quien tiene fe no necesita de muchos argumentos. Basta acoger con plena confianza la palabra de Dios. Aquel fue el diálogo más grandioso de Dios con la humanidad por medio del “sí”. Cuando María dice Sí a Dios, su espíritu se llenó de alegría indescriptible y en ella estamos representados todos. No fue un acto aislado en la manera de ser de María. El “hágase en mí según tu palabra” es como una actitud constante de disponibilidad a la voluntad de Dios: actitud que durará toda su vida, que culmina al pie de la cruz junto a su Hijo. Esta es la actitud que hoy nos enseña la Virgen María para que Dios se encarne también en nuestro corazón. 

Dios quiere hacer grandes cosas en nosotros, pero quiere la colaboración humana. Nos pide una respuesta libre, amorosa, consciente y generosa. No nos pide lo que no podamos darle, sino que nos da lo que nos pide. Por eso debemos vivir el “hágase” en esta cuaresma en nuestras casas con sencillez de corazón, pero con una voluntad decidida y generosa a las diferentes llamadas que nos hace el Señor. A veces pueden ser “puntuales” en la vida, otras son llamadas para ser mejores discípulos suyos.

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