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Evangelio del día Dios mandó su Hijo al mundo, para que el mundo se salve por él Jn3,16-18

Evangelio comentado 27 marzo

Evangelio comentado 27 marzo

Lee la Palabra de Dios y tómate un tiempo para meditarla. ¡Feliz lectura!

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30

En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.

Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.

Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías? Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».

Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».

Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Comentario por Carlos Mendo

“En días especiales se necesitan actitudes y un corazón especial”.

Este bien podría ser un slogan o una frase rotunda pronunciada por un gran orador, o un lema de esos que nos ayudan cada mañana a afrontar el día que comienza. Pero nos encontramos ante esa realidad cada día de estos días especiales que a mediados de mes comenzabas.

Toda la sociedad en su conjunto, y nosotros los cristianos como parte de ella, ponemos nuestro grano de arena para ayudar en lo que se pueda. Días duros, difíciles, de ver a nuestro alrededor a nuestros seres queridos, amigos, vecinos, conocidos sufrir de una manera especial.

Y también nosotros, en lo más profundo de nuestro interior, pedimos al Señor por la salud de tantos que en estos días no la tienen, por su recuperación, por superar este virus que llena nuestras conversaciones y nuestros desvelos.

Un día más nos acercamos a la Palabra de Dios, para buscar sentido en esta situación. Una palabra que decimos que es viva, nos toca en nuestro ser más profundo y nos hace ponernos en camino y en servicio para los demás. Una palabra que hace que nuestras actitudes vitales y nuestro corazón sean especiales.

Estamos en la segunda parte de la Cuaresma, ya en el viernes de la 4ª semana, vamos hacia la Semana Santa, caminando con Jesús hacia su pasión, muerte. Pero, sobre todo, Resurrección.

Vemos en el Evangelio como Jesús trata de no acercarse demasiado a Jerusalén, pues dice el texto “trataban de matarlo los judíos”. Pero, como buen judío que era, quería cumplir con la Fiesta de las tiendas, una tradicional festividad,  origen en el éxodo del pueblo de Israel y que junto a la Pascua es una de a las celebraciones más importantes de la religión judía.

Jesús toma la decisión de ir al Templo de Jerusalén a escondidas, sin que le vean mucho, para no alertar a sus enemigos. Pero, en esas circunstancias le ven predicar, hablar del Reino de Dios. Ante esto, a muchos les entra la duda acerca de si Jesús es o no el Mesías, pues según la tradición cuando llegase el mesías nadie sabría de donde procedía, de qué lugar, de que pueblo…

Sin embargo, Jesús no se arroja para sí este título. Nos dice que viene enviado por otro, que es otro el que le manda actuar así. Ese Otro con mayúsculas es Dios.

La predicación de Jesús no es autónoma, no es “por libre”, no es su única decisión. Su predicación es de Dios, y nos invita a cada uno de nosotros, también en estas circunstancias especiales, a ser buena noticia para los demás.

Es tiempo de generosidad, de entrega desinteresada por los demás. No podemos salir de nuestros hogares, pero sí podemos rezar por los que más nos necesitan. No podemos visitar a nuestros mayores, pero sí podemos llamar por el teléfono, preguntar por ellos, interesarnos por cómo están, ver si necesitan algo. No podemos juntarnos para compartir nuestra fe en grupos ni celebraciones, pero sí podemos sentirnos unidos profundamente, creciendo en esa fe que, cuando toda esta situación cambie, compartiremos generosamente.

Es momento de poner cordura, sensatez y no alarmismos. Pero también es tiempo de hacer sonreír, de poner ilusión ante la incertidumbre, de poner amor por los demás.

Le pedimos a Aquel que viene enviado por Dios, a Jesús, que nos ayude y conforte en estos días de dificultad. Le pedimos al que es el Mesías, el que tenía que venir, que nos de Su Paz y Su Luz ante esta dificultad que, a cada uno de nosotros, y como sociedad nos ha tocado vivir.

Que en estos días especiales, seamos ser de verdad y de corazón, especiales.

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