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Evangelio del día Dios mandó su Hijo al mundo, para que el mundo se salve por él Jn3,16-18

Evangelio comentado 31 marzo

Evangelio comentado 31 marzo

Lee la Palabra de Dios y tómate un tiempo para meditarla. ¡Feliz lectura!

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».
Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».
Y él les dijo:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».
Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?».
Jesús les contestó:
«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.
Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».
Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Comentario por Yasel Fermín, delegada de Pastoral con Jóvenes (Gazteok)

¿Quién eres tú Jesús? En estos tiempos tan difíciles por los que atravesamos muchos nos preguntamos ¿Dónde está Dios? ¿Quién eres tú Jesús? Y al igual que los fariseos no podemos verle, porque le buscamos con los criterios equivocados. El Evangelio y la primera lectura nos describen bien al pueblo judío y su cultura de reproche ante la prueba y la tribulación. ¿Para eso nos has sacado de Egipto?

Lo curioso es que hoy muchos de nosotros somos como esos judíos. Ellos veían a Jesús cara a cara y nosotros conocemos su historia, pero no le queremos ver en el sufrimiento, en la precariedad, en la crisis, en el aislamiento y en la enfermedad, sencillamente no nos cabe en la cabeza el dolor. Cuando venía la prueba los judíos deseaban volver a la esclavitud, porque tenían la seguridad de que había comida, agua, y un techo donde cobijarse, daba igual si no había libertad. Nosotros preferimos seguir esclavos de unas agendas llenas de compromisos superfluos que no nos alimentan el espíritu, preferimos seguir esclavizando a nuestros hijos en mil extraescolares, los estamos preparando para la vida de esclavos que hemos construido y que hoy nos pasa factura. Pero, y ¿quién nos prepara para la libertad espiritual? Ni siquiera hace falta, porque sencillamente no es importante, como me dijo una chica a la que invité al grupo de jóvenes: “Yo ya tengo mi vida y no me hace falta nada más” y yo hoy me pregunto ¿Y que vida?

Los fariseos quieren saber quién es Jesús, al igual que muchos, sobre todo los que lo han pasado peor en esta crisis tienen preguntas sin respuestas y en más de una ocasión seguramente han pedido a Jesús una señal para que legitime su identidad ante sus ojos.

Cuando el nazareno nos habla de «donde yo voy ustedes no pueden venir» nos habla claramente del misterio, una verdad que aquel que no cree realmente no va a entender. Por eso los fariseos piensan que se va a suicidar y no va a ir al paraíso como irán ellos, porque en su ley aquel que se suicida no entra al cielo. Yo igual que ellos aunque tenga en frente un elefante si no se qué es un elefante no lo puedo reconocer, porque no lo conozco, en mi cabeza no está asociado el concepto con la imagen. Y ese desconocimiento en el Evangelio es el pecado que no me deja ver a Jesús. Queremos un mundo sin sufrimiento y sin angustias y eso no existe. Lo que más duro nos ha golpeado en esta ocasión no ha sido el aislamiento, ha sido el tambalear de nuestras seguridades, el caer en la cuenta que no todo está en nuestras manos y de que buscábamos la felicidad en las cosas, en las personas y en las actividades equivocadas.

Muchos pensamos como los fariseos, aún después de estos días tan duros; diremos que no hemos visto  la mano de Dios protegiéndonos, sosteniéndonos, proviéndonos de todo lo que necesitamos. Aunque Jesús nos esté hablando claro, muchos nos mantendremos en lo superficial, en la tontería, en lo material, y aún nos atreveremos a desafiar a Dios y preguntarle ¿Quién eres tú? O cómo el pasaje de la barca «¿No te importa que nos hundamos?»

Por mucho que vemos la fragilidad de la vida, seguimos aferrados con soberbia a lo material. Jesús con cada muerte y con cada enfermo nos habla de esperanza y nosotros de reproche. Hemos visto la igualdad en su máxima expresión, todos somos iguales, el dolor nos toca a todos, pobres o ricos, blancos o negros. Mientras los presidentes  latinoamericanos empiezan y terminan sus discursos entregando el pueblo a Dios y rogando clemencia y misericordia, seguimos viendo en España y mucho países de Europa la frialdad y la soberbia de seguir pensando que todo lo tenemos en nuestras manos. ¿Deben morir más de 8.000 personas para que el primer ministro de Italia reconozca que ahora estamos en las manos de Dios?

Somos como los fariseos que vivimos alejados de Dios y por eso moriremos en el pecado, no veremos el rostro de Jesús aunque lo tengamos frente a frente porque seguimos cegados y encerrados en nuestros parámetros de quien es Dios, en no ver la vida como la ve Jesús. Por eso no es de sorprender que algunos políticos europeos digan que en algunos países se están gastando recursos con mayores que ellos en sus países no gastaría y los dejarían morir. Mientras no entendamos nuestra misión, sufriremos, sentiremos que Dios nos ha dejado de la mano. Mientras estemos pensando sólo en nuestro porvenir, seguridades y en qué esto pase para volver a vivir desenfrenadamente ahora más que antes, volveremos a morir espiritualmente.

Hemos olvidado la Misericordia de ayudar a los hermanos, de cuidar al planeta, de administrar los recursos que con bondad Dios nos da de manera responsable y solo cuando nos toque a nosotros estar en la cruz, en el sufrimiento, entonces ahí veremos el rostro de Jesús. Dios conoce cada corazón y sabe si yo le amo verdaderamente cuando me fio de Él y reconozco su soberanía en mi vida.

Jesús no está físicamente, pero estoy yo, para mostrar el rostro de Jesús a los demás y me pregunto ¿lo estoy haciendo? ¿soy realmente fuente de consuelo y esperanza para los demás? ¿O soy como los fariseos que también creían en ese Dios que me iba a ahorrar la angustia y el sufrimiento?

En cada uno de nosotros, los cristianos, está la respuesta de aquellos corazones desconsolados que se preguntan quién es Jesús. Me toca a mi con fe y obras decir lo mismo que dijo el Maestro: «Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.»

No es tiempo de reproches y condenas, es tiempo de Misericordia, de Amor, de Perdón, de arrepentimiento y vuelta a casa. Aprovechemos esta Cuaresma tan especial que se nos ha permitido vivir para volver la mirada al amor primero, a Jesús, y ojalá podamos verle tal cuál es, también en el dolor y en el sufrimiento que es lo que nos ha tocado en esta pandemia.

Cuando los fariseos del año 2020 vean que respondemos como lo hacía Jesús y que hacemos lo que le agrada al Padre a pesar de esta situación, muchos creerán en él.

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