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Evangelio del día Vuestra paz descansará sobre ellos Lc10,1-12

22 de abril. Día Mundial de la Tierra

22 de abril. Día Mundial de la Tierra

CUIDAMOS LA CASA COMÚN

22 de abril. Día Mundial de la Tierra
Su salud es la nuestra

El Papa Francisco comienza su encíclica Laudato si’ alabando al Señor por la Hermana Tierra. Pero inmediatamente nos recuerda: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla” (n.2).

En el mundo hay 3.000 millones de jóvenes en lucha por el futuro del planeta. Jóvenes qué por su fuerza numérica y el poder organizador de las redes sociales de las que forman parte, están bien posicionados para actuar. Millones de niños y de niñas se han hecho mayores viendo con sus propios ojos los incendios y los huracanes, cómo se funden los mantos de hielo y se elevan las temperaturas porque las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI) son cada año mayores que el anterior y están hartas y hartos de que los dirigentes de los gobiernos no hagan nada al respecto. No son tontos y están furiosas. La guerra de Vietnam radicalizó a toda una generación hace 50 años. Esta vez el catalizador será la emergencia climática. En tribunales de todo el mundo, desde Noruega a Pakistán, la juventud ha recurrido a la vía judicial para lograr justicia climática.


Severn Suzuki, en la cumbre ambiental que la ONU celebró en Río de Janeiro (Brasil, 1992).

En la cumbre de Río, en 1992, una niña de 12 años, Severn, dijo a los adultos allí reunidos: “Deben hacer las cosas de otro modo. Perder nuestro futuro no es lo mismo que perder unas elecciones o unos cuantos puntos en el mercado bursátil.” Desde entonces, muchas otras voces jóvenes se le han sumado: “Nosotras y nosotros creemos en los datos. Creemos en la ciencia. Lo que nos estáis contando no es una realidad alternativa: Es una mentira.” “Es increíble que las niñas y los niños de preescolar entiendan que el cambio climático es un problema y los políticos no”.

Severn tiene ahora 40 años: «Lo que me llama la atención es que, mirando atrás, no hay duda de que en 1992 teníamos toda la razón del mundo. Río fue un éxito. Logramos que se sumaran todos los mandatarios. Pues bien, volvemos a estar en ese punto. La gente está concienciada. Ahora tenemos que traducirlo nada menos que en una revolución». «La nueva generación necesita ver cómo actuamos en momentos de crisis. ¿Nos llevamos las manos a la cabeza y nos ponemos a chillar? Necesitamos llevar a cabo acciones serenas, constantes y claras: Así es como se forja la colaboración intergeneracional».

Como reconoce el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), «El cambio climático no es solo una factura que deberán pagar las generaciones venideras, sino que se está pagando ya ahora a través de la salud de las personas».

Desde 1988, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) nos ha ido avisando de las causas, consecuencias y soluciones de la crisis climática. Los últimos informes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la OMS nos indican que:

· Menos del 10% de los países puede hacer frente a la totalidad del coste sanitario de la emergencia climática.

· 7 millones de personas mueren al año en el mundo por la contaminación atmosférica.

· Las emisiones de gases de efecto invernadero van en aumento a pesar de las advertencias de los científicos y de los compromisos políticos.

· Los últimos 5 años han sido los más cálidos desde que se tienen registros. A finales de 2019 la temperatura media del planeta ya había subido 1,1ºC.

· Es imprescindible que se refuercen las reducciones nacionales de forma drástica en 2020. Los países han de triplicarlas si quieren mantenerse por debajo de los 2 °C; para alcanzar el objetivo de 1,5 °C, las contribuciones tendrán que ser cinco veces más ambiciosas.

· La adopción de medidas más contundentes por parte de los miembros del G20 será determinante para los esfuerzos mundiales en mitigación.

· Descarbonizar la economía mundial exigirá cambios estructurales profundos que han de fraguarse con el fin de aportar numerosos beneficios secundarios a la humanidad y a los sistemas que sustentan la vida en el planeta.

· Las energías renovables y la eficiencia energética son, junto con la electrificación de usos finales, elementos clave para lograr una transición energética satisfactoria y para reducir las emisiones de CO2 relacionadas con la energía (25% de las totales).

· Para reducir las emisiones procedentes de la actividad agropecuaria (25%) debemos reducir el consumo de carne y preservar y restaurar la biodiversidad del planeta.

· Empoderar a las mujeres contribuirá a estabilizar la población mundial y a limitar la demanda de alimentos y energía.

· La demanda de materiales eficientes desde el punto de vista energético brinda oportunidades para paliar considerablemente las emisiones de GEI que se complementan con las que surgen gracias a la transformación del sistema energético.

· El impulso del cambio en la industria, el transporte y los edificios (fuentes del 50% de las emisiones de GEI) por los Estados, con normativa e incentivos fiscales, nos costará menos que el rescate a los bancos en la crisis financiera de 2008.

Y esto nos lleva a la actual pandemia: Nos encontramos ante una crisis de salud pública que, en realidad, está vinculada a una crisis de la salud del planeta y de pérdida de la biodiversidad, que provoca la aparición de zoonosis (enfermedades, en la mayoría de los casos provocadas por virus, que se transmiten de animales a humanos), como la actual, consecuencia directa de un planeta enfermo y alterado, cuya solución más duradera es la conservación del equilibrio y de la salud del planeta. La humanidad es una especie en peligro y su salud está íntimamente ligada a la de los animales y del medio ambiente: «Un planeta sano por la salud de la humanidad». Una sola salud = Salud ambiental + salud humana + salud animal.

Podemos incorporar a este movimiento también todo lo que nos proponen los Objetivos de Desarrollo Sostenible en sus 5 ejes: Persona, Planeta, Prosperidad, Paz y Alianzas. Está quedando claro qué aliándose, colaborando todos y todas en la misma dirección, la humanidad se potencia, crece la esperanza y ve algo de luz. Las alianzas son indispensables: Para el virus no hay europeos, chinos o iraníes. Todas y todos somos Homo sapiens. La humanidad es una especie en peligro. El problema de verdad es la falta de unidad global. Los más ricos tratan de hacerse con todo. El remedio contra el virus no es separarse, sino mantenerse unidos y unidas. Tenemos que aprender a confiar otra vez.

Unámonos también, como nos invita el Papa Francisco, a nuestro Dios creador, “que nos convoca a la entrega generosa y a darlo todo, nos ofrece las fuerzas y la luz que necesitamos para salir adelante. En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la vida que nos ama tanto. Él no nos abandona, no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Alabado sea” (n.245).

Comisión por la Ecología Integral
Diócesis de Vitoria / Gasteizko Elizbarrutia

Vitoria-Gasteiz, 22 de abril de 2020

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