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Evangelio del día Dios mandó su Hijo al mundo, para que el mundo se salve por él Jn3,16-18

El Obispo y la Iglesia de Vitoria ante la pandemia

El Obispo y la Iglesia de Vitoria ante la pandemia

Desde el inicio de esta pandemia a primeros de marzo, con las primeras recomendaciones y precauciones en parroquias e iglesias y con el decreto del día 12 de marzo que suspendía temporalmente el culto público, la Diócesis de Vitoria ha atravesado un camino –de la mano de toda la sociedad– de preocupación ante la situación generada y de protección hacia las personas más vulnerables y en riesgo.

Este histórico y duro momento ha tocado a la Iglesia en el tiempo litúrgico más importante de toda vida cristiana: la Cuaresma, la Semana Santa y la Pascua. En medio del confinamiento, lejos de dar el protagonismo al cierre de centros de culto, hemos hecho de cada casa, miles de ellas, auténticas iglesias domésticas.

En este punto en el que nos encontramos, en medio de la desescalada en todo el país a nivel provincial, desde la Delegación Diocesana de Medios de Comunicación Social queremos que el Pastor de nuestra Iglesia comparta sus impresiones con todo el Pueblo de Dios, sobre todo de cara a las próximas semanas, vitales para adaptarnos a la “nueva normalidad”.

Esta pandemia nos ha hecho más humildes, solidarios y lúcidos

Gracias D. Juan Carlos por su tiempo para contestar estas preguntas. ¿Cómo está y cómo ha pasado todas estas semanas de confinamiento?
Estoy expectante para seguir sirviendo de la mejor manera posible en esta etapa de desescalada. Personalmente estoy muy bien porque han sido dos meses de mucha fuerza interior: oración, lectura, estudio, reflexión y hondas conversaciones.

A primeros de marzo, con las noticias que llegaban de China e Italia, se tomaron una serie de recomendaciones y el día 12 de marzo –dos días antes del Estado de Alarma– fuimos la primera Diócesis en tomar medidas drásticas con la suspensión del culto público. ¿Cómo fueron esos primeros días?
Los momentos iniciales fueron confusos. El servicio de Comunicación de la Diócesis estaba muy en contacto con la realidad de otros países y sus datos fueron decisivos. Como todas las decisiones importantes, ésta tan drástica la tomé acompañado y aconsejado por el Consejo Episcopal, los Vicarios Episcopales, sacerdotes que forman el gobierno y servicio de la Diócesis.

Son muchas las iniciativas que desde la Diócesis de Vitoria se han ido tomando para no descuidar la fe, sobre todo en Cuaresma y Semana Santa. ¿Cómo valora la respuesta de las personas?
Las cifras cantan. Ha sido una participación numerosísima en todas las propuestas digitales y de voluntariado de la Diócesis. Igualmente masivo ha sido el seguimiento de las celebraciones del Papa y de la Conferencia Episcopal a través de la televisión, cuyos horarios procuramos coordinar con los nuestros.

También un importante número de voces, en público y en privado, han aplaudido la labor de la Iglesia en estas semanas. Lejos de caer en la autocomplacencia, ¿cuál ha sido la reacción de la Iglesia de Vitoria ante la pandemia?
La reacción ha sido ir a lo fundamental. Un sacerdote de la Diócesis me decía que este virus ha quitado mucha niebla. Nos ha abierto los ojos a lo importante. Creo que la Iglesia ha estado a la altura institucionalmente y en el tejido social formado por tantos cristianos. La prioridad de la atención a las personas más vulnerables se ha priorizado desde las instituciones eclesiales de caridad que ahí han estado y están incondicionalmente. El voluntariado extra ha ampliado su labor en esta emergencia. Y en el terreno pastoral, las iniciativas y creatividad de delegaciones y servicios diocesanos a través del servicio de Comunicación ha sido prodigiosa. Yo, personalmente, agradezco la posibilidad que se me ha brindado de acompañar a las personas a través de la web en celebraciones y pequeñas intervenciones diarias y semanales.

«Vamos a valorar mucho más
la Eucaristía, la Comunión,
la Palabra, el Sagrario, la Comunidad
y el Pueblo de Dios».

El Gobierno de España ha comenzado la desescalada. Será provincial, por lo que la Diócesis de Vitoria tendrá también su jurisdicción para coordinarse con las instituciones alavesas. ¿Cómo será la desescalada diocesana?
En comunión con toda la Iglesia en nuestro país, asumiendo las indicaciones que ha brindado la Conferencia Episcopal. Y en sintonía con la realidad concreta de nuestra tierra a través del acuerdo Obispos y Gobierno Vasco. Cada pastor y cada comunidad tienen que discernir, con este trasfondo, qué medidas concretas tienen que tomar en sus condiciones: horarios nuevos, vuelta progresiva, renovación de los colaboradores más jóvenes y nuevas necesidades que afrontar. El momento hay que vivirlo como un reto que nos ayude a crecer. Hay decisiones pendientes de reducciones de horarios -aunque se hable de ampliarlos en otros casos- de simplificación organizativa, y de renovadas formas de participación y colaboración, que nos están esperando. Los arciprestes y vicarios episcopales garantizan que las medidas de cada parroquia y comunidad están coordinadas y que, sin ser homogéneas, no son contradictorias.

¿Qué medidas de higiene y seguridad  se van a tomar en las Iglesias? ¿Quién realizará estas tareas de limpieza antes y después de las celebraciones? ¿Cómo se van a controlar los aforos?
En las disposiciones de la Conferencia Episcopal se concreta todo: geles, distancia, mascarillas, etc. Se necesitarán equipos de voluntarios –con edades sin riesgo– para estas tareas de limpieza, desinfección, organización y colaboración pastoral y litúrgica. Cada templo tiene su aforo asignado y eso supone números concretos de personas que pueden participar al 30 y al 50 por ciento de su capacidad. Se indicarán los lugares donde sentarse y habrá personas que orienten y faciliten la colocación para mantener las distancias. No vamos a tener ningún problema porque nuestros espacios son amplios y los ancianos y personas de riesgo no se van a acercar en este primer momento. Sus hijos serán los primeros en valorar el riesgo de sus mayores.

“Volver a misa”. Parecía que nunca oiríamos esto. Tras tantas semanas y celebraciones digitales, ¿qué supone volver al templo?
Supone ganas, hambre, sed, apetito, grandes deseos. Vamos a valorar mucho más la Eucaristía, la Comunión, la Palabra, el Sagrario, la Comunidad y el Pueblo de Dios. Son realidades que hemos añorado mucho y que las dábamos tan por supuestas que igual las valorábamos poco. Ahora tenemos que ayudarnos a culminar bien el curso pastoral, recogiendo toda la riqueza de estos dos meses tan profundos y duros. Hay que redefinir los objetivos pastorales, desprendernos de mucho lastre e ir a lo esencial: la experiencia de Dios y los más vulnerables.

Usted, en varios medios de comunicación ha contestado a la pregunta de dónde está Dios ante esta situación. ¿Cómo será la relación de los hombres y mujeres con Dios cuando recuperemos la “nueva normalidad”?
La libertad humana es imprevisible. El problema del mal y el sufrimiento de los inocentes es el banco de prueba de la fe. Los grandes testigos y los santos han crecido en los momentos terribles porque han reconocido al Crucificado en los crucificados de la tierra. Muchas personas con una fe menos sólida se han alejado de la Iglesia en las mismas circunstancias. Creo que esta pandemia nos ha hecho más humildes, solidarios y lúcidos. Tenemos los ojos más abiertos para lo esencial y en estos meses, para mucha gente, se ha revelado Dios como lo más importante y lo que más acerca también a los hermanos. En la nueva normalidad las comunidades cristianas tienen que parecerse más a las primeras. Es una ocasión muy buena.

Hemos celebrado a San Prudencio en casa. También miramos la imagen de Nuestra Señora de Estíbaliz desde nuestros hogares. ¿Qué le pide a nuestros santos patrones para Álava?
Que nos ayuden a transmitir la fe a los más jóvenes, por su efecto multiplicador en la vida… y que susciten vocaciones de servicio en la familia, sacerdocio y vida consagrada. Es la mayor necesidad de nuestra Iglesia.

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