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Evangelio del día Esa pobre viuda ha echado más que nadie Mc12,38-44

Evangelio comentado 12 mayo

Evangelio comentado 12 mayo

Lee la Palabra de Dios y tómate un tiempo para meditarla. ¡Feliz lectura!

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 27-31a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.
Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mi, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

Comentario por Begoña Zarco, religiosa

En el día de hoy se nos presenta un evangelio que nos llega al corazón. “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo”. Las palabras de Jesús son conmovedoras Él nos habla de paz, de esa paz que no da el mundo. Todos tenemos experiencia de esos momentos buenos, llenos de satisfacción que nos han dejado la relación con una persona, momentos de fiesta, incluso el trabajo bien realizado, pero que se han visto quebrados después de una dificultad imprevista o por la vida misma. Jesús nos habla de otro tipo de paz, esa paz que sólo Él nos puede dar, esa paz que nos llega a lo más íntimo, a lo más profundo del corazón. Paz tan difícil de explicar, y que sin embargo nos llena. Paz que no pueden quebrantar tantas dificultades como nos pudieran venir. Esa paz que nos asegura que Él está.

Nos encontramos ante un evangelio en el que Jesús sabiendo que ya se acerca el momento de la entrega al Padre en el sacrificio de la cruz va preparando a sus discípulos.  Él sabe muy bien que va a ser para ellos un momento muy duro, que no van a entender. Por ello les acompaña en el camino de la fe y les prepara: “Que no turbe vuestro corazón, ni se acobarde”. Jesús sabe muy bien que en el momento del dolor y de la prueba surgen dudas en el corazón humano y en ese momento es cuando Él les previene, nos previene, “que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde”. Vendrán momentos en los que Jesús no va a estar, en los que Jesús no se va a dar a conocer, es entonces cuando más necesitamos recordar: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. En esos momentos la confianza en sus palabras es esencial.

Y Jesús les dice “Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo”. Él manifiesta que le es necesario ir al Padre, necesita del Padre, se complementa con el Padre.  Nos solemos alegrar con la persona que se alegra cuando la amamos. Los logros y el bien de la otra persona siempre son buena noticia para quien ama.  En este momento Jesús pone a prueba el amor de sus discípulos. Se atreve a decirles “si me amarais, os alegraríais”.  Jesús valora en tal manera al Padre que dice “es más que yo”: lo valora, lo admira, lo ama, lo necesita. ¿Cómo es nuestra relación con el Padre? ¿Sentimos esa necesidad del Padre?, ¿Lo vivimos así?, ¿Deseamos ese encuentro con el Padre, con el Dios de Jesucristo, Padre misericordioso, Dios amor?

Se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí…”. El príncipe del mundo, el mal, no tiene poder sobre el Jesús, sin embargo tiene muy claro que antes que nada está la voluntad del Padre. Y es capaz de entregar su vida hasta la muerte, y muerte de cruz, si tal es la voluntad del Padre.

Es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo”. Ya en otra ocasión Jesús dirigiéndose a sus discípulos les decía “mi alimento es hacer la voluntad del Padre”. Esto nos lleva a pensar que Dios también tiene un plan sobre cada uno de nosotros/as. ¡Qué importante será, pues, descubrir cuál es la voluntad del Padre en mí! Y en la medida que la descubro y veo con claridad que el amor de Dios sobre mí, me lleno de paz. Y al intentar hacerla vida este alimento me da vida, porque no me encierra en mí, sino que me lleva a entregarme a los demás en el día a día.

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