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Reflexión para una ecología integral: Por un consumo responsable

Reflexión para una ecología integral: Por un consumo responsable

La Comisión Diocesana de Ecología Integral quiere compartir esta reflexión encaminada a instalar en nuestro día a día un consumo responsable, que sea respetuoso con nuestro cuerpo y con nuestro entorno.

¡Feliz y provechosa lectura!

 

UN MUNDO, UNA SALUD: SOMOS LO QUE (NO) CONSUMIMOS

Por un consumo responsable

Los recursos naturales son parte integral y esencial de nuestro sistema socioeconómico. La Naturaleza es vital para nuestra salud, bienestar, alimentación y seguridad. La Huella Ecológica nos ayuda a cuantificar el alcance de esta dependencia, midiendo el impacto ambiental que tiene el consumo local sobre el planeta. Representa el área de tierra o agua y el volumen de aire ecológicamente productivos (yacimientos, cultivos, pastos, bosques, ríos, mares…) utilizados por una población determinada para generar los recursos necesarios y asimilar los residuos producidos, de acuerdo con su modo de vida.

Cada habitante del planeta dispone de 1,63Ha/persona de superficie biológicamente productiva para satisfacer sus necesidades de consumo, mientras que la sociedad vasca consume 4,32 Ha/persona, generando un déficit de 2,69 Ha/persona, lo que implica que nuestra generación está consumiendo recursos de generaciones futuras. Las nuevas tecnologías de la información tienen un elevado impacto ecológico que no se percibe a primera vista. Esos impactos se acumulan desde la primera fase del ciclo de vida de los productos, el de la extracción de materias primas, hasta la última fase, la de los desechos. Los mayores impactos se concentran en las dos primeras fases, las de extracción y producción de los aparatos tecnológicos a través de los que nos conectamos a la Red, como ordenadores y smartphones. De ahí la importancia que adquiere para el cuidado del planeta el hecho de que cambiemos de teléfono móvil, por ejemplo, cada dos o tres años, incluso menos.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, podemos concluir que, para reducir nuestra Huella Ecológica, para que nuestra producción y nuestro consumo de bienes y servicios sean responsables y sostenibles (ODS 12), debemos cambiar el marco en el que utilizamos la tecnología. Ese marco, hoy en día, es el de un sistema económico capitalista, en el que el lucro y la competencia son los principios rectores de su actividad, estimulando una producción y un consumo cada vez mayor, infinitos, lo que entra en contradicción con los límites finitos de la Naturaleza y de nuestros propios cuerpos. De lo que se trata es de que los países enriquecidos dejen de consumir 20 veces más que los pobres.

Tenemos que cambiar a una Economía Circular que reduzca los residuos, remodelar la vida urbana hacia vías sostenibles, con menor Huella Ecológica, y buscar soluciones de gestión económica basadas en la Naturaleza, desde perspectivas holísticas, multidisciplinares, con la mirada puesta en objetivos, a la vez, locales y globales (“glocales”), a corto y a largo plazo. “Hoy es siempre todavía”, como dijo Antonio Machado.

El Papa Francisco también nos anima a apostar con nuestro consumo por otro estilo de vida. Dice: “no pensemos sólo en la posibilidad de terribles fenómenos climáticos o en grandes desastres naturales, sino también en catástrofes derivadas de crisis sociales, porque la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando sólo unos pocos puedan sostenerlo, sólo podrá provocar violencia y destrucción recíproca” (Papa Francisco, Carta encíclica Laudato si’, no 204).

 

Comisión Diocesana de Ecología Integral
Vitoria-Gasteiz, 23 diciembre 2020

 

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