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Evangelio del día Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura Jn12,1-11

La Iglesia alavesa reflexiona por el Día de la Mujer

La Iglesia alavesa reflexiona por el Día de la Mujer

El día 8 de marzo celebramos el Día de la Mujer. Con este motivo, la Iglesia alavesa llama a la reflexión y el Obispo de Vitoria, D. Juan Carlos Elizalde, ha escrito una carta abierta por esta jornada. Además, desde el Servicio Diocesano de Laicado han organizado un encuentro-oración para la víspera de este día, el domingo 7, y desde la HOAC y JOC de Vitoria han compartido un comunicado conjunto que puedes leer aquí.

CARTA DEL OBISPO DE VITORIA CON MOTIVO DEL DÍA DE LA MUJER 2021

Hoy, en los cinco continentes, celebramos el Día de la Mujer, instaurado por las Naciones Unidas en 1975. El objetivo era dar visibilidad a la mujer y proyectar su talento. Como Obispo responsable del Departamento Contra la Trata de personas en la Conferencia Episcopal, permitidme que mis primeras palabras en esta reflexión abierta sean para esas mujeres y niñas que son víctimas de esta esclavitud del siglo XXI. La enorme injusticia que padecen, como consecuencia de su explotación sexual, es silenciada e invisibilizada, aún más en este tiempo de pandemia. La Iglesia quiere denunciar esta situación con la mayor energía para erradicar la trata y devolverles su dignidad. El Papa Francisco nos advierte que «muchas mujeres son continuamente ofendidas, golpeadas, violadas, inducidas a prostituirse y a eliminar la vida que llevan en el vientre». A ellas, a estas mujeres, jóvenes, adolescentes y niñas, la mayoría migrantes que huyen de muchos horrores, tenemos presentes en este 8 de marzo. Liberarlas es nuestro objetivo prioritario y urgente. Agradezco de corazón a tantas personas y organismos eclesiales y civiles que trabajan en este reto.

El Santo Padre nos recuerda que «en el vientre de una mujer, Dios y la humanidad se unieron para no separarse nunca más. También ahora, en el cielo, Jesús vive en la carne que tomó en el vientre de su Madre». Sin Ella no hay Salvación. Con Ella, hay pueblo, hay esperanza y hay madre. Dios ha querido que, desde el primer instante, la vida de la humanidad y del hombre, esté confiada a la mujer, esté en sus manos y dependa de su corazón. Este hecho biológico es también un hecho cultural y eclesial y sus consecuencias tienen que visibilizarse cada vez más como una conquista y un reconocimiento. “La Iglesia no puede ser Iglesia sin la mujer, porque la Iglesia es femenina”, dice el Papa.

«El genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales». Evangelii Gaudium 103.

Es un hecho en la Iglesia que la presencia de mujeres con responsabilidades en nuevos cargos de alto nivel va en aumento, con tareas de gestión, liderazgo y responsabilidad. En nuestra Diócesis de Vitoria son muchas las mujeres que están liderando profesionalmente proyectos, delegaciones diocesanas, organismos eclesiales o centros escolares. La paridad es real entre las personas que trabajan día a día en la estructura del Obispado, colegios, delegaciones, servicios diocesanos y también entre nuestras parroquias.

«Estos servicios implican una estabilidad, un reconocimiento público y el envío por parte del Obispo. Esto da lugar también a que las mujeres tengan una incidencia real y efectiva en la organización, en las decisiones más importantes y en la guía de las comunidades, pero sin dejar de hacerlo con el estilo propio de su impronta femenina». Querida Amazonia, 103. 

La mujer es nuclear en la Iglesia, en su legislación, en su vida interna y en su acción apostólica. Sin marginar al ministerio ordenado, el protagonismo de la mujer en la Iglesia va en clarísimo aumento y esto sin duda potencia el laicado, núcleo del Pueblo de Dios. La igualdad entre el hombre y la mujer exige precisamente que se sepa apreciar, a la vez, el papel complementario de uno y otro en la edificación de la Iglesia y en el progreso de la sociedad civil. En definitiva, tanto el hombre como la mujer han de sentirse justamente protagonistas de la historia de la salvación, una y otro de forma complementaria. En el Evangelio es revolucionaria la actitud cercana, familiar y abierta de Jesús hacia la mujer. Son destinatarias privilegiadas de su enseñanza, curaciones y colaboración. Una mujer, Magdalena, será Apóstol de Apóstoles porque evangelizó a los Apóstoles al comunicarles la Buena Nueva de la Resurrección. 

«La Virgen María era más importante que los Apóstoles, los obispos, los diáconos y los sacerdotes. La mujer, en la Iglesia, es más importante que los obispos y los sacerdotes; el cómo es lo que debemos intentar explicitar mejor». Papa Francisco, 28 de julio de 2013.

Las mujeres santas, mártires, misioneras y fundadoras, ya nos dan la pista de cómo es esto. A ellas nos encomendamos. ¡Feliz día de la Mujer a todo el Pueblo de Dios!

Con todo mi afecto y mi bendición,

+ Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria

 

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