Evangelio del día: «¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido». Lc15,3-7

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

  • Un laico/a como tú

Jesús con habilidad e ingenio escapa de una trampa en la que intentan enredarle. No es la única ocasión en que emplea la ironía con algunos interlocutores de torcidas intenciones. En ese contexto, Jesús pronuncia esas palabras: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios que —repetidas como un viejo refrán a lo largo de la historia— llevan a muchos a entenderlas y aplicarlas de forma equivocada.

Muchos deducen de esas palabras de Jesús la necesidad de separar o deslindar las cuestiones religiosas, que atañen expresamente a la relación con Dios, de otras cuestiones humanas como por ejemplo las políticas y sociales que consideran ajenas a un enfoque creyente de la existencia. En esa perspectiva piensan que las creencias y convicciones de los creyentes deben replegarse en la intimidad personal de la conciencia o al ámbito de las comunidades y grupos religiosos sin trascender a otras esferas de la vida personal y social.

Quien sabe situar esas palabras de Jesús en el contexto completo de su vida y su enseñanza, no puede interpretarlas así. Jesús anuncia el Reino de Dios como nueva forma de vivir la existencia humana en todas sus dimensiones. La vida personal, la familiar, la laboral o profesional, la cívico-social en todos sus campos y la política son escenarios ineludibles para el compromiso creyente de quien sigue a Jesús.

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mt 22, 21).

Información

Material correspondiente al 22 de octubre de 2017, Domingo XXIX T.O.

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