Así hemos celebrado la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote 2026
En la mañana del 28 de mayo, miércoles, la Diócesis de Vitoria celebraba solemnemente la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, donde, de manera especial, se ha puesto en el centro a todos los sacerdotes de nuestra tierra agradeciéndoles de manera sincera su servicio en pro de la transmisión del mensaje de Jesús, del Evangelio y de la Iglesia.
Así, la Capilla Pública del Seminario de Vitoria acogió una Eucaristía a las 12:30h presidida por el Obispo de Vitoria, Mons. Juan Carlos Elizalde, en la que se homenajeó a los presbíteros que en este año celebran sus 25, 50, 60 y 70 años de sacerdocio, que en esta edición han sido nueve.
Antes, y como también se ha venido haciendo en los últimos años, nuestra Diócesis acogió las jornadas sacerdotales y celebradas en el Aula Magna del Seminario de Vitoria de la mano de Mons. Ginés García Beltrán, Obispo de Getafe, con su ponencia 'La vida y el ministerio del sacerdote como “proexistencia”. Relaciones en la vida sacerdotal' y otra bajo el título 'Sacerdocio y Sinodalidad' a cargo de Mons. Francisco Conesa Ferrer, Obispo de Solsona y Referente en la Conferencia Episcopal Española para la fase de aplicación del Sínodo de la Sinodalidad.
Así, en este día hemos celebrado los 25 años de cura de D. Marcellin Yapo mientras que los 50 han sido para D. Juan Ramón Echevarría Borobia, D. Antonio Fuentes Gutiérrez, SDB, D. Carlos García Llata, SDB y D. Francisco Javier Querejazu Lahora. El Jubileo del 60 aniversario ha sido para D. Luis Santos Argote Pérez de Palomar y D. Serafín del Campo Murga mientas que las bodas de titanio –esto es, 70 años de sacerdotes– han sido para D. Santos Ros Garmendia y D. Félix Núñez Uribe. Zorionak de corazón a todos ellos.
En esta celebración también se encomendó a todos los sacerdotes difuntos y especialmente a los que celebrarían hoy sus aniversarios, 14 en total que ya fallecieron.
En Obispo de Vitoria, en su homilía, ha puesto en el centro lo más importante para la vida sacerdotal en este momento en el que peregrinamos como Pueblo de Dios. A continuación la compartimos:

HOMILÍA DEL OBISPO DE VITORIA
MONSEÑOR JUAN CARLOS ELIZALDE
CON MOTIVO DE LA FIESTA DE
JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE 2026
Queridos hermanos, enhorabuena en la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote: "El sacerdote existe porque Cristo existe para el Padre y para los hermanos", se nos decía estos días. Hoy agradecemos nuestra existencia sacerdotal en favor de toda la humanidad. Éste es el núcleo de nuestra entrega: "Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión".
COMUNIÓN
Partimos de la comunión, es decir lo que creemos, lo que somos, nuestra identidad, nuestra relación con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. ¿Cuál es la comunión desde la que partimos en este gran día? "Constituiste a tu Hijo único sumo y eterno Sacerdote… y Él nos eligió para ministros y dispensadores de sus misterios", hemos rezado con la oración Colecta. “Con amor de hermano, elige a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión. Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darte testimonio constante de fidelidad y amor”, diremos en el Prefacio de esta fiesta. De esta comunión partimos, de lo que somos, del don del ministerio sacerdotal.
«En el contexto de la eclesiología conciliar del Pueblo de Dios, el concepto de comunión expresa la sustancia profunda del misterio y de la misión de la Iglesia, que tiene en la celebración de la Eucaristía su fuente y su culmen, es decir, la unión con Dios Trinidad y la unidad entre las personas humanas que se realiza en Cristo por medio del Espíritu Santo. En este contexto, la sinodalidad "indica la específica forma de vivir y obrar (modus vivendi et operandi) de la Iglesia Pueblo de Dios que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asamblea y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora" (CTI, n. 6)». DF 31
La comunión es antes don que tarea, es fruto del Espíritu, es Pentecostés, es pertenencia a una comunidad invadida por la fuerza que viene de lo alto. Es comunicación, muchas lenguas y un solo Espíritu. Es unción, envío y misión. Es el don del bautismo que fructifica en distintas vocaciones, carismas y estilos.
En el aniversario de los 50, 60 y 70 años de ordenación sacerdotal de nuestros hermanos, agradecemos el don del sacerdocio para su Iglesia. Ser signo sacramental, representación de Cristo cabeza, pastor, siervo y esposo de su Iglesia es un regalo para toda la comunidad. Es don antes que tarea. Es identidad sacerdotal antes que función ministerial, trabajo pastoral y misión apostólica.
En la Visita Pastoral del papa León XIV a nuestro país, agradecemos la Visita de Pedro que viene a confirmar a sus hermanos y a garantizar el gozo de la Resurrección de Jesús para su Iglesia. "Verdaderamente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón". La comunión es don, es corazón ardiente al contacto con la Palabra, es ojos abiertos al reconocerle en la fracción del pan, es pies en camino hacia la comunidad cristiana y hacia la humanidad sufriente. La Iglesia es antes don que tarea por construirla y extenderla.
También mi ministerio episcopal en Vitoria es don antes que tarea. Es el regalo de la sucesión apostólica en su Iglesia. Así lo expresaba el último Comunicado del Consejo de Presbiterio este lunes: "Manifestamos nuestra comunión, apoyo y adhesión eclesial a nuestro Obispo, pastor de esta Iglesia particular, quien, como sucesor de los apóstoles y principio visible de unidad en nuestra Diócesis, nos confirma en la fe y nos mantiene en comunión con el Santo Padre y con la Iglesia universal. Unidos en torno a él, deseamos seguir construyendo una Diócesis viva, cercana, sinodal, vocacional y evangelizadora".
Cuando no partimos de la comunión y de la identidad, todo es tarea, todo es trabajo humano, diseño de una Iglesia según nuestros criterios, equilibrios parlamentarios para sobrevivir y al final cotas de poder. Hoy, en esta celebración, acogemos la comunión de la Iglesia como un regalo del Señor, como un camino en el que cabemos todos, distintos, compatibles, recíprocos y hermanos. Yo tiendo mi mano hacia cada uno de mis hermanos sacerdotes que se sienta más alejado y menos valorado. Yo le abro mi corazón en la comunión de la Iglesia, en cada uno de nuestros encuentros, reuniones de trabajo, retiros o comidas fraternas. Yo me abro al diálogo sincero en la comunión de la Iglesia desde los órganos consultivos de participación en la Diócesis, a cualquier encuentro en el foro que me indiquéis o en la familiaridad de mi casa abierta a todos vosotros. Lo digo de corazón y sin que me cueste en absoluto.
PARTICIPACIÓN
Este domingo de Pentecostés proclamábamos: "Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común. Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu". 1 Cor 12, 3b-7. 12-13
Nadie, en su sano juicio, puede negar que en la diócesis de Vitoria se está dando una eclosión de carismas, de gracias de conversión y de renovación eclesial. En muchas comunidades y realidades nuevas está habiendo una pujanza y una vitalidad sorprendente. Es verdad que es misión del pastor tratar de suscitar carismas, ayudar a discernirlos y hacer todo lo posible para encauzarlos en la comunión eclesial, en la comunidad. Pero también es verdad lo que decía el papa Francisco: El Señor, que es el causante del caos en la Iglesia por los carismas que suscita, es el autor de la armonía capaz de aunar y compatibilizar los mismos carismas para bien de su Iglesia.
Yo, como Obispo, no quiero ser un gerente, ni un gestor, ni un supervisor de carismas. Quiero liberar la libertad, para que puedan seguir surgiendo los carismas del Señor, para acompañarlos con cariño y para ayudar a que se integren en esta Iglesia local benemérita. Me tocará corregir, encauzar y priorizar, pero siempre estaré acompañando con afecto y velando por los más débiles, aunque me tenga que enfrentar a quien sea. No me defiendo a mí mismo sino la fe de mi pueblo. A las pastores, como decía el papa Benedicto XVI, se nos confía la fe de los sencillos. Y ésa es la que está en juego en algunos conflictos diocesanos.
En la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote refrescamos las raíces de nuestro sacerdocio. Él mismo orden sacerdotal, nada que ver en cada unos de los que hoy celebran su aniversario de ordenación. Porque el mismo carisma sacerdotal se encarna en una genética, en una historia familiar y vocacional, en un itinerario experiencial absolutamente diferente en cada uno. Cada uno hoy está diciendo: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije: He aquí que vengo para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad». Es tu aportación personalísima, única e irrepetible desde tu ministerio sacerdotal. ¡Zorionak a los homenajeados!
Cuando uno sabe quién es, se siente completado, enriquecido, contento de la diversidad de otros carismas y de otros estilos sacerdotales. Cuando uno no sabe quién es, se siente atacado, en peligro, avasallado siempre y contra todo lo que suponga una estilo nuevo y diferente de ejercer el ministerio en la comunión de la Iglesia. No vale refugiarse en la falta de sintonía con propuestas episcopales u orientaciones diocesanas, para permanecer en una inactividad pastoral escandalosa. Le decía a un sacerdote muy crítico conmigo: ¿No hay en Álava enfermos para acompañar, familias a las que apoyar y jóvenes que necesitan consejo? ¿Soy yo el causante de tu malestar? Los obispos pasamos, formamos parte del escaparate de tu vida, pero es ¡tu vida! y nada la puede determinar absolutamente, aunque sí esté condicionada por mil circunstancias, entre las que me encuentro.
¿Cuál es tu aportación? ¿Qué dices cuando dices hoy: He aquí, aquí estoy para hacer tu voluntad?
No tengo conciencia de reprimir ningún carisma ni de haber descuidado nada que forme parte del “patrimonio” diocesano, pero pido perdón si, por torpeza, lo he hecho o así se ha podido percibir y sufrir con dolor. Brindo sinceramente mi cercanía para escuchar, para abrir los ojos, o para que podáis mostrarme realidades más ajenas a mi sensibilidad. Agradezco, en los foros eclesiales que sobradamente tenemos, que se me aconseje un equilibrio distinto de los temas doctrinales que abordo. Cuando la propuesta se hace con lealtad y en la Iglesia, siempre es de agradecer.
Y siempre estarán mi casa, mi tiempo y mi corazón abiertos al diálogo con quien se sienta más desplazado o marginado en mi ministerio episcopal. Tampoco me cuesta, porque he apostado siempre por la cercanía, la franqueza y la transparencia.
MISIÓN
Cuando hablamos de que "La Iglesia es para evangelizar" (San Pablo VI. Evangeli Nuntiandi) "Nueva evangelización" (San Juan Pablo II), "Discípulos misioneros" (Papa Francisco) o "Iglesia misionera" (Papa León XIV), estamos diciendo lo mismo. Para eso es nuestro ministerio. Para eso es el Obispo. Para eso es el bautismo en cualquiera de sus vocaciones y concreciones. Para eso es Surrexit, nuestro IV Plan Diocesano de Evangelización. Sigue resonando el alegato del papa Francisco: "Yo soy una misión en esta tierra y para eso estoy en este mundo". Gracias a todos los sacerdotes de nuestra Diócesis por vuestro trabajo ministerial, también por vuestro estudio. Gracias a todos los seminaristas y diáconos por vuestra implicación en vuestra preparación al presbiterado, nos estimuláis especialmente en la santidad sacerdotal.
Esta fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote es para refrescar la misión en la Iglesia y en nuestro ministerio sacerdotal. Desde el Seminario me marcó aquella obra de Monseñor Gea Escolano,
"Cartas a un misacantano". Había una intuición central que la he ido comprobando a lo largo de mi vida. Le decía Gea Escolano al sacerdote recién ordenado: Nunca vivirás tu sacerdocio en las condiciones ideales que soñaste en el Seminario. Pero nunca, nadie, podrá reprimir totalmente tu sacerdocio, porque es participación del de Cristo. No busques excusas en destinos malos, obispos peores, modelos de Iglesia trasnochados o compañeros indolentes, para amortiguar tu pasión por el sacerdocio o para enterrar tu ministerio. El último retiro sacerdotal de Satur Gamarra, "La Pascua al atardecer de mi vida", es un ejemplo elocuente. Encomendamos hoy con especial cariño a nuestros sacerdotes más mayores y más enfermos. Su vida es especialmente valiosa para la fecundidad de la Iglesia de Vitoria.
Cuando proclamamos hoy de Abraham: «Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa”, pensaba en existencias sacerdotales de nuestra Diócesis, existencias derramadas en el anuncio y encarnación del evangelio, hasta el extremo de perder la salud o hacer peligrar el cuidado de los suyos. El Señor les está bendiciendo. Por eso me duelen más los ataques de compañeros suyos –también hijos y sacerdotes míos– a su labor, cuando no hay parangón en el trabajo, en el empeño y en la dedicación pastoral.
En el diálogo final del último retiro de sacerdotes, analizando este momento de tensión en la Diócesis –uno más en estos años y no el último– les decía que yo lo quería afrontar con discernimiento, caridad y firmeza, sin perder afecto por ninguno de los sacerdotes del presbiterio, aunque hubiera sido una maniobra desleal y perniciosa para el pueblo de Dios. Les aconsejaba que siguieran también tendiendo puentes entre las distintas sensibilidades sacerdotales y que trabajaran con cariño en la misión encomendada, sin poner palos en la rueda de nadie. Éste es mi consejo en este día: trabajar con pasión –pasión por Jesús y pasión por su pueblo– en la misión encomendada, según el carisma y estilo sacerdotal de cada uno, con absoluto respeto a la comunidad, al presbiterio y a mí como sucesor de los apóstoles en comunión con Pedro y con los demás obispos. A mí, de frente me tendrás siempre para ti, incondicionalmente, porque no me falta corazón y porque lo tengo puesto en todo el presbiterio.
Felicidades a todos. Gracias por vuestro servicio sacerdotal. Enhorabuena especialmente a Marcellin en sus bodas de plata, a Luis Santos y a Serafín en su 60 aniversario, a Santos y a Félix en su 70 jubileo y en las bodas de plata a Juan Ramón en la distancia, a Antonio, a Javier y a Carlos, nuestro Vicario General. Que la Virgen de Estíbaliz, la Virgen Blanca, María Auxiliadora os acompañe siempre.
+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria
En la Capilla Pública de Cristo Rey del Seminario de Vitoria, en la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, a 28 de mayo de 2026
Descárgate aquí su homilía en PDF.


