Carta del Obispo de Vitoria a los sacerdotes que sirven en la Diócesis
Compartimos esta misiva de Mons. Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria, dirigida a todos los sacerdotes que sirven en la Diócesis de Vitoria.

Querido hermano sacerdote,
Mi saludo ya en pleno curso pastoral. Aprovecho la convocatoria del primer Retiro Sacerdotal, como estos últimos años en el segundo viernes de mes normalmente, para compartirte mis mejores deseos y abrirte mi corazón. Con temor y temblor asumo un curso más mi responsabilidad de Sucesor de los Apóstoles en la Iglesia de Vitoria. En comunión con el Papa León XIV y con todos los obispos del mundo, ofrezco mi vida para que juntos sigamos construyendo una Iglesia evangélica, misionera y samaritana.
Como padre y hermano mayor de cada uno de los sacerdotes y diáconos de Vitoria os brindo mi disponibilidad y asumo mis obligaciones para cuidar, acompañar y ayudar a renovar nuestro presbiterio. El Papa León XIV, en las ordenaciones sacerdotales del 31 de mayo, hacía un llamamiento a la «transparencia de vida. ¡Vidas conocidas, vidas legibles, vidas creíbles! Permanecemos dentro del pueblo de Dios, para poder estar delante de él con una presencia creíble».
«Juntos, entonces, reconstruiremos la credibilidad de una Iglesia herida, enviada a una humanidad herida, en medio de una creación herida. No somos aún perfectos, pero es esencial ser creíbles».
Su deseo central de unidad en la Iglesia lo aterrizaba en el discurso a los sacerdotes de Roma: «En la oración llamada “sacerdotal”, como sabemos, Jesús pidió al Padre que los suyos sean uno (cf. Jn 17, 20-23). El Señor sabe bien que solo unidos a Él y entre nosotros podemos dar fruto y dar al mundo un testimonio creíble. El presbítero está llamado a ser hombre de comunión, porque él es el primero en vivirla y alimentarla continuamente. Sabemos que esta comunión se ve hoy obstaculizada por un clima cultural que favorece el aislamiento o la autorreferencialidad. Ninguno de vosotros está exento de estas insidias que amenazan la solidez de nuestra vida espiritual y la fuerza de nuestro ministerio».
«Pero debemos vigilar porque, además del contexto cultural, la comunión y la fraternidad entre nosotros también encuentran algunos obstáculos, por así decirlo “internos”, que afectan a la vida eclesial de la diócesis, a las relaciones interpersonales y también a lo que habita en el corazón, especialmente ese sentimiento de cansancio que sobreviene porque hemos vivido fatigas particulares, porque no nos hemos sentido comprendidos y escuchados, o por otras razones».
Nuestro presbiterio está viviendo un momento muy especial. Se ha incrementado notablemente con los sacerdotes que están haciendo licenciatura o doctorado en la Facultad, con los sacerdotes miembros de las nuevas comunidades que están arraigándose en nuestra Diócesis y con los que se están ordenando en estos últimos años. El rejuvenecimiento es muy grande y la variedad de orígenes, razas, culturas y carismas también. Las posibilidades evangelizadoras enormes, pero también el riesgo de conflictos y desencuentros. Fundamentalmente desde el Consejo de Gobierno estamos impulsando toda clase de iniciativas, de reuniones de trabajo y formación, de tertulias y encuentros lúdicos, de retiros, ejercicios y momentos de oración, de encuentros con la vida consagrada y las familias y, sobre todo, de acompañamiento personal y comunitario para el mayor número de sacerdotes posibles. No se puede ir a todo, pero ya sabes qué es lo fundamental sacerdotalmente.
Con sencillez y humildad, pero con toda la fuerza de mi ministerio episcopal, te pido que participes en los encuentros vinculantes que te comuniqué en el calendario sacerdotal de la carta de finales de agosto. Con todas las excepciones de salud y circunstancias, me gustaría verte en las reuniones de trabajo conmigo, en los retiros de los segundos viernes y en los jueves sacerdotales que puedas en el Seminario. Es ahí donde acogemos a los sacerdotes nuevos, donde comunicamos los acentos propios de nuestra iglesia local, donde surge el afecto y el acompañamiento y donde cuaja la misión evangelizadora. El presbiterio autóctono arropa y cuida de los más jóvenes que vienen de lejos y nos contagian su empuje y esperanza. En la relación fluida todos ganamos en sinodalidad corresponsable. Está habiendo experiencias sacerdotales maravillosas y no tienen por qué ser excepcionales sino cotidianas con la participación de todos. Participa, te lo digo de corazón, forma parte de tu identidad sacerdotal. No lo dejes para otro año. Ven con tus mejores amigos. Los diálogos el curso pasado fueron deliciosos y nada tensos.
Con sencillez y humildad, pero con toda la fuerza de mi ministerio episcopal, te pido que participes en los encuentros vinculantes que te comuniqué en el calendario sacerdotal de la carta de finales de agosto. Con todas las excepciones de salud y circunstancias, me gustaría verte en las reuniones de trabajo conmigo, en los retiros de los segundos viernes y en los jueves sacerdotales que puedas en el Seminario.
La comunión que, sistemáticamente, no se visibiliza y no se hace presencial, no existe. No seríamos creíbles, confundiríamos a nuestras comunidades y las anclaríamos en la desesperanza. Como el signo sacramental personal más visible de la presencia de Jesús en la comunidad diocesana de Vitoria, me corresponde el ministerio público de anunciar y denunciar. Anunciar el gozo y la esperanza de Jesús en su Iglesia, «esa gracia en la que nos encontramos» (Romanos 5,2) y denunciar la falta de compromiso y de comunión de algunos pastores. No quiero ser un «perro mudo» (Isaías 56,10); quiero defender el derecho que tiene el pueblo fiel de Dios a unos discípulos misioneros que evangelizan juntos, unidos y contentos. Yo no me voy a desanimar, ¡ánimo y adelante, podemos!
Peregrinar en espíritu y en verdad, dando vida será el título del retiro sacerdotal que impartiré este viernes, 10 de octubre, a las 10:30h en el Seminario. Seguiré en parte y facilitaré el material que la Conferencia Episcopal Española ha elaborado este año para los presbiterios. Y nos ayudará a culminar el año 2025 como sacerdotes peregrinos de la esperanza. Algo comentaremos también de la nueva encíclica del Papa.
Que la Virgen del Rosario nos ayude a vivir los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos de este curso pastoral, de su mano y siguiendo al Señor. Agur, besarkada bat!
Vitoria-Gasteiz, 7 de octubre de 2025, fiesta de Nuestra Señora del Rosario
+Juan Carlos Elizalde Espinal
Obispo de Vitoria
