Evangelio del día: «No hacen lo que dicen». Mt23,1-12

Carta Pastoral de Adviento del Obispo de Vitoria

Con motivo del inicio del Adviento, compartimos íntegramente la Carta Pastoral de Mons. Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria.

CARTA PASTORAL DE ADVIENTO 2023
“CONTRA TODA ESPERANZA, CREYÓ Y ESPERÓ”

(Rom. 4,18)

Queridos diocesanos,

¡Feliz Adviento! San Pablo dice que "la esperanza no defrauda” (Rom 5,5). Como aparece en el título, a Abraham no le defraudó. Me gustaría brindar alguna razones, señales o brotes de esa esperanza, especialmente en este tiempo de Adviento. Son signos de esperanza que he ido descubriendo en nuestra Iglesia local a la luz de la última Asamblea de la Conferencia Episcopal –centrada en la actual situación social y en los abusos–, y a la luz del encuentro con el Papa Francisco en Roma –sobre los seminarios españoles–. El telón de fondo es la Exhortación del Papa sobre la confianza en la vida de Santa Teresa del Niño Jesús. Los personajes del adviento serán el hilo conductor de la carta.

Senideok, Abendualdi jai zoriontsuak! Gaurko egunak poza eta alaitasuna dakarzkigu. Jesusen jaiotza  gaurkotzen dugu. Jauna gurekin dugu, gure artean. Gure historian lagun izatera etorri da, gutariko bakoitzarekin ibiltzera. Jainkoa gizon egin zaigula ospatzen dugu, Jainkoak lortu duela gurekin eta gu bezala bizitzea. Jainkoa Belengo Ume samur gisa agertzen zaigu.

1.- JUAN BAUTISTA O LA CONFIANZA.

Cuando Juan, por lo que le llegaba de Jesús, tiene dudas sobre él, le mandó decir por sus discípulos: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Jesús le tranquiliza diciéndole que en Él se cumplen los signos del Reino: “Los ciegos ven, los cojos andan… y los pobres son evangelizados” (cf. Lc 7, 18-35).

La confianza siempre está amenazada. Nos decepcionamos mutuamente dentro y fuera de la Iglesia. Pero el Señor sigue dando muestras de su presencia junto a nosotros; sigue mostrando los signos del Reino en los signos de los tiempos, a pesar de nuestra fragilidad. Juan se sigue fiando del Señor aunque tenga que menguar para que crezca Él (cf. Jn 3,30). Nuestra misión, como la de él, sigue siendo ayudar a preparar los caminos del Señor y a allanar los senderos (cf. Jn 1,10).

El Cardenal Cantalamessa nos acaba de decir a los obispos españoles que esta pérdida de confianza en la Iglesia puede ser el retorno al Evangelio, la vuelta del sacerdocio a las raíces evangélicas, la ocasión de concebir la autoridad sacerdotal como un servicio evangélico a la comunidad.

Como nunca, palpamos la necesidad de pastores humildes y entregados. Vemos, con Roma, la necesidad de que se formen en comunidades más numerosas, con equipos a la altura de los retos actuales y con centros teológicos competentes. Nuestra Facultad de Teología está viviendo momentos esperanzadores. Hago un llamamiento a laicos que sientan su vocación como su aportación académica a la Teología en un momento en que seminaristas, religiosos, sacerdotes y otros laicos forman una comunidad de discípulos misioneros numerosa en la Facultad. Es un buen momento para favorecer la confianza mutua de obispo, presbíteros, diáconos, religiosos y laicos, para que junto con Pedro y todas las iglesias, podamos seguir trabajando una pastoral de conversión, de primer anuncio y de vuelta al Evangelio.

El Papa nos ha recordado a los obispos que, en cambio, el demonio siembra la desconfianza dentro y fuera de la Iglesia. Busca socavar los vínculos del obispo con los sacerdotes, del Papa con los obispos, de los sacerdotes con las comunidades. El Espíritu, por el contrario, impulsa procesos de confianza, disipa prejuicios y acerca los corazones. “Frente a Babel, nos situamos en el Pentecostés de este momento sinodal” nos decía también a los obispos españoles el P. Cantalamessa.

“La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor” es el título de la Exhortación del Papa. “Estas palabras tan contundentes de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz lo dicen todo, resumen la genialidad de su espiritualidad y bastarían para justificar que se la haya declarado doctora de la Iglesia. Sólo la confianza, ‘nada más’, no hay otro camino por donde podamos ser conducidos al Amor que todo lo da. Con la confianza, el manantial de la gracia desborda en nuestras vidas, el Evangelio se hace carne en nosotros y nos convierte en canales de misericordia para los hermanos”. Esta exhortación la trabajaremos en los Ejercicios Espirituales en Angosto del 7 al 10 de diciembre y en el Retiro del día 9, allí también.

2.- MARÍA O LA EXPERIENCIA DE DIOS.

Nadie ha tenido a Dios tan dentro, nadie ha tenido, en ese modo, tal experiencia y sin embargo todos estamos llamados a tener experiencia de Dios. Ése es el motivo de nuestra alegría como lo es el de María: “Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28).

Cuando el Papa estaba entrando en la sala, el pasado 28 de noviembre, el Cardenal Cantalamessa estaba citando unas palabras suyas de Evangelii gaudium 3: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor”. La experiencia de Dios es el primer requisito –que se nos recordó en Roma– que tienen que tener los que se preparan en el seminario para ser pastores, discípulos misioneros.

El número 37 de la Exhortación recoge un relato de Santa Teresita, cuya experiencia de Dios siempre va vinculada a la caridad: “Una tarde de invierno estaba yo, como de costumbre, cumpliendo con mi tarea. Hacía frío y era de noche. De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; unas jóvenes elegantemente vestidas se hacían unas a otras toda suerte de cumplidos y de cortesías mundanas. Luego mi mirada se posó sobre la pobre enferma a la que estaba sosteniendo: en vez de una melodía, escuchaba de tanto en tanto sus gemidos lastimeros; en vez de ricos dorados, veía los ladrillos de nuestro austero claustro apenas alumbrado por una lucecita. No puedo expresar lo que pasó en mi alma. Lo que sí sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, que excedían de tal forma el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad. No, no cambiaría los diez minutos que me llevó realizar mi humilde servicio de caridad por gozar mil años de fiestas mundanas”.

Esta experiencia de Dios la necesitan nuestros jóvenes y necesitan encontrarla en la Iglesia. El número 39 narra el gran descubrimiento de Santa Teresita al leer el himno del amor del capítulo 13 de la primera Carta de Pablo a los Corintios: “Al mirar el cuerpo místico de la Iglesia, yo no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo; o, mejor dicho, quería reconocerme en todos ellos. La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre. Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares. En una palabra, que el amor ¡es eterno! Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío, al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado. En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor. Así lo seré todo. ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad!!!”

Y el amor a la Iglesia, también en los jóvenes, va vinculado a la comunidad, a la Eucaristía, a la adoración, al sacramento de la penitencia, a la vida como vocación y a la caridad. Hay pequeños brotes de este amor a la Iglesia entre nuestros jóvenes y por ahí va nuestro Adviento. Un momento importante de este Adviento será el 7 de diciembre en la Vigilia Vocacional de la Concatedral de María Inmaculada con la presencia de la Virgen de Estíbaliz en su Jubileo. Y el momento culminante será el 8 de diciembre, con una ordenación presbiteral y otra diaconal en nuestra Iglesia de Vitoria, también en la Catedral Nueva. ¡Enhorabuena de todo corazón!

Abendualdia argia eta grazia da, Jaungoikoaren opari ezin ederrago hau goi-dohain bezala onartu dugunontzat: bere Seme gizon egina, gure bidelagun gertuko eta maitagarri egina. 

3.- ISABEL O EL DIÁLOGO.

Isabel aparece siempre en diálogo con María, con Zacarías, con la gente y con el Señor (cf. Lc 1). El gran motivo de su alegría y de la de su hijo es el Señor, su presencia y cercanía. Por eso Isabel es icono de todo diálogo en este Adviento. Porque el diálogo favorece la presencia del Señor entre nosotros. El Señor puede hablar a través del hermano como en nuestras conversaciones sinodales. “No tengan miedo al diálogo”, nos decía el Papa a los obispos.

Los obispos en el mensaje a la sociedad española en este momento decíamos: “El Papa Francisco, con la imagen del poliedro, nos habla de ‘una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente porque de todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible’ (Fratelli tutti 215). Así se nos anima a vivir la comunión en la diversidad. Esto conlleva fomentar la cultura del encuentro, es decir, buscar puntos de contacto, tender puentes, y proyectar algo que incluya a todos (cf. FT 216)”.

“Queremos alentar un diálogo social entre todas las instituciones que cultive la escucha y evite posiciones inflexibles y excluyentes. Los acuerdos deben respetar la dignidad de la persona, el bien común y los principios de subsidiariedad y de solidaridad. Estos principios han de realizarse en el marco del ordenamiento jurídico propio del Estado de Derecho que nos hemos dado los españoles en la Constitución de 1978, que culminó la Transición. Nuestra Carta Magna consagra la separación de poderes y la libertad e igualdad de todos los ciudadanos, al tiempo que garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad, recogido en su art. 2, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español (cf. art. 138)”.

Los obispos españoles, también en el mensaje sobre los abusos y su reparación integral, acabamos de decir: “Nuestro compromiso por erradicar los abusos sexuales quiere ser también un servicio a la sociedad en la que vivimos. Ofrecemos humildemente nuestra experiencia triste y dolorosa para ayudar a luchar contra esta lacra. Queremos mirar al futuro con esperanza. Una vez más, reiteramos que nuestra lucha contra toda clase de abusos debe continuar sin cesar. Y, al mismo tiempo, queremos mostrar nuestro profundo agradecimiento y reconocimiento hacia los sacerdotes y consagrados de nuestra Iglesia, animándoles a vivir con ilusión y esperanza el tesoro del ministerio que se les ha confiado (cf. 2 Co 4,7). Aprovechamos esta ocasión para hacer un llamamiento a los fieles católicos a acompañarles, alentarles y arroparles en su entrega diaria”.

En esta misma línea del diálogo, el Papa valoró tremendamente la presencia de seminaristas de familias inmigrantes o seminaristas de otras culturas y continentes, al igual que la presencia en nuestros presbiterios de sacerdotes de otras áreas culturales. Ese diálogo intercultural que enriquece nuestra Iglesia es también una insistente llamada al discernimiento, ocasión para avivar la fraternidad sacerdotal sacramental. Todo ello favorece la pasión por la acción evangelizadora. El encuentro en Vitoria con los mejores teólogos que hoy conducen la reflexión sobre el sacerdocio ministerial y bautismal nos está ayudando en nuestro diálogo diocesano. Isabel, la mujer del diálogo, sigue siendo signo de que para “Dios nada hay imposible” (Lc 1,37).

4.- JESÚS O EL CRECIMIENTO.

El corazón del Adviento es invisible a los ojos. El corazón del Adviento es Jesús que crece en el seno de María, es Jesús que crece en nuestras comunidades, es Jesús que alienta en todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Desde que el Verbo se hizo carne, Dios es uno de los nuestros, nos entiende por dentro, comparte nuestra suerte y asume nuestra condición. Es Jesús el que tiene que ir creciendo en nosotros. El padre Cantalamessa y el Papa nos hablaban a los obispos en términos de configuración, de identificación y de crecimiento en el Señor.

Los santos padres, como San Atanasio, formulan así el Misterio: "Uno de la Trinidad es hombre. Se hizo hombre para que nosotros llegáramos a ser Dios". Sartre, en una obra de teatro de Navidad para sus compañeros franceses en la guerra, pone en labios de la Virgen contemplando al Niño estas palabras: "Es Dios y se me parece”. Ortega y Gasset saca consecuencias: "Si Dios se hizo hombre, ser persona es lo más grande que se puede ser". Desde entonces la dignidad humana alcanza la mayor altura: Jesús es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. La Iglesia es sacramento universal de salvación y humildemente visibilizamos ese rostro en medio de la humanidad.

Los personajes del Belén caminando o mirando hacia el Portal son una buena imagen de nuestra Iglesia. Ángeles, pastores, magos, vecinos de Belén o de la posada. Distintos accesos al Misterio e impactos diferentes en unos y en otros. Realidades muy distintas en nuestra Diócesis trabajando con entusiasmo desde su propia identidad. La parroquia como comunidad de comunidades y las distintas vocaciones complementándose en el tejido eclesial.

En esta asamblea de la Conferencia Episcopal hemos estado trabajando un documento sobre la Vida como Vocación. Los antiguos promotores vocacionales han sido sustituidos por la comunidad cristiana. Si un joven va madurando al ritmo de los sacramentos en la comunidad cristiana y en ella convive con matrimonios que se quieren, sacerdotes entregados, consagrados coherentes y bautizados discípulos misioneros, ya discernirá su vocación porque tiene buenas referencias. En las diócesis del País Vasco, el día de la Inmaculada es el día del Seminario. Es una ocasión no sólo para la colecta, sino para la propuesta vocacional explícita a nuestros jóvenes. Muchas veces el Señor llama al sacerdocio, como en mi caso, a través de la palabra y de la vida de otro sacerdote.

En este proceso sinodal –nos compartían los obispos padres sinodales españoles– no está en juego ni la doctrina e identidad de la Iglesia ni la misión de cada uno de sus miembros, sino la manera de relacionarnos, de concebirnos juntos, de tratarnos y de colaborar. Está en juego la corresponsabilidad según vocación, compromiso y preparación. Está en juego la sinergia inclusiva de los carismas y dones de una comunidad. Nos necesitamos todos, nada de desconfianza. Que sigamos madurando en la acogida y en el aprecio de las sanas diferencias en cada una de nuestras comunidades. Me tenéis al servicio de la comunión.

Me impresionaron mucho las últimas preguntas del Papa en nuestro encuentro: “¿Qué pasa por tu conciencia? ¿Qué música hay por dentro? ¿Qué está pasando por tu corazón?” Te las comparto para que te ayuden a crecer en este Adviento.

Jesus Jauna, Zuk zure bizilekua nirearen ondoan ezarri duzun Horrek, emaiguzu argia, zure gertutasun hau dastatzeko. Zer ote da Zu bidelagun zaitugula bizitzeko dohaia!

Con todo mi afecto y mi disponibilidad, agur besarkada bat! Mi bendición,

 
+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

En Vitoria-Gasteiz, 30 de noviembre de 2023, festividad de San Andrés Apóstol.

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