Evangelio del día: «¿Quién es mi prójimo?». Lc10,25-37

Charla de Ritxar Bacete sobre la Violencia contra las Mujeres

El pasado 16 de noviembre la Comisión de Mujer Laica en la Iglesia y en la Sociedad, organizó un encuentro de actualidad sobre el tema de la violencia contra la mujer. En esta ocasión la cuestión desde un punto de vista diferente al habitual: el problema no es de las mujeres, sino que es un problema de los hombres, que lo sufren las mujeres. El encuentro, titulado Violencia contra las mujeres: Los hombres como parte del problema, los hombres como parte de la solución” fue dinamizado por Ritxar Bacete, que planteó una serie de reflexiones e interrogantes muy interesantes:

En el siglo XXI seguimos replicando modelos de educación de siglos anteriores y ellos siguen siendo un factor de riesgo para las mujeres. Todas las medidas educativas para atajar la violencia contra las mujeres han ido dirigidas a realizar un cambio en ellas, a que sean capaces de defenderse, de denunciar, que crezcan como mujeres empoderadas, etc. No se ha visto el tema desde una educación hacia los hombres en igualdad, en el reconocimiento de que son personas con sentimientos, con un mundo emocional nada diferente al de las mujeres, pero que sin embargo no pueden expresar en público como no sea a través de la violencia.

¿Por qué los hombres en general son más violentos que las mujeres? Porque vivimos en una sociedad en que preparamos a los hombres psicológica y emocionalmente en el uso de la violencia. El estereotipo social que define al hombre es la fuerza; el que define a la mujer es el cuidado y todo el mundo de las emociones.

El  problema no es de unos hombres concretos, sino de los modelos de masculinidad; y estos modelos hacen que en algunos varones sean un factor de riesgo para las mujeres. Un modelo de masculinidad tóxico es un problema de primer orden para la libertad de las mujeres, pero también para la emancipación de los hombres. Así que es necesario un cambio de contexto que favorezca otros comportamientos. Es importante que sean visibles modelos masculinos no violentos, que tengamos como referentes hombres buenos.

  • ¿Qué significa para un hombre pedir ayuda? Debilidad. Estamos hechos de las historias que nos cuentan. Desde pequeños nos dicen: “los niños no lloran”, y asumimos ese rol. Sin embargo los hombres sienten exactamente igual que las mujeres porque son seres humanos, pero en la conexión con las emociones, generalmente se muestran incapaces de desarrollar las competencias que les hacen verdaderamente humanos.
  • ¿Cuál es la escuela de la sexualidad de chicos y chicas jóvenes? ¿Qué ocurre con la pornografía? La edad media de acceso de los chicos y chicas a la pornografía son 12 años. Acceden a un modelo de pornografía que les enseña figuradamente cuál debe ser el modelo de sexualidad de los chicos, pero eso no se enseña en la escuela, no se enseña desde la familia, sino que se les enseña desde un modelo pornográfico, profundamente atravesado por los valores más sexistas y desiguales: luego, cuando pensamos en fenómenos como el de la manada, tenemos que pensar qué hemos dejado de atender o qué hemos dejado de hacer con la gente más joven.
  • ¿Quién cuida en nuestra sociedad? ¿Por qué tenemos asumido que los cuidados son responsabilidad al 100% de las mujeres? Una cosa es la ejecución de trabajos de cuidado que sí es cierto que muchos hombres se han incorporado en estos últimos años a ellos, y otra muy distinta es la responsabilidad de todos los días del año, las 24 horas del día y sin remuneración. Parece ser que tener padres cuidadores y presentes en la educación de los hijos, es fundamental para desarrollar personas felices y cuidadoras responsables. El cuidado llama al cuidado.
  • ¿Cómo podemos hacer lo masculino y lo femenino se integren, se contaminen, se contagien? ¿Cómo podemos generar una realidad distinta? Con algo parecido a la “cinta de Moebius”. Hasta ahora hemos pensado en un sistema binario, pero no hay cerebros de hombres y cerebros de mujeres. Debemos empezar a pensar de una forma mucho más compleja, armoniosa y sobre todo más justa con el hecho humano que es maravillosamente complejo, y para entender esa complejidad necesitamos también poner en marcha nuevos sistemas de pensamiento y comprensión.

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