Evangelio del día: «Jesús cura a dos ciegos que creen en él». Mt9,27-31

D. Miguel Asurmendi, obispo de Vitoria 1995 - 2016

Miguel José Asurmendi Aramendia vino al mundo en 1940, muy cerca de la Guerra Civil y en años difíciles. Murió anoche, sin hacer ruido, en Pamplona, donde había nacido y donde residía desde su reciente jubilación hace cinco meses. Era salesiano y lo recordaba fielmente. Fue nombrado obispo de Tarazona en 1990 y en 1995, obispo de Vitoria. Serio, simpático, formal, solemne, cercano.

En estos 20 años como obispo de Vitoria ha acompañado la vida de la diócesis en sus más variada oferta recorridos, atento a la transformación del panorama religioso–cultural, a lo económico y sus crisis, a lo social y político. Todo ello con una dedicación pastoral permanente al día a día de las parroquias y Unidades Pastorales, a fiestas y peregrinaciones, próximo a la vida religiosa presente en la diócesis.

Acompañar quiere decir tratar de comprender, de buscar criterios de orientación, de impulsar lo que toca hacer a unos y otros en la Iglesia. Para ello: planes de Evangelización, sostener la labor de Caritas y otras iniciativas sociales, animar a quienes están implicados en la Pastoral con Jóvenes, crear el Servicio Diocesano del Laicado. Se ha preocupado de los curas: un ejemplo, dar luz verde a una residencia sacerdotal que ofrece un gran servicio a sanos y enfermos.

Don Miguel AsurmendiMiguel se despidió de la diócesis en una celebración que tuvo lugar en la Catedral de María Inmaculada el 5 de marzo de este año. En esa ocasión hizo memoria de trabajos llevados a cabo en esos años, de cartas pastorales publicadas, de grandes acontecimientos eclesiales como el Concilio Vaticano II. En torno al tema de la paz eligió, con sumo cuidado, dos acciones especiales:

  • La primera fue el encuentro de oración por la paz de 2001: “Acababa de empezar el III milenio y el siglo XXI... millares de personas de Navarra, Bilbao, San Sebastián y Vitoria” se reunieron en Mendizabala. “Fue un posicionamiento claro de nuestras Iglesias a favor de la paz”.
  • La segunda fue un funeral por 14 sacerdotes asesinados por los que ganaron la guerra en 1936 – 1937, y que no habían contado con oficio religioso público. Convocado por los obispos de las tres Diócesis de la Comunidad Autónoma Vasca, fue presentado con un mensaje, de título: “Purificar la memoria. Servir a la verdad. Pedir perdón. Fue un emotivo acto de justicia. Y la justicia y la paz se besan.

En esa homilía, con su contención de siempre, pero con fuerza, agradeció a todos “vuestra bondad y generosidad para con mi persona a lo largo de 20 años de ministerio episcopal. Habéis rezado por mí, me habéis perdonado errores y deficiencias, me habéis ayudado y ofrecido comprensión y amistad. Muchas gracias”. Terminó así:          “Rezaré diariamente a Santa María, Madre de Misericordia, por todos vosotros. Rezad por mí”. Seguro que él ha cumplido su promesa. Sus diocesanos atenderemos su última petición.

Quienes  han seguido de cerca el largo camino de restauración de la catedral de Santa María saben que las obras continúan. D. Miguel soñaba con abrirla al culto antes de terminar su tiempo como obispo de Vitoria. Se consiguió en 2015. Y quería que sus restos descansaran allí para siempre. Así será. Goian bego.

                                                                              Luis María Goicoechea Buruchaga
Rector del Seminario Diocesano

Publicado en El Correo, 11 agosto 2016

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