Evangelio del día: «Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros». Lc11,15-26

Descansemos y celebremos

El día 5 de junio, solemnidad de Pentecostés se celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. El lema de la Jornada será 'Sigamos construyendo juntos. El Espíritu Santo nos necesita'.

Es un día para la celebración. El Espíritu sigue actuando en y a través de nosotras y nosotros. Aprovecho para invitaros a participar en el encuentro celebrativo que desde el Servicio Diocesano del Laicado estamos preparando para celebrar esta fiesta, el Día del Laicado. Aunque tendrá lugar unos días antes, el viernes 3 de junio. De esta forma, el propio día de Pentecostés lo podréis celebrar uniéndoos a vuestras comunidades de origen, a lo que os animamos. Y por supuesto (creo que no hace falta decirlo, pero por si acaso) también están invitadas al encuentro las personas no laicas, ya que, si algo está quedando claro estos últimos tiempos, es que el camino y la celebración es parte de él, lo hemos de andar conjuntamente.

Es bueno que “nos celebremos” como laicas y laicos que no cejan en su empeño de seguir a Jesús y llevar la buena noticia allí donde estamos. No solo bueno. Es necesario, reparador y beneficioso.

Las cristianas y cristianos laicos vivimos en el mundo y es ahí donde llevamos a cabo nuestra misión, que sigue siendo la misión primaria y fundamental de la Iglesia; anunciar a todas las personas el amor de Dios manifestado en Cristo y comunicado por el Espíritu Santo. Todo ello en nuestros ambientes, trabajo, educación, cultura, política, artes, economía... Guerras y abusos son causas de desesperanza para la humanidad. Y ahí nuestra misión se vuelve más difícil y también más necesaria. Nos sentará bien celebrar lo hecho, los esfuerzos, las alegrías compartidas en el camino con otros.

Laicas y laicos debemos ser personas activas, protagonistas de nuestra sociedad, de la Iglesia, sin miedo. Soñando juntos el Reino de Dios. Porque como decíamos el año pasado “los sueños se construyen juntos”. Nos vendrá bien recordar que no estamos solos en nuestra tarea.

Y que, para las necesidades y los sueños, a veces hay que pedir ayuda. Como personas creyentes y que participamos de la vida eclesial, nos preocupa aquello que consideramos que no va bien y damos opinión sobre lo que pensamos que se puede mejorar. En la puesta en juego de los distintos dones, carismas e ideas, a veces surgen desavenencias.

Esto está pasando. Debemos ser conscientes de ello y buscar maneras de afrontar las disputas con caridad y amor. Porque si no damos una y otra vez oportunidad al diálogo y a la capacidad de recapacitar, reflexionar, aprender y cambiar que tenemos todas las personas, ¿cómo podremos ser un signo del amor de Dios para los que nos miran desde fuera? Nos hará bien dar gracias a Dios por la variedad de dones, carismas e ideas, y al mismo tiempo, pedirle ayuda para sanar las heridas del otro, de la otra.

En las visitas a las comunidades que desde el servicio diocesano del laicado hemos tenido la suerte de realizar este año, hemos estado apoyando y animando el trabajo sinodal. A pesar de las dudas iniciales, sí que se está notando que estas reuniones están ayudando a las comunidades a discernir lo que están haciendo y a tener un poco más claro por dónde avanzar. Parece que este modo de hacer, el del “discernimiento comunitario” y el “trabajo sinodal” ya iniciado en el Congreso de Laicos de 2020 y que se ha ido asentando este curso gracias a la llamada del Papa a participar del Sínodo, gusta y tiene la potencialidad de ayudarnos a ser una iglesia mejor, más fiel a Dios. Nos convendrá descansar del esfuerzo mental y emocional. Volver la vista atrás y valorar lo aprendido en el proceso.

Porque, aunque parecía que la pandemia nos había dejado parados, sigue habiendo mucha vida, mucha tarea, y mucho que compartir. Somos un laicado en marcha y tenemos motivos para celebrar.

Alegría y Esperanza para todas y todos.

Mª José Rodríguez
Delegada del Servicio Diocesano del Laicado

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