El Señor ha llamado a sor Marcelina García de Vicuña Zabaleta

En abril cumpliría 97 años. La religiosa Clarisa más mayor del convento de San Antonio ha sido llamada por el Señor para pasar a la morada eterna que Cristo tiene preparada para todos sus hijos e hijas de todas las generaciones.

Sor Marcelina García de Vicuña Zabaleta nació en 1929 en el pueblo alavés de Monasterioguren, a escasos 8 kilómetros de la capital alavesa y que cuenta con medio centenar de vecinos a día de hoy. De una familia con profundas raíces y convicciones cristianas, la pequeña Marcelina –como le bautizaron sus padres– desarrolló pronto su vocación religiosa. "Siempre quiso ser monja al servicio de la Iglesia, del Evangelio y de la Humanidad", recuerdan sus hermanas Clarisas de Vitoria.

A los 14 años ingresó en el Colegio Apostólico de las Oblatas y a los 18 años, esta joven dio un paso más y de manera definitiva tomando los hábitos como religiosa Oblata del Santísimo Redentor. Esta congregación destaca por acompañar la realidad de la mujer en contextos de prostitución, víctimas de estructuras injustas y muchas veces atrapadas por redes de trata con fines de explotación sexual.  En esta comunidad trabajó y sirvió en varias ciudades españolas y en Boston, en Estados Unidos, durante varios años. Allí descubrió a las Clarisas y quedó maravillada por su carisma volcado en la oración y la pobreza, a ejemplo de los fundadores de esta orden religiosa, Santa Clara y San Francisco de Asís.

Por ello, tras un meditado discernimiento, a los 31 años y tras 17 años como Oblata, sor Marcelina regresó a Vitoria e ingresó en el convento de las Madres Clarisas, ubicado en la Plaza del General Loma, donde ha residido desde 1960, convirtiéndose en la monja más mayor de esta comunidad, rozando el siglo de vida.

En estas más de seis décadas como religiosa Clarisa, se centró en vivir el Evangelio radicalmente a través de la pobreza, la contemplación y la fraternidad, siguiendo el ejemplo de Clara y Francisco. Vivió, como todas, desde el silencio y en la libre clausura, dedicada a la oración, a la adoración eucarística y el trabajo manual y repostero para el sustento. En todo este tiempo, ha ido buscando la intimidad con Dios mientras oraba por el mundo, no para apartarse de él, sino para santificarlo desde dentro.

La Madre Superiora, sor Dolores, destaca de ella su ejemplar bondad. "Una hermana buenísima, una santa que, pese a su enfermedad, nunca se quejaba, siempre dispuesta y con una sonrisa permanente en su rostro". Sus hermanas coinciden y recuerdan su "humildad de espíritu y su cercanía y profunda espiritualidad".

Su funeral será mañana, viernes 16 de enero, a las 11:00h en la iglesia del Convento de San Antonio recibiendo posteriormente sepultura en el cementerio de la Comunidad, ubicado dentro de este céntrico recinto religioso donde hoy viven, trabajan y rezan 15 hermanas de la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara, conocidas popularmente como Clarisas.

Rogamos una oración por el eterno descanso de su alma en el Señor.

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