D. Juan Carlos Elizalde: «Vivo la fe con entusiasmo, muchísima alegría y esperanza»
El Obispo de Vitoria, D. Juan Carlos Elizalde, concedió esta entrevista al Diario de Noticias de Álava, publicada el 5 de abril de 2026, Domingo de Resurrección. En ella reflexiona sobre la Semana Santa, sus diez años al frente de la Diócesis, la relación con los jóvenes, el papel social de la Iglesia y su reciente encuentro con el Papa León XIV. La entrevista es de Carlos González y la fotografía de Jorge Muñoz.
«Veo cierto enfado del laicismo militante por el hecho de que los jóvenes se acerquen a la religión»
Son diez los años que Juan Carlos Elizalde acaba de cumplir al frente de la Diócesis de Vitoria. «Vivo la fe con entusiasmo, muchísima alegría y esperanza».
VITORIA – En Semana Santa, el Obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, reflexiona sobre la actualidad de la iglesia católica en Álava, la sociedad en su conjunto y sus diez años en el cargo más importante de la diócesis.
Cada día, nuevas noticias sobre guerras. ¿Qué le pasa al ser humano, que transcurridos los siglos sigue empeñado en destrozarse?
–Es la pregunta que me ha estado latiendo en la preparación de esta Semana Santa: ¿qué puedo decir en nombre de la Iglesia? Pues quiero hablar de esperanza, caridad y de una fe inquebrantable en que Dios apuesta por esta humanidad. La Semana Santa nos recuerda que la persona está hecha para amar y para ser amada. En el testimonio de Jesús de Nazaret recupero la fe en la humanidad, la esperanza en la paz. Tenemos capacidad para lograr la paz. Si este mundo no explota, no es por los políticos y no es por la geopolítica, sino por la gente de buena voluntad que se entrega sin intereses.
Es Semana Santa, un momento que el Obispo de Vitoria vive...
–Pues acompañando a mi pueblo, que es mi misión habitual pero igual en Semana Santa es más visible. Las grandes celebraciones de la Catedral, las cofradías y las procesiones son una visibilización de que caminamos juntos. La Semana Santa, la imaginería, las cofradías... mueven los sentimientos, la emotividad, los afectos, que son lo que mueve la vida. También ahí hay una catarsis y una purificación del corazón.
Pero es consciente de que para mucha gente son, sin más, días de vacaciones o jornadas para hacer turismo porque esta procesión o aquella tienen unos pasos especiales... Es decir, que el peso religioso queda muy diluido.
–La Iglesia propone los oficios litúrgicos de estos días desde la Palabra de Dios y exhorta a salir a las calles y participar en las procesiones, en la visita a los monumentos... Es decir, está la parte más íntima, profunda y litúrgica, pero también se trata de exteriorizar y visibilizar desde el escenario de nuestras calles.
Hay muchas personas que se declaran católicas y luego se limitan a ir a misa en bodas, bautizos, comuniones y funerales. ¿Qué hay que hacer para que no sea así?
–La pelota no está en el tejado de la Iglesia ni de los pastores, sino en el de la gente. Lo nuestro es hacer una propuesta seria y atractiva de la fe, en el terreno de las celebraciones, de las procesiones y del diálogo con la cultura. Y si efectivamente hay una identidad fuerte expresada de forma atractiva, cada vez más gente se acercará, como está pasando con los jóvenes. ¿Seguirá habiendo gente que nos visite como escaparate? Eso es inevitable.
Las estadísticas hablan de que cada vez más personas jóvenes se sienten cercanas a la iglesia católica. ¿Es mejor no dejarse llevar por cantos de sirena, hay que saber aprovechar la ola? ¿Nota la Diócesis de Vitoria ese aumento?
–La verdad es que no nos podemos dejar llevar por un optimismo bobo, ingenuo, que también manipula y usa la estética religiosa y que en el mundo de los jóvenes puede estar de moda. Con todo, en lo profundo sí que vemos procesos de acercamiento, de conversión. Yo creo que los jóvenes acusan la presión secularizante institucional. Como son un poco antisistema y están hartos del panorama social que los adultos presentamos, están más abiertos a la interioridad, a la religiosidad. Además, no tienen las heridas que ha podido producir la Iglesia en otras generaciones. No tienen tantos prejuicios. Creo que es una franja más receptiva por eso. Veo también cierto enfado del laicismo militante que se cree la punta de lanza de la progresía y que se molesta por estas manifestaciones de los jóvenes. Es que no se lo pueden creer. Porque ellos se han definido como lo último de lo último en el pensamiento moderno. Entonces les desmontan sus esquemas. Se preguntan: ¿qué hemos hecho tan mal para que ahora los jóvenes hablen de la fe y de la religión? Yo veo ahí un cierto enfado. De todas formas, creo que a los jóvenes les seguimos fallando. No se van a encontrar con demasiadas referencias maduras que les acompañen. Estamos en un proceso que será lento en nuestra tierra. Necesitamos forjar referencias atractivas de matrimonios que se quieren, de religiosas voluntarias 24 horas, de sacerdotes cercanos. Eso es lo que están pidiendo los jóvenes.
¿Y qué tiene que hacer la Diócesis de Vitoria de cara a la gente joven?
–Primero trabajar unidos a la delegación de familia, a la delegación de evangelización. Es decir, trabajar transversalmente. Y es fundamental la participación de los colegios religiosos, la identidad de la educación religiosa, que está abierta a todos los credos y a todas las sensibilidades, pero que traiciona el mensaje de Jesús de Nazaret si no lo hace explícito y si no lo aterriza. La mitad de la enseñanza en Vitoria es de órdenes religiosas. Es importantísimo que vayamos de la mano Diócesis, colegios religiosos, delegación de juventud...
Sin que suene a peyorativo, lo cierto es que se está cada vez en una sociedad más envejecida. También más sola. ¿Cuál debe ser ahí el papel de la Iglesia?
–En este terreno social, las instituciones son las responsables de la respuesta que ofrece la sociedad. Pero ahí la Iglesia tiene una función subsidiaria de ayuda y de salto al paso donde la administración pública no llega. Por eso siempre ha estado atenta a las necesidades prioritarias. Con los mayores, veo que partimos de una gran ventaja, porque la mayoría tiene fe y están en un tiempo muy favorable a la práctica religiosa. De hecho, las residencias, independientemente de su ideario, nos solicitan cada vez más servicios religiosos, eucaristías, celebraciones... Los sacerdotes estudiantes también nos están ayudando en ese terreno. Igualmente, en el mundo de la salud, de los hospitales, la demanda del sacerdote es cada vez mayor. También tenemos que mirar hacia dentro en este sentido. Ahora estamos trabajando en la idea del acompañamiento a nuestros sacerdotes, porque con la edad hay un retraimiento social. Y hay quien tiene dificultades para ir incluso a actividades de la vida religiosa que les gustaría. Se está organizando un grupo para activarse entre los sacerdotes en un acompañamiento lúdico, conversacional, también para ayudar en temas médicos. Hasta dentro de la Iglesia y en sus agentes más cualificados, los sacerdotes, existe esta necesidad de cercanía, porque hay soledad, y hay que crear formas nuevas de llegar a ellos.
Ahora que me menciona esto, la Iglesia afronta un reto difícil con el relevo generacional. Algo a lo que, en la Diócesis de Vitoria, está ayudando el hecho de que esté viniendo curas de otras partes del mundo, como pasa en Laguardia, por poner un ejemplo.
–Hombre, es una de las vías de renovación, y es también un acicate para que, efectivamente, se movilice el mundo vocacional en el tejido social de la Diócesis. Cuarenta y tantos curas están haciendo tesis doctoral en la Facultad de Teología y eso es una riqueza enorme que nos beneficia mucho. Además, no hay que perder de vista que nuestros niños y adolescentes en las parroquias y en las catequesis son fundamentalmente migrantes que enganchan mucho mejor con estos sacerdotes.
Esa migración también hace que hoy en Álava otras confesiones sean mucho más numerosas que hace no tantos años. ¿Cómo es esa relación con esas otras comunidades religiosas?
–En la delegación de migraciones tenemos un contacto muy frecuente y muy bueno, muy fluido y cálido con musulmanes, con budistas que también están presentes en Vitoria, con otras confesiones cristianas, con iglesias nacionales ucranianas, rumanas, georgianas, iglesias evangelistas y hay una interactuación muy grande. A mí, como obispo, me valoran mucho que vaya a una celebración suya, me invitan en momentos concretos, quieren visibilizar esa relación. El mundo social está muy mezclado y todos formamos parte de esta tierra. Se fijan mucho en la actitud de la Iglesia como institución y la valoran.
...queremos decir y que ha quedado evidenciada la postura de cada uno. No de todas formas, no todo pasa o se queda en Vitoria. ¿Cuál debe ser la labor en el territorio?
–Hombre, la fuerza de la Iglesia siempre ha sido muy cercana y con instituciones lejanas. Aquí hay una conciencia muy viva del trabajo en común. Es un hábito que, más que en otras diócesis, el papel del laicado, la corresponsabilidad de los agentes pastorales laicos, está muy en el sentir del territorio, es algo que se ha cultivado durante muchos años. Así se puede acceder a lugares muy pequeños. La figura del sacerdote siempre ha sido muy cercana y, de hecho, el aprecio al clero de la Diócesis es muy importante. Son valores que no solo no se pierden, sino que están muy vivos. Estamos en condiciones de poder seguir alimentando ese esquema civil, el servicio de enseñanza o en los centros de salud, por poner dos ejemplos.
Está cumpliendo diez años como Obispo de Vitoria. ¿Qué cree que ha aportado? ¿Qué le queda por hacer?
–Mi mayor aportación es el entusiasmo. Vivo la fe con entusiasmo, muchísima alegría y esperanza. Eso, raras o no, se comunica. Estoy más animado que cuando llegué. Desearía jubilarme aquí. Soy consciente, con toda humildad, de que ha habido un crecimiento personal en mi vida y en mi corazón, de que mis esquemas raquíticos se han resquebrajado ante fuente de necesidades tan grandes, ante un horizonte de tanta variedad dentro de la Iglesia. Desde ese entusiasmo, queda seguir trabajando por el deseo de una Iglesia más cercana, transparente, misionera, auténtica y plural. Cabe que todos en la Iglesia —y yo tengo que alegrarnos de que haya variedad de ideas, e incluso críticas y oposición— todos somos Iglesia. Hombre, no me resigno ante el hecho de que algún grupo proponga su estilo como pensamiento único. Yo tengo que garantizar la universalidad, la variedad y la pluralidad de la Iglesia.
¿A eso responde el Consejo Presbiteral de la Diócesis, que acaba de vivir sus elecciones?
–Es un órgano especialmente importante. Al tener una representatividad tan grande entre los sacerdotes elegidos por sus compañeros, es como el Senado del Obispo en las materias de gobierno. Se van trabajando temas de futuro, proyectos de evangelización... Son cuestiones vitales para la Diócesis. Y sí, puede haber discusiones sobre algunos temas. Es normal porque la Iglesia de Vitoria es muy plural y nadie callará a nadie. Y aunque la última palabra la tiene el Obispo, no es la única. Hay que decidir después de escuchar a todo el mundo.
Estuvo con el actual Papa el pasado noviembre, un León XIV del que mucha gente dice que es de perfil mediático bajo. ¿Es verdad que igual ha tenido predecesores más presentes en ese sentido?
–Sí, estuve con él en noviembre, cuando fuimos como peregrinación jubilar de la Diócesis. Me reconoció, porque un año antes tuvimos una conversación en su dicasterio para los obispos. Yo fui a consultar algunas cosas de la Diócesis y quise hablar con él porque me parece que siendo estadounidense, Obispo en Perú y agustino, podía tener una visión muy global de la Iglesia. Estuvimos hablando como hora y pico. Fue una delicia. Le pude trasladar un poco lo que estábamos haciendo, cómo es la Diócesis, las escuelas, los puntos vulnerables... Me dio una luz de la que sigo viviendo. Lo último que me dijo es: pues usted siga trabajando pero que sepa que el fruto lo verá su sucesor, no lo verá usted. Es un hombre que trabaja a futuro y a mí me inspiró una serenidad. Cuando en noviembre le encontré, sí, bueno, me encontré con un hombre muy parco en la expresión: es que muy comedido y contenido, y también muy afable. Igual no tiene esa personalidad chispeante tan visible de otros. Pero lo personal no es lo institucional y yo sentí que estaba saludando a Pedro, que no era un líder con unas características determinadas sino que era Pedro. Que es el hombre que hoy es sucesor de San Pedro, guiando la Tradición de la Iglesia. Es verdad que el perfil periodístico es más bajo, si los medios de comunicación le quieren ver así. Pero lo cierto es que se ha bajado el sufle de la polarización de la Iglesia. Es un hecho que desde el principio se manipulaba mucho la figura carismática del Papa Francisco, y cada uno arrimaba el saco a su sardina, y que nos peleábamos entre todos por hacer una lectura sesgada de sus pontificados. Eso es un hecho, como también lo es que eso ha desaparecido. Sus escritos son contundentes. Yo le sigo día a día y realmente presenta una teología con una frescura y una profundidad enorme, al estilo de Benedicto. Lo que está haciendo el Papa dará fruto progresivamente pero ya hoy, en la relación interna de la Iglesia y en el tejido social de cada diócesis, se nota que hay más paz, más sintonía. Efectivamente se ha instalado en profundidad y trabajo en gran parte se lo debemos a él.
Dentro de no mucho tiempo acudirá tanto a Madrid como a Barcelona y Canarias. Seguro que desde la Diócesis de Vitoria se están haciendo preparativos para acudir.
–Habrá autobuses y viaje, pero se hará todo con sencillez. Es un trabajo de coordinación que estamos desarrollando. Yo, por mi parte, estaré en Madrid y Barcelona.
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