Evangelio del día: «Hoy hemos visto cosas admirables». Lc5,17-26

Evangelio comentado 1 mayo

Lee la Palabra de Dios y tómate un tiempo para meditarla. ¡Feliz lectura!

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Comentario por Sor Virginia, religiosa sanjuanista (San Juan de Acre, Salinas de Añana)

El Evangelio de hoy recoge una enseñanza difícil de entender: Jesús anuncia que se nos da como comida, aludiendo claramente al misterio de la Eucaristía, el gran regalo de Dios.

En toda tradición cultural, el pan es algo muy claro: representa el alimento básico que necesitamos para vivir. Es el modo más concreto de decir "comida".  El Señor usa esta imagen para aplicarla a la vida humana. Igual que sin comer y alimentarnos el cuerpo humano no se desarrolla con normalidad,  de la misma manera todo creyente necesita a Cristo para crecer y vivir como ser humano que ama y es amado, y se relaciona con todo lo que le rodea.

Jesús no sólo es alimento; es también nuestra mejor compañía. Una alegría compartida es mayor alegría, y una pena compartida es más llevadera. Por eso el Señor nos dejó un modo más íntimo de acompañarnos. Dios está en todas partes; pero su amor delicado le llevó a quedarse cerca de nosotros de un modo más especial en la Eucaristía. Esta presencia, esta compañía, es tan íntima que nos permite tenerlo dentro de nuestro corazón. Ya no es solamente un Dios que nos cuida, que está cerca de su criatura, es Alguien que entra en nuestra alma, que nos acompaña desde lo más íntimo de nuestro ser.

Sabemos que es vital comer parar vivir, que no podemos subsistir sin beber; conocemos nuestras limitaciones y debilidades. Por esto, sin el alimento de los sacramentos, sin nutrirnos de la Sagrada Escritura, el alma se debilita, pierde fuerza, y nos invade la anemia espiritual. Jesús, conociendo nuestra debilidad, nos recuerda que si no comemos su carne y bebemos su sangre, no tendremos vida en nosotros. Por eso, no debemos descuidar los sacramentos.

En estos momentos en que no nos es posible recibir al Señor sacramentalmente, hagamos con humildad y sencillez una verdadera Comunión espiritual, que aumentará nuestro deseo de poder recibir al Señor, este maravilloso regalo que Dios nos ha dado para acompañarnos en nuestro peregrinar en esta vida, en camino hacia nuestra verdadera patria.

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