Evangelio del día: «Señor, enséñanos a orar». Lc11,1-4

Evangelio comentado 20 abril

Lee la Palabra de Dios y tómate un tiempo para meditarla. ¡Feliz lectura!

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 1-8

Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta:
«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

Comentario por Antonio José Egea

El fragmento del evangelio de San Juan, al inicio del ministerio público de Jesús, nos muestra el diálogo entre Nicodemo y Jesús, centrado en el anuncio de Jesús de que para ver el Reino de Dios hay que nacer de nuevo; y la correspondiente pregunta de Nicodemo acerca de cómo se puede nacer de nuevo.

Hay algunos datos sobre Nicodemo que nos ayudan: es magistrado judío y va de noche a ver a Jesús. 

Su conocimiento de las Escrituras y, por tanto de la Ley, no le impide reconocer a Jesús como venido de Dios. Así pone el evangelista estas palabras en su boca “nadie puede realizar los signos que tu realizas, si Dios no está con él”. 

Y por otro lado, es en la noche cuando va a visitar a Jesús y mantiene esta conversación con Él. Nicodemo, aparece de nuevo en la tarde del Viernes Santo, con la mezcla de mirra y áloe para embalsamar a Jesús, ayudando a José de Arimatea. Esta era el atardecer o anochecer. Después, ya viene el relato de la Pasión, el de la Resurrección. 

En Nicodemo encontramos cómo la Ley y los Profetas viven en la noche. Pueden reconocer a Jesús como maestro y los signos que realiza como propios de alguien con quien está Dios. Sin embargo, la Ley y los Profetas por estar en la noche no ven a Jesús como Dios mismo. Permanecen en la oscuridad del Antiguo Testamento y no en la luz de Jesús resucitado que es el Nuevo Testamento.

De ahí que Jesús de a Nicodemo una respuesta acerca de que es necesario nacer de nuevo para ver el Reino de Dios. Nicodemo insiste en que cómo se puede nacer de nuevo siendo viejo.  Jesús se refiere, sin duda, al Bautismo, que nos saca de las tinieblas del pecado y nos hace renacer para la vida del Reino.

La renovación de nuestro Bautismo en los pasados días de la Pascua, ha blanqueado la vestidura de nuestra existencia. Dejamos atrás el hombre viejo y somos injertados en el Padre, haciéndonos sus hijos, incorporados a Cristo. Somos hijos en el Hijo.

Incorporados a Cristo, formamos un solo cuerpo “el cuerpo de Cristo es un solo cuerpo formado por una multitud de hombres de toda raza, y llega a su total perfección por el fuego del Espíritu Santo”, como dice San Gaudencio de Brescia, en el Oficio de Lecturas del jueves próximo.

El mismo Espíritu de Dios es el que sacude las vidas de los primeros apóstoles, atemorizados por los judíos, y les llena su existencia para anunciar con valentía la Palabra de Dios.

Así, pues, como ya no vivimos para la oscuridad, en la noche del pecado, hagamos como los apóstoles de la lectura primera: clamemos a Dios, que para Él somos sus hijos. Él nos colmará de su vida, de su Santo Espíritu y nuestra vida será anuncio y testimonio de la Palabra de vida que es Jesucristo. 

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