Homilía del Obispo de Vitoria por el Domingo de Ramos 2026

Compartimos el texto íntegro de Mons. Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria, leído durante la Solemne Misa de Domingo de Ramos en la Catedral de María Inmaculada de Vitoria celebrada el 29 de marzo de 2026.

 

HOMILIA DEL OBISPO DE VITORIA
MONSEÑOR JUAN CARLOS ELIZALDE
DOMINGO DE RAMOS 2026

 

Ya hemos estrenado la Semana Santa. Su objetivo es contemplar a Cristo para que él transforme nuestra vida. Sin embargo, esta repetición anual –nos decía el pregonero en quien me inspiro– no debe entenderse como algo meramente cíclico. Porque, aunque todos los años vivamos la Semana Santa, ninguno de nosotros es el mismo de un año para otro.

Habrá años en que nos sintamos como Pedro; otros en que nos parezcamos a los discípulos que huyen; otros en que nos identifiquemos con las mujeres fieles que permanecen junto a la cruz; o con la Verónica que enjuga el rostro de Jesús; o con el buen ladrón que, en el último instante, suplica: «Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Y también habrá veces en que nos descubramos entre quienes miran desde lejos, como si todo fuera un espectáculo, sin dejar que la pasión del Señor toque de verdad nuestra vida. Hay monjas que en sus monasterios se reparten los personajes para contemplar la Pascua ese año desde esa mirada.

Por eso, sería bueno preguntarnos: ¿cómo queremos vivir este año la Semana Santa?

Hay un pasaje del Evangelio especialmente iluminador: el de la hemorroísa. Jesús avanza entre la multitud camino de la casa de Jairo cuya hija está gravemente enferma. Y, de pronto, Jesús pregunta: «¿Quién me ha tocado?». La pregunta parece extraña, porque iba rodeado por la gente. Podría parecer que la pregunta debiera haber sido ¿Quién no me ha tocado?. Porque todo el mundo le estaba tocando en el tumulto en el cual caminaba. Pero Jesús distingue que alguien le ha tocado de modo diferente: el de quien se acerca con fe. Y eso provoca que salga fuerza de Jesús. Y eso provoca que la vida de la persona que le ha tocado se transforme.

También nosotros vamos a tocar a Jesús en esta Semana Santa. Pero la cuestión es: ¿cómo queremos tocarlo? ¿De un modo superficial, o con la fe que permite que salga fuerza de él y transforme nuestra vida?

De poco serviría asistir a las celebraciones o ver pasar las procesiones si todo ello no nos condujera a experimentar que Cristo resucita para darnos su vida. Cristo comparte con nosotros su triunfo sobre el pecado y sobre la muerte. Cristo nos hace partícipes de su resurrección.

Por ello, al comenzar la celebración de la Semana Santa, puedo preguntarme: ¿Qué esclavitudes tengo en mi vida cuyas cadenas quisiera que fueran rotas? ¿Qué partes de mi vida están muertas y necesitan resucitar? ¿En qué momentos me siento llevando una cruz y necesito un cireneo que me ayude a llevarla? ¿Cuándo me veo crucificado y quiero la presencia cercana de Dios? ¿Cuándo he gritado con decepción: «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» y espero una intervención divina? ¿Cuándo he recriminado a Jesús: «¡Si eres el Hijo de Dios, sálvate a ti mismo y a nosotros!», deseando que su presencia invada mi vida? ¿En qué situaciones experimento la soledad y anhelo la proximidad maternal de María?

Por tanto, vamos a celebrar un año más la Pascua de Jesús para que penetre en nuestras vidas y todos podamos vivir nuestra propia Pascua. Todos, como él, seamos transformados para construir su reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Seamos personas que construyen un mundo donde todos puedan vivir como hijos e hijas de Dios.

En el anuncio de la resurrección de Jesucristo que hizo Pedro el día de Pentecostés describió a Jesús como un hombre que pasó haciendo el bien. Ojalá, al final de nuestra vida, pueda decirse también de cada uno de nosotros eso mismo: que hemos pasado por este mundo haciendo el bien.

Este es mi deseo para todos vosotros: que la contemplación de los últimos momentos de la vida Cristo en estos días de Semana Santa no sea un mero recuerdo exterior, sino una experiencia viva; que esta Pascua toque vuestro corazón; que os haga pasar de la oscuridad a la luz, del miedo a la esperanza, del cansancio a la confianza, de la muerte a la vida. Cristo ha resucitado, resucitemos nosotros con él.

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

 

En la Catedral de María Inmaculada, Madre de la Iglesia,
Vitoria Gasteiz, a 29 de marzo de 2026, Domingo de Ramos

 

Puedes descargarte aquí la homilía en PDF.

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