Evangelio del día: «Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y, en la edad futura, vida eterna». Mc10,28-31

Homilías del Obispo de Vitoria en el Triduo Pascual

Transcribimos a continuación las palabras de D. Juan Carlos Elizalde, Obispo de Vitoria, pronunciadas en las celebraciones por el Triduo Pascual –Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual– que ha presidido en la Catedral de María Inmaculada, Madre de la Iglesia.

Jueves Santo

‘LOS MISMOS SENTIMIENTOS DE CRISTO JESÚS’

Comenzamos el Triduo Pascual en este día de Jueves Santo. Agradecemos la Eucaristía, el Sacerdocio y el Amor Fraterno. Desde el Cenáculo nos identificamos con Cristo que ardientemente quiere celebrar la Pascua con nosotros y adelanta su entrega: Este es mi Cuerpo que se entrega por vosotros; Esta es mi sangre que se derrama por vosotros.

¿Qué sentimientos tiene Jesús en el corazón durante aquella cena? Algo nos dice en aquella despedida: la amenaza de la traición y de la soledad, la declaración de su amor, el deseo de la unidad y el fruto entre los suyos y el final tan próximo. Pero ¿cómo llega Jesús al momento de entregarse en la Eucaristía?, ¿por qué decide adelantar la entrega de la cruz en la Eucaristía?, ¿qué pasa por su corazón en aquellos días?, ¿tenemos alguna pista antes de la cena? Sí, tres pistas, las tres predicciones de la Pasión.

Mientras que los apóstoles están encantados con los milagros, las masas, el éxito de Jesús, la restauración del reino de Israel y sus puestos de influencia, Él, profundamente insatisfecho, predice su Pasión por tres veces:

1.- DECEPCIÓN. Está decepcionado porque piensan como los hombres, no como Dios.

La  Antigua Alianza no da más de sí. Tanto tiempo con ellos y aún no le conocen. No se enteran del fuego del amor del Padre que Él es. Están en Cesárea de Filipo y les lanza su primera predicción de la Pasión: “Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías». Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!». Mc 8,29-33.

Están pendientes de sus miedos y expectativas. No acaban de ser conscientes del amor inmenso del que son destinatarios. Tan metidos en sí mismos, están ciegos a lo que tienen delante.

“Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. Mc 8,34-35

¿Cómo convencerles de que la Antigua Alianza ya ha finalizado porque Él es la novedad, la Nueva Alianza?, ¿cómo abrirles los ojos porque algo nuevo está brotando?, ¿no se dan cuenta de que Él está haciendo todo nuevo?

“Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios». Mc 14,22-25.

Su amor entregado en la Eucaristía el jueves, se consumará en la cruz el viernes. Nadie tiene más amor que el que da la vida por los amigos. Nadie me quita la vida, la doy porque quiero. Les adelanta el sentido por el que va a dar la vida. Ahora sí que va a poder amarles hasta el extremo, totalmente y para siempre.

2.- FRACASO. Jesús experimenta el fracaso de su misión porque son testigos de sus muchos milagros, pero no cambia su corazón. Siguen pensando en quién de ellos es el más importante.

Les decía en la segunda predicción de la Pasión: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Mc 9,31-35

Hasta los milagros se convierten en cotas de poder. “Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros». Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.” Mc 9,38-40.

“Se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti». Mt 11,21-24.

En su Evangelio, Juan en vez de narrar la Eucaristía expresará su vaciamiento y servicio describiendo el lavatorio de pies a sus discípulos. Es la respuesta de Jesús a sus resistencias a una conversión del corazón. “Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.” Jn 13,14-15.

Jesús acoge el gesto romano, asumido por los judios, que da entrada en la casa. Él es la casa, el dueño, el santuario, la puerta y el alimento. Lavados por Él, con Él a nuestros pies, nos sale desde la Eucaristía acoger, recibir, escuchar, ampliar la agenda, exponer nuestro espacio vital y dolernos por las heridas de los más vulnerables. Somos pan que no puede ahorrarse.

3.- IMPOTENCIA. La misión universal de Jesús topa con la visión raquítica de sus discípulos: sólo la restauración del reino de Israel. Su reino, su pueblo, su tierra, su raza y nada más. Es la tercera predicción de la Pasión:

“Estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará». Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?». Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Mc 10,32-37.

En Mateo, será la madre de Santiago y Juan quien tome la iniciativa, con la misma sensibilidad raquítica y partidista. Cree que ya es momento de concretar el proyecto: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». Les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos.” Mt 20,20-24.

El corazón de Jesús se suele representar en llamas porque arde en deseos de incendiar toda la tierra con su amor, de llegar a todas las situaciones y personas, de bautizar, curar y predicar hasta los confines del orbe. “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.” Jn 10,16.

“Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados.” Mt 26,26-28. Bebed todos. Los muchos es la totalidad. La entrega de Jesús tiene un horizonte universal que choca con nuestra visión pueblerina. La Eucaristía siempre amplía nuestro horizonte.

Tomados, bendecidos, partidos y repartidos. La Eucaristía siempre termina en misión, en envío. El lugar del Jueves Santo, el Cenáculo, es también el lugar de la Resurrección, el lugar de Pentecostés y del envío. Id por todo el mundo y predicad el Evangelio. La comunidad que nace de la Eucaristía es enviada hasta los confines de la Tierra. Es la Iglesia en salida hacia las periferias más pobres.

Refiriéndose a la Sagrada Eucaristía, Santo Tomás escribió que "Cristo instituyó este sacramento y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia". Sólo se puede extrañar lo que se ama apasionadamente. Sólo el que ama a Cristo sufre las tristezas de su ausencia, porque le extraña mucho. Muchas veces el enfermo no siente hambre aunque necesite del alimento. Nuestro mundo enfermo no siente hambre pero necesita como el comer de ese alimento. Ocurre también dentro de la Iglesia. Estamos trabajando en la Diócesis el tema de la liturgia. El problema, muchas veces, no es la celebración sino la inapetencia, la falta hambre, la falta fe. La Eucaristía es singular consuelo, el mayor consuelo. Es el único sacramento en el que no solamente obra Cristo, sino que Él está realmente presente de forma adorable, cosa que no ocurre en el agua del bautismo o en el óleo consagrado o en las manos del sacerdote.

Para explicar que la Eucaristía es fuente de alegría, Juan Pablo II afirmó en una homilía: "Cada vez que nos reunimos en la Eucaristía somos fortalecidos en la santidad y renovados en la alegría, pues la alegría y la santidad son el resultado inevitable de estar más cerca de Dios. Cuando nos alimentamos con el pan vivo que ha bajado del cielo, nos asemejamos más a nuestro Salvador resucitado, que es la fuente de nuestra alegría, una alegría que es para todo el pueblo (Lc 2, 10). Que la alegría y la santidad abunden siempre en vuestras vidas y florezcan en vuestros hogares. Y que la Eucaristía sea el centro de vuestra vida, la fuente de vuestra alegría y de vuestra santidad".

En la adoración eucarística tomamos conciencia de su presencia y de su identidad y la consecuencia es la alegría, una alegría que nadie nos puede arrebatar.

Ya hemos estrenado la celebración del Misterio Pascual. Es una única celebración en todo el Triduo Pascual. Por eso hoy no nos despedimos. Le adoramos y nos retiramos sin despedirnos. Y mañana, Viernes Santo, no hay saludo inicial, porque continuamos la misma celebración. Y tampoco nos despediremos porque entraremos en silencio en el silencio de la muerte. Continuaremos la misma celebración en la Vigilia Pascual con la bendición del fuego, y eso sí, con la Vigilia Pascual sí que culminaremos la celebración del misterio pascual. Vamos preparando el corazón con el lavatorio de los pies.

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

En la Concatedral de María Inmaculada, Madre de la Iglesia,
Vitoria-Gasteiz, 6 de abril de 2023, Jueves Santo

Homilía del Jueves Santo en pdf.

 

Viernes Santo

‘LAS PREGUNTAS DE JESÚS EN LA PASIÓN’

Cuentan de Fray Luis de Granada que su sermón de Viernes Santo con más fruto fue uno en el que no pudo pronunciar palabra, porque un llanto impetuoso e incontenible se lo impedía. Lloraba por lo que Cristo sufre por nuestros pecados.

La Pasión de Cristo conmueve, impacta, interroga, toca el corazón y transforma la vida. Es un manantial inagotable que sigue dando vida. Es un diamante que puede ser contemplado desde muchos ángulos. En cualquier caso siempre suscita preguntas y respuestas.

En el Evangelio de San Juan, Jesús hace 5 preguntas de hondas raíces antropológicas.

1.- ¿A quién buscáis?

Todos buscamos que nos quieran. No podemos vivir sin amor. Buscamos que alguien nos ame de verdad. La mayor parte de los casos de violencia juvenil o de tristeza en los ancianos es por la falta de atención y de cercanía de sus familiares. Jesús les respondió: “Yo soy”. Y cayeron por tierra los que le apresaban. Jesús responde con el nombre del Dios del Antiguo Testamento, con la firma de Dios, con la potencia de Dios hecho hombre. “Se levanta Dios y se dispersan los enemigos“, dice el Salmo 68. Eso es verdad, pero también lo es que Jesús de Nazaret contiene todos los tesoros de la ternura y misericordia de Dios, es el Yo soy del Éxodo que libera y salva. Él se ha vaciado en la Cruz y en nuestro dolor le reconocemos como el amor incondicional que sale a nuestro encuentro. Él se adelanta, Él nos busca primero, Él tiene sed de nosotros y apaga nuestra sed. Nos ama con amor de eros, le gustas, le atraes, te desea. Es la increíble respuesta de Dios. 

¿A quién buscáis? A ti Señor que sales a nuestro encuentro en la cruz.

2.- El cáliz que me ha dado mi Padre ¿no lo he de beber?

Jesús no quiere rebelarse. Lo dirá rezando en el Huerto: “Aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya.” Pasó del “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?” al “Padre en tus manos encomiendo mi Espíritu”. No se rebela porque se sigue fiando del Padre. A Jesús en la Cruz le salvó la memoria de la eterna fidelidad del Padre que nunca le falló.

El demonio nos tienta sembrando desconfianza de Dios. Nos presenta como incompatibles la obediencia –fidelidad a Dios– y la felicidad –fidelidad a nosotros mismos–. Es la gran mentira. Es una alternativa falsa. El que ama obedece, de alguna manera, porque está vinculado voluntariamente al ser amado. La desobediencia acaba en la desgracia y la obediencia, desde el amor, trae la felicidad, porque es seguimiento al Señor, que está más empeñado en nuestra felicidad que nosotros mismos. Hoy rebelión es sinónimo de libertad y no siempre es así. El que sistemáticamente sólo se obedece a sí mismo, acaba siendo un desgraciado y además, en soledad.

De corazón ¿acepto la voluntad de Dios sobre mi vida?

3.- ¿ Por qué me interrogas a mí? 

He hablado abiertamente en las plazas y en el templo. Pregunta a los que me han escuchado, le dice a Caifás en el juicio. Jesús no tiene varias caras, varios discursos, varios lenguajes o varias versiones. Jesús es de una pieza, como su túnica inconsútil. Los políticos de éxito tienen varios discursos según el auditorio. Los que viven de las redes sociales también. Es vital gustar, ser aceptado y reconocido. Da igual la propia identidad y conciencia. De Santo Domingo de Guzmán se decía que “su sencillez era completa”. En el día de Viernes Santo te pregunto, ¿cuántas caretas tienes? Jesús es auténtico.

“Más tarde, aquel centurión, «viéndole morir así, exclamó: Verdaderamente éste es el Hijo de Dios.” (Cf. Mc 15,39). Hay maneras de vivir y de morir que convierten. Jesús no se ahorró, asumió los costes que suponía encarnarse en una Humanidad pecadora, lo asumió voluntariamente y como signo del mayor amor. Del Señor nos podemos fiar, da la vida, no nos va a dejar tirados. “No te he amado en broma”, le dirá a la Beata Ángela de Foligno.

4.- ¿Por qué me pegas? 

Si he obrado mal dime en qué. Se lo dice al criado del Sumo Sacerdote. Ya lo dijo antes: He hecho muchas obras buenas, ¿por cuál de ellas me vais a apedrear? Cuando Pablo, camino de Damasco, pregunta ¿quién eres Señor?, la contestación llega hasta hoy: “Yo soy Jesús a quien tú persigues? ¡Si Pablo sólo perseguía a los cristianos! Jesús ha tocado las raíces del dolor humano y acompañamiento desde dentro a toda persona que sufre. Todo lo humano le pertenece y lo comparte. Hoy nos dice ‘¿por qué me pegas?’, desde los niños abortados en los vientres de sus madres, desde las mujeres esclavas en la trata, desde la violencia doméstica, desde la guerra de Ucrania, desde la persecución religiosa o desde el desafecto en nuestras comunidades.

¿Qué es lo que más le duele al Señor de mi? ¿ y a los míos?

5.- Dices eso por tu cuenta ¿o te lo han dicho otros de mi?

Se lo dice a Pilatos. ¿Eres un repetidor de la opinión pública? Las preguntas para nosotros: ¿de qué estamos realmente convencidos?, ¿cuáles son mis verdaderas convicciones?, ¿por qué estoy verdaderamente dispuesto a luchar y a dar la vida?, ¿qué hay en mi vida que no sea negociable? El diálogo con Pilatos se rompió cuando Jesús dijo: “Todo el que es de la verdad escucha mi voz.” ‘Y ¿qué es la verdad?’ preguntó escépticamente Pilatos. Ya desde entonces, Pilatos tiró la toalla y se lavó las manos. No le interesaba la verdad, ni la verdad de su corazón, ni la verdad de su mujer que había tratado de abrirle los ojos por el sueño que tuvo. Sólo sus planes maquiavélicos: el fin justifica los medios. Señor, en la Cruz, convénceme de tu verdad, llega a mi corazón. Que me convenzan tus llagas.

“Sus heridas nos curaron”. Lo dice Isaías en el capítulo 53 y será expresión importante para la primitiva comunidad cristiana porque se repite en 1 Pedro 2, 24. Dice el Papa Francisco que el Señor cura nuestra memoria huérfana, negativa y egoísta. Cura también nuestro entendimiento prepotente y elitista. Y cura también nuestra voluntad dictatorial y torcida muchas veces. La Pasión cura porque es garantía de Resurrección y derroche del Espíritu Santo.

En medio de todo el ruido de este mundo, hay un rostro que siempre está ahí. María, la Madre del condenado, entre el barullo de soldados romanos y del pueblo alborotado, no aparta la vista de su Hijo. ¡Cuántas madres hoy sufren con impotencia por sus hijos!

Al pie de la cruz, Ella será el signo más claro de que Jesús no es un maldito sino que sigue siendo el Hijo muy amado. Se puede ser el hijo muy amado y estar clavado en la cruz. El Hijo la necesitó al pie de la Cruz. No cualquier manera de vivir el dolor vale. Podemos malearnos, envenenarnos, amargarnos y endurecernos en el dolor. Necesitamos a la Madre. Estuvo magnífica al pie de la Cruz. Ni una palabra, pero subió al Calvario como madre de uno y bajo como madre de todos nosotros. Creció, se agigantó al pie de la Cruz. La única creyente al pie de la Cruz. Cuando Jesús entregó su Espíritu, ¿quién lo recogió? Santa María. Hubo un momento en que todo el Espíritu de Jesús lo tuvo Santa María. Hubo un momento en que toda la Iglesia fue María y después en Pentecostés, con María, el Espíritu para toda la Iglesia. La Iglesia hoy prolonga la maternidad de María.

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

En la Concatedral de María Inmaculada, Madre de la Iglesia,<
Vitoria-Gasteiz, 7 de abril de 2023, Viernes Santo.

Reflexión del Viernes Santo en pdf.

 

Vigilia Pascual

‘SOMOS LO QUE SOMOS POR LA VIGILIA PASCUAL’

¡Cristo ha resucitado! Jamás ha habido un anuncio tan importante, ni una noticia mayor. Nunca se han pronunciado palabras tan tremendas. "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¡No está aquí. Ha resucitado".

Nunca ha existido un motivo de tanta alegría. Jamás las palabras han evocado tanto. "Jesús les dijo: "Alegraos. No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán." Nunca ha pasado algo tan grande, tan maravilloso, tan revolucionario. ¡Claro que iremos a Galilea a anunciarlo y hasta los confines de la tierra! Aleluya, recuperamos la palabra prohibida en la Cuaresma. Aleluya, iniciamos la danza de la Pascua. Aleluya, es el cántico que brota del sepulcro vacío y que llena de alegría el corazón.

¡Alegría hermanos que Cristo ha resucitado! Cristina, Elvira y Tania lo entienden muy bien. Elvira y Cristina van a recibir el sacramento de la Confirmación y Tania va a ser bautizada. Va a recibir los sacramentos de la iniciación cristiana: el bautismo, la confirmación y la eucaristía. Y alegría grande para todos porque renovamos nuestro bautismo y es nuestro cumpleaños en la fe.

¿Cómo llega la Resurrección de Jesús a nuestra vida? Por la fe y el bautismo. ¿Por qué la Resurrección de Jesús es algo más que un hecho del pasado? Porque llega a nosotros a través de los sacramentos.

Lo decía Benedicto XVI en la Vigilia de 2012: “Pero, ¿cómo puede suceder esto? ¿Cómo puede llegar todo esto a nosotros sin que se quede sólo en palabras sino que sea una realidad en la que estamos inmersos? Por el sacramento del bautismo y la profesión de la fe, el Señor ha construido un puente para nosotros, a través del cual el nuevo día viene a nosotros. En el bautismo, el Señor dice a aquel que lo recibe: Fiat lux, que exista la luz. El nuevo día, el día de la vida indestructible llega también para nosotros. Cristo nos toma de la mano. A partir de ahora él te apoyará y así entrarás en la luz, en la vida verdadera. Por eso, la Iglesia antigua ha llamado al bautismo photismos, iluminación".

Durante siglos se recibía el bautismo sólo en la Vigilia Pascual. Por eso se decía que nosotros hemos llegado a ser lo que somos por la Vigilia Pascual. Aquello que celebramos en la Vigilia Pascual es lo que realmente nosotros somos. Somos personas resucitadas, transfiguradas, enamoradas, arrebatadas por la alegría. Si el amor y la vida han vencido al pecado y a la muerte, somos personas sanadas, rescatadas, agradecidas y llenas de esperanza y de ternura.

Lo que acabamos de proclamar es la historia de salvación y mi historia personal. Hemos recorrido el itinerario de la peregrinación interior al propio corazón. Y con un optimismo enorme porque el triunfo definitivo de Jesús que ha vencido al mundo nos asegura que va a estar con nosotros todos los días de nuestra vida. Alegría segura y duradera. Ya no vivimos de momenticos. Una alegría que nadie nos puede arrebatar, porque hemos sido amados incondicionalmente.

¿Qué te ha dicho el Señor en esta noche? Con el Génesis, “Vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno”. Por tanto el mal es un extraño y el pecado un indeseable. Y la Resurrección de Jesús, lo más bueno que ha ocurrido, como respuesta a nuestro pecado. “Con grandes mercedes castigabais mis delitos”, decía Santa Teresa.

A Isaac que preguntaba ¿dónde está el cordero para el sacrificio? responde Juan Bautista: “He ahí el cordero de Dios”. Y nosotros, los invitados a la mesa del Señor lo señalamos: “El que quita los pecados del mundo”. Jesús va a ser el cordero sacrificado por la Humanidad. El Padre no se reservó a su Hijo único.

Junto al Mar Rojo el Señor impide la pelea de los dos ejércitos. La nube, su gloria, se interpone. Es oscuridad para Egipto y para los poderosos y en cambio es luz para los pobres y para los humildes de Israel. La gloria de la nube, la presencia del Señor, está en los sacramentos de la Iglesia. Es luz para los sencillos, pero oscuridad para los arrogantes. La gente sencilla reconoce en la adoración eucarística al Señor, pero los orgullosos la desprecian.

El Señor ¿trabó las ruedas de sus carros? Las ruedas, los carruajes eran el orgullo de Egipto por su eficacia en las guerras. Pero la arena del mar se hundían y en cambio los pobres hebreos caminaban ligeros como David frente a Goliat. Siempre es la misma historia también en nuestra vida.¿Por qué nos hundimos tan a menudo?

Y cuando andamos hundidos en nuestros pecados ¿qué nos dice el Señor por Isaías? “Por un breve instante te abandoné, pero ahora con inmensa compasión te atraigo hacia mi. En un arrebato de ira , por un instante te escondí mi rostro, pero con amor eterno te quiero.” Es la reconciliación de los amantes. Dios como pidiéndonos perdón. ¡Éste es el Señor! El que nos prepara una mesa suculenta en el desierto de nuestra vida, cuando menos lo merecemos: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos, y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos”. El banquetazo de la Palabra de Dios. ¿Tantas lecturas? ¡Todas! Para eso tuviste la Cuaresma, para tener hambre. Si no tienes hambre es porque la has vivido como un pagano. Y no es por el tiempo que dura el leerlas. ¿Por qué sólo cronometras al Señor, para que no robe tu tiempo? ¿Por qué no cronometramos el tiempo para nuestras tonterías? Y en cambio necesitamos cristianos bien alimentados, con alimentos sólidos, no con papillitas, dice San Pablo.

“¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra extranjera, que estés contaminado entre los muertos, y te cuenten con los habitantes del abismo? Es que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si hubieras seguido el camino de Dios, habitarías en paz para siempre. Aprende dónde se encuentra la prudencia, el valor y la inteligencia; así aprenderás dónde se encuentra la vida larga, la luz de los ojos y la paz". Baruc nos dice una cosa muy importante. Que los dos enemigos de la Pascua son echar la culpa a otros y justificarte a ti mismo. Confesarse es lo contrario, es vivir la Pascua. Te quedas sin Pascua sin el sacramento de la penitencia.

Llegamos a la última lectura del Antiguo Testamento, la de Ezequiel: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos”. ¡Necesitamos un corazón nuevo! La única solución es un corazón nuevo.

Es lo que nos dice San Pablo: “Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.”

Termino con las palabras del papa Francisco en la Vigilia Pascual de 2021: “Es la maravilla de escuchar esas palabras: «¡No os asustéis! Aquel al que buscáis, Jesús, el de Nazaret, el crucificado, resucitó» (v. 6). Y después esa invitación: «Él irá delante de vosotros a Galilea y allí lo veréis» (v. 7). Acojamos también nosotros esta invitación, la invitación de Pascua: vayamos a Galilea, donde el Señor resucitado nos precede. Pero, ¿qué significa “ir a Galilea”?

Ir a Galilea significa, ante todo, empezar de nuevo. Para los discípulos fue regresar al lugar donde el Señor los buscó por primera vez y los llamó a seguirlo. Es el lugar del primer encuentro y del primer amor. Desde aquel momento, habiendo dejado las redes, siguieron a Jesús, escuchando su predicación y siendo testigos de los prodigios que realizaba. Sin embargo, aunque estaban siempre con Él, no lo entendieron del todo, muchas veces malinterpretaron sus palabras y ante la cruz huyeron, dejándolo solo. A pesar de este fracaso, el Señor resucitado se presenta como Aquel que, una vez más, los precede en Galilea; los precede, es decir, va delante de ellos. Los llama y los invita a seguirlo, sin cansarse nunca. El Resucitado les dice: “Volvamos a comenzar desde donde habíamos empezado. Empecemos de nuevo. Los quiero de nuevo conmigo, a pesar y más allá de todos los fracasos”. En esta Galilea experimentamos el asombro que produce el amor infinito del Señor, que traza senderos nuevos dentro de los caminos de nuestras derrotas. Es así el Señor, traza senderos nuevos de nuestras derrotas. Él es así, y nos invita a ir a Galilea para hacer esto.

Ir a Galilea, en segundo lugar, significa recorrer nuevos caminos. Ir a Galilea significa, además, ir a los confines. Hermano, hermana, si en esta noche tu corazón atraviesa una hora oscura, un día que aún no ha amanecido, una luz sepultada, un sueño destrozado, abre tu corazón con asombro al anuncio de la Pascua: “¡No tengas miedo, resucitó! Te espera en Galilea”. Tus expectativas no quedarán sin cumplirse, tus lágrimas serán enjugadas, tus temores serán vencidos por la esperanza. Porque el Señor te precede, camina delante de ti. Y, con Él, la vida comienza de nuevo”.

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

En la Concatedral de María Inmaculada, Madre de la Iglesia,
Vitoria-Gasteiz, 8 de abril de 2023, Vigilia Pascual del Sábado Santo

Homilía de la Vigilia Pascual en pdf.

 

Domingo de Resurrección

‘EL DOMINGO DE PASCUA Y NUESTROS DOMINGOS’

¡Feliz Pascua de Resurrección! Pazko Zoriontsua denoi! Beti!

“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quita del sepulcro”.

Es una vida nueva, el amanecer, el primer día de la semana, la nueva Humanidad. ¡Feliz domingo de Resurrección! De este momento vivimos todo el año y cada domingo del año actualizamos el acontecimiento más importante de la Historia.

Con Jesús, las primeras protagonistas de esta mañana de Pascua, las mujeres. Destaca Magdalena pero no es la única. Juan nos cuenta que el sepulcro vacío está en un huerto. Magdalena confunde a Jesús con el jardinero. La escena del huerto rememora el jardín de Cantar de los Cantares y el encuentro con el Amado. Jesús se ha desposado definitivamente con la humanidad. Es una escena pastoril: un huerto, un jardín, un prado y los perfumes. ¿Qué nos enseñan las mujeres en la mañana de Pascua? En una pascua juvenil lo resumieron los jóvenes en 5 palabras y lo memorizaron en una sola, por las iniciales: prado.

1.- PRISA

Todos son prisas y carreras en el día de Pascua. Las mujeres, Pedro y Juan, los de Emaús. Enterrado aprisa antes de que empezara el sábado, en el atardecer del viernes, tenían las mujeres una deuda con el cuerpo de Jesús. Van con prisa al sepulcro. “Las mujeres, dice el Evangelio, “fueron a visitar el sepulcro” (Mt 28,1). Piensan que Jesús se  encuentra en el lugar de la muerte y que todo terminó para siempre. A veces también nosotros pensamos que la alegría del encuentro con Jesús pertenece al pasado, mientras que en el presente vemos sobre todo tumbas selladas: las de nuestras desilusiones, nuestras amarguras y nuestra  desconfianza; las del “no hay nada más que hacer”, “las cosas no cambiarán nunca”, “mejor vivir al día porque no hay certeza del mañana”. Son palabras del Papa ayer en la Vigilia Pascual.

Sigue diciendo: “En cambio, las mujeres en Pascua no se quedaron paralizadas frente a una tumba, sino que - dice el Evangelio- “atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y  corrieron a dar la noticia a los discípulos” (v. 8). Llevan la noticia que cambiará para siempre la vida y la historia: ¡Cristo ha resucitado! (cf. v. 6).”

“El evangelista Juan narra que Pedro y él mismo, al oír la noticia que les dio María Magdalena, corrieron, casi como en una competición, hacia el sepulcro (cf. Jn 20, 3 ss). Los Padres de la Iglesia vieron en esa carrera hacia el sepulcro vacío una exhortación a la única competición legítima entre los creyentes: la competición en busca de Cristo.” Esto lo decía Benedicto XVI, el 11 Abril 2007

Distintas maneras de vivir la resurrección: uno corre más que otro, llega primero pero no entra, el que llega más tarde entra pero no ve, el que llegó antes entró más tarde pero vio. Pedro es la roca de la Iglesia, la institución, la jerarquía,la autoridad y el servicio. Juan es el amigo, el desafío evangélico, los carismas. Ambos roca y cimiento de la Iglesia de Jesús. Cabemos todos, distintos, compatibles, complementarios, incluso como en competición, pero en busca de Cristo. La Iglesia no tiene fuerzas que perder: caminemos juntos, sinodalmente y aprisa. El mismo Papa Benedicto comentando que los pastores fueron aprisa a Belen, se pregunta ¿Y nosotros, verdaderamente, para qué tenemos prisa? Porque prisa es apasionamiento, entusiasmo y entrega. ¿A qué nos entregamos realmente?

2.- RIESGOS

Las mujeres afrontan el piquete de soldados que custodian el sepulcro. No se avergüenzan de honrar a un condenado a muerte. Los apóstoles no toman en serio su testimonio, cosa de mujeres. Empiezan a comprobar que creer es arriesgarse. Aquellos hombres y mujeres no estaban preparados ni predispuestos a la resurrección, si no era al final de los tiempos. No le reconocen y se llenan de miedo. La resurrección se impone a los testigos: no soy un fantasma, comed, bebed; le ven, le tocan, le oyen. La resurrección les moviliza y alegra sin límite. De ser un saco de amargura se convierten en apóstoles intrépidos que afrontan la cárcel, la tortura y la muerte. Imposible esta valentía sin la Resurrección.

Para los discípulos es un acontecimiento tan real que la cruz. Dan testimonio de la resurrección y se dejan maltratar y matar por defenderlo. «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Act 5, 29). Salieron contentos de haber padecido estos ultrajes por Cristo (Cf. Act 5, 41). No se explica el martirio de los apóstoles, si la última experiencia hubiera sido la de la cruz. Sólo si ocurrió algo extraordinario, la experiencia de Jesús vivo, pudieron dar la vida por Él que ya lo había preanunciado. Imposible renunciar, siendo judios, al sabath, si en el domingo no hubiera ocurrido un acontecimiento tan sobrecogedor. Su testimonio es irreprimible y al final se produce la ruptura con Israel: Jesús no es un maestro más, es el Señor, el término que en la Vulgata se reserva para Dios.

3.- AMOR

El que ama afronta el riesgo. El que tiene poco amor se frena y acobarda. Aquella pecadora publica en casa de Simón, se arriesga y unge a Jesús mientras que los fariseos la juzgan. El amor be más lejos. Juan “vio y creyó.” Juan es el que al ver los lienzos tendidos, caídos, flácidos, desinflados, «vio y creyó» (Jn 20, 8). En el lago, ante la pesca milagrosa, es el primero en reconocer: «Es el Señor» (Jn 21, 7). Ver y creer. Ver y ver más allá. El creer prolonga el ser.

Tenemos indicios para creer pero con la suma de los indicios solamente no se llega a creer ni a amar.

Porque tenemos suficientes indicios no somos temerarios pero si no los trascendemos, si no nos arriesgamos y vamos más allá, ni creemos ni amamos. Se ve el signo y se cree en lo que el signo muestra y significa. Juan estuvo hasta el final. Acompañó el cuerpo de Jesús hasta el sepulcro y supo cómo quedaron las cosas allí. Cuando el domingo vio los envoltorios flácidos, desinflados, caídos,  sin el cuerpo que envolvían, vio y creyó.

En la Iglesia necesitamos testigos, no visionarios fanáticos, testigos, que reconozcan hoy al Señor en los signos de los tiempos de esta humanidad nuestra. Y ese reconocer al Señor es capaz de crear armonía en creyentes de sensibilidades y acentos tan absolutamente diferentes.

María Magdalena, esta mujer, se va a convertir en la primera mensajera de la Resurrección: recibe el dulce encargo de anunciar a los apóstoles que Cristo ha resucitado. Magdalena, es apóstol de apóstoles, porque evangelizó a los apóstoles. La santidad en la Iglesia depende de la cercanía del Señor, no de las responsabilidades, visibilidad, condición sexual o reconocimiento popular.

De ella había expulsado al Señor siete demonios, signo de su vida rota. Pero en adelante no se separó de Él. Allí estaba en la cruz. Pero está ahora también la primera en el sepulcro. Ilusión, desilusión y plenitud es el itinerario del cristiano. Nadie puede rescatarle de su dolor. Cuando el dolor es tan grande y estamos tan inmersos en él, sólo Jesús pronunciando nuestro nombre, puede sacarnos de nuestro ensimismamiento. Todos somos mediación. Sólo Jesús es el Señor y puede acceder a nuestro corazón sin mediaciones.

4.- DECISIÓN

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. El cristianismo no es una moral, es un encuentro con una Persona: Jesucristo.” Papa  Benedicto en Deus Carita est.

Aquellos hombres y mujeres se decidieron por Jesús. Es la determinada determinación de Santa Teresa. Y ¿cómo lo concretaron? Sigue diciendo el papa Benedicto: “San Lucas ha expuesto esto en los Hechos de los Apóstoles en la imagen de la Iglesia naciente y a partir de ahí ha dado cuatro reglas en las que se pone de manifiesto la esencia del permanente acontecimiento de Pentecostés, del Espíritu que siempre viene de nuevo, transforma y edifica. Él describe la Iglesia naciente con estas palabras: “Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunidad, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). Estas son las reglas por las que también hoy conocemos al Espíritu.”

Éste es el núcleo del domingo con su eucaristía dominical. “Los cristianos no podemos vivir sin el domingo”, decían los cristianos mártires de Alluta. Sin la eucaristía dominical no tenemos cristianos ni jóvenes ni mayores.

“Cada uno de nosotros conoce dónde tuvo lugar su resurrección interior, ese momento inicial, fundante, que lo cambió todo. No podemos dejarlo en el pasado, el Resucitado nos invita a volver allí para celebrar la Pascua. Allí. Recuerda tu Galilea, haz  memoria, reavívala hoy. Vuelve a ese primer encuentro. Pregúntate cómo y cuándo sucedió; reconstruye el contexto, el tiempo y el lugar; vuelve a experimentar las emociones y las sensaciones; revive los colores y los sabores.

Porque cuando has olvidado ese primer amor, cuando has pasado por alto ese primer encuentro, ha comenzado a depositarse el polvo en tu corazón. Y experimentaste la tristeza y, como les ocurrió a los discípulos, todo parecía sin perspectiva, como si una piedra sellara la esperanza.

Pero hoy la fuerza de la Pascua nos invita a quitar las lápidas de la desilusión y la  desconfianza. El Señor, experto en remover las piedras sepulcrales del pecado y del miedo, quiere  iluminar tu memoria santa, tu recuerdo más hermoso, hacer actual el primer encuentro con Él. Recuerda y camina; regresa a Él, recupera la gracia de la resurrección de Dios en ti. Vuelve a Galilea, vuelve a tu Galilea.” Son palabras también del papa Francisco ayer, en la Vigilia Pascual. Volvamos al domingo, recuperemos todos los domingos, aseguremos la eucaristía dominical: en ella nos jugamos la vida cristiana.

5.- ORACIÓN

“Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.” Eso es la oración. Lo acabamos de proclamar.

La oración nos señala tres direcciones: hacia arriba, más allá de los poderes de este mundo; hacia adelante, no hacia el sepulcro vacío sino hacia la comunidad, hacia el mundo; y hacia adentro, hacia el propio corazón, al redescubrimiento de nuestra propia identidad. Orar es comenzar siempre de nuevo, volver a Galilea.

Siempre es posible volver a empezar, porque siempre existe una vida nueva que Dios es capaz de reiniciar en nosotros más allá de todos nuestros fracasos. Incluso de los escombros de nuestro corazón —cada uno de nosotros los sabe, conoce las ruinas de su propio corazón—, incluso de los escombros de nuestro corazón Dios puede construir una obra de arte, aun de los restos arruinados de nuestra humanidad Dios prepara una nueva historia. Él nos precede siempre». Papa Francisco, Vigilia 2021.

“Perseveraban unánimes en la oración con María la Madre de Jesús.” ¡Ésta va a ser nuestra Pascua!

+ Juan Carlos Elizalde

Obispo de Vitoria

En la Concatedral de María Inmaculada, Madre de la Iglesia,

Vitoria-Gasteiz, 9 de abril de 2023, Domingo de Resurrección.

Homilía del Domingo de Resurrección en pdf.

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