Evangelio del día: «Haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos». Mt3,1-12

Vuelve a la Casa del Padre el sacerdote Honorio Ruiz de Arcaute

En la noche del jueves 3 de febrero volvía a la Casa del Padre el sacerdote y misionero alavés Honorio Ruiz de Arcaute. Tras 91 años de vida, deja tras de sí una impronta muy grande como sacerdote tanto en su Zurbano natal así como en el barrio de Arana, donde fue párroco, y en la residencia de Ajuria a la que asistió como capellán los últimos 15 años.

Además, Honorio fue pionero en la misión que la Diócesis llevó a Angola en 1959, siendo miembro de la primera de las misiones vascas en África. Desempeñó su labor en la zona norte del país hasta 1975 trasladándose después a la capital de Angola, Luanda, donde trabajó como párroco en un barrio muy pobre. Allí enfermó, lo que provocó su regreso definitivo a Vitoria en 1989, desde donde siguió apoyando la misión y su huella llena de proyectos, especialmente educativos, sanitarios y eclesiales, en favor de la población local más desfavorecida.

Este sacerdote y misionero destacó además por la publicación en 2015 de un libro con personalidad muy alavesa. ‘Antiguas palabras alavesas’ es una obra que recoge más de 6.000 vocablos, principalmente en castellano y algunos con declinación en euskera, tradicionalmente propios de Álava y que se fueron perdiendo con el paso del tiempo. Por decisión propia en coherencia con su espíritu misionero, Honorio quiso que los beneficios que se obtuvieran de la venta de este libro –más de mil ejemplares vendidos– fueran destinados a seguir apoyando a la población angoleña en la misión que la Iglesia mantiene en este país africano.

En esta publicación de 380 páginas, Honorio logró hacer un compendio donde rescató miles de palabras propias de Álava, la inmensa mayoría en desuso y que resalta la personalidad lingüística alavesa y su riqueza léxica. Comenzó a escribirlas con 10 años y las finalizó a los 85, con la publicación de este libro.

Ruiz de Arcaute siempre mostró su alegría y firme convencimiento en su vocación sacerdotal y su trabajo como misionero, animando a los jóvenes a explorar ese camino para ser sacerdotes y también ir de misión a países necesitados. De esta última etapa en el continente africano fue él quien agradecía a los angoleños por todo lo que les había enseñado, especialmente una fe en Cristo viva, alegre, y llena de bondad, donde la solidaridad y la acogida reinaban en todo momento. Todo ello está plasmado en dos libros que publicó sobre su vida en Angola. Entre los reconocimientos por su tarea como sacerdote y misionero destaca la de Caballero de la Orden de Isabel la Católica. Su funeral será el sábado 5 de febrero a las 17:30h en la parroquia de San Esteban de Zurbano.

Descanse en la Paz del Señor.

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