Así ha celebrado la Diócesis el final de este curso 2024-25
El sábado, 14 de junio, la Diócesis de Vitoria celebraba de una manera alegre y fraterna la segunda edición de la Fiesta Diocesana de Final de Curso 2024-25. A esta jornada festiva han acudido decenas de personas llegadas de distintos puntos de la Diócesis quienes han podido conocer rincones preciosos de nuestra Llanada Alavesa.
Así, los más de 250 participantes llegados de distintas parroquias de Vitoria así como de la zona rural alavesa han festejado este final de curso por segundo año consecutivo, tras la primera edición el pasado año, en Logroño y Laguardia. En esta ocasión, personas de todas las edades y perfiles han tenido la oportunidad de conocer distintos lugares de la Llanada Alavesa, como el dolmen de Eguílaz, el pueblo de Zalduondo o la localidad de Salvatierra-Agurain, donde celebramos la misa en la monumental iglesia de Santa María.
Divididos por grupos identificados con llamativas pulseras de colores a modo de rosarios, las decenas asistentes han ido adentrándose en el rico patrimonio cultural y religioso de esta zona de Álava gracias a las explicaciones de expertos en los lugares visitados.
La Eucaristía ha sido presidida por el Obispo de Vitoria, D. Juan Carlos Elizalde, quien ha apelado en su homilía a la paz y a su defensa "comenzando por redes cercanas y así exportarla a todo el mundo”. Además, han concelebrado el Vicario General, D. Carlos García Llata, vicarios episcopales y cerca de 40 sacerdotes de Vitoria y de varios pueblos de la Diócesis así como claretianos de Agurain.
Con esta cita se pone fin y se da gracias por este curso diocesano de una manera fraternal, con varias visitas culturales, una misa, comida popular en el convento de los Claretianos y un baile por la tarde para regresar a Vitoria.
Este encuentro festivo fue impulsado por nuestra querida Susana Aréchaga, que en la fiesta de Pentecostés volvía al Padre, y quien fue la responsable de Patrimonio Histórico-Artístico y Documental de la Diócesis. A ella se le ha tenido muy presente tanto en su organización como en el día de hoy, especialmente en la misa y en la comida. Un gracias al Cielo para ella por esta preciosa jornada que tiene su huella.



















