Evangelio del día: «Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará». Jn16,12-15

Inicio de curso de Cáritas Diocesana de Vitoria

inicio-curso-caritasAyer, en el colegio Marianistas, tuvo lugar el tradicional encuentro de inicio de curso para los y las agentes de Cáritas.

La eucaristía fue presidida por el Sr. Obispo, D. Juan Carlos Elizalde, a quien acompañaron Javier Querejazu, delegado episcopal de Cáritas, y los sacerdotes de la zona de Lakua-Sansomendi, encargada de preparar la celebración: Antonio Ruiz de Vergara, Carlos García Llata y Fermín Nuevo.

Junto a ellos,  voluntariado y personal técnico de Cáritas y el coro de la parroquia de Santa Josefa. Entre las ausencias, el director, Santos Gil, que no pudo sumarse al encuentro pero a quien se le tuvo presente durante la celebración.

No somos olas, somos mar

En la homilia, D. Juan Carlos Elizalde llamó a renovar el compromiso con la acción de Cáritas cargados de la única fuente inagotable de la que disponemos: el agradecimiento. Otras fuentes como la solidaridad, la gratuidad, la salud... corren el peligro de desvanecerse por la saturación y el agotamiento.

Recuperando una anécdota personal, el obispo ofreció una identificación con las olas que irremediablemente van a la orilla a romperse, como visualización del desgaste por la entrega y la dedicación a las diferentes tareas. Una identificación sencilla que se deshizo a continuación en el planteamiento de una firme constatación: "No somos olas. Somos mar. Tenemos que estar animados estemos en la cresta de la ola o no. Somos enviados ayudando desde la humildad que suma y tiene resultados magníficos. Es la forma de no quemarnos: sentirnos enviados del Señor".

Incondicionalmente amados

Elizalde quiso enmarcar sus palabras en la celebración del Jubileo de la Misericordia: "Nos sentimos incondicionalmente amados. El amor de Dios no hay que ganárselo, lo tenemos. Y eso da mucha energía".

A través, nuevamente, del relato de una vivencia personal, el obispo Elizalde ofreció la interpretación que San Juan de Ávila hace del pasaje del éxodo del pueblo judío: "el temblor que los israelitas sienten al contemplar a los egipcios tras de sí en su intento por cruzar el Mar Rojo es el malestar ante los errores del pasado. Malestar que desaparece tras atravesar las aguas, que representan el corazón de Dios y su misericordia que se abre para ti y te permite ver tu pasado sin sufrir".

D. Juan Carlos añadió que "la bondad y la caridad no son exclusivas de los cristianos, pero tenemos un plus de motivación: Jesús de Nazareth como fuente de misericordia, Jesús que se da por nosotros". Para finalizar, el encargo de una tarea que desempeñar a lo largo del curso que arrancó ayer: "¿Quién es este de quién oigo tales cosas? Decían de Jesús. Que cada uno responda con su estilo único a esta pregunta, que la gente lo intuya cuando nos vean".

Agradecimientos

Al cierre de la eucaristía, el delegado de Cáritas, Javier Querejazu quiso poner en valor la presencia allí tanto del obispo como del resto de personas asistentes y agradecer, en particular, -bebiendo así de esa fuente de energía inagotable-  la dedicación de la Cáritas organizadora de la celebración, del coro y la oportunidad de compartir junto a las personas usuarias "porque nos rebelan un rostro muy real de Dios y de nosotros mismos".

El encuentro continuó con el piscolabis preparado por el grupo de voluntarias que cada año facilitan este otro espacio más distendido de charla y saludos. Gracias, un año más, también a ellas.

Con el agradecimiento impregnado en nuestros corazones, nos queda ahora la tarea de seguir respondiendo al envío de la Iglesia de acompañar y atender las necesidades de las personas más desfavorecidas de nuestra sociedad. ¡Ánimo!

Crónica: Cáritas Diocesana de Vitoria

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