Evangelio del día: «El buen Pastor da la vida por las ovejas». Jn10,11-16

El alavés Nicesio Pérez del Palomar ya es beato

El sábado 22 de octubre de 2022 fueron beatificados en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena, en Madrid, doce mártires redentoristas, encabezados por el P. Vicente Renuncio Toribio y pertenecientes a las dos comunidades que en 1936 la Congregación del Santísimo Redentor tenía en Madrid –el Santuario del Perpetuo Socorro en Chamberí y la Basílica de San Miguel en La Latina–.

El decreto por el que se declaraba su martirio había sido autorizado y aprobado el 24 de abril de 2021.

La celebración fue presidida por el delegado apostólico, el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos. Así, los redentoristas y toda la Iglesia daban gracias a Dios por este carisma y por estos doce religiosos misioneros –sacerdotes y laicos– que, además de predicar el Evangelio y anunciar a Cristo Salvador, fueron fieles a su fe y vocación, anunciaron la salvación y misericordia de Dios en medio de la persecución y derramaron su sangre como expresión de entrega generosa, amor a Dios y perdón y reconciliación para todos.

Entre los doce mártires beatificados, se encontraba el hermano Nicesio Pérez del Palomar Quincoces, originario de la Diócesis de Vitoria.

Nació en Tuesta, Álava, el 2 de abril de 1859; sus padres se llamaban Rufino y Leona. El mismo día fue bautizado en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora de su pueblo natal. Y fue confirmado, ya adolescente, en Espejo. Participó en las guerras carlistas en las listas de los liberales y, cuando contaba poco menos de 25 años, entró como postulante en El Espino, Burgos. Profesó como redentorista el 30 de marzo de 1891.

Emitida su profesión, marchó a Contamine, Francia, para aprender horticultura y apicultura y así desempeñar más tarde el oficio de hortelano, trabajo en el que será una autoridad indiscutible entre los redentoristas. A mediados de 1901 el Provincial le pidió que cambiase de oficio y aprendiera el arte de la Maestría de obras. Da comienzo en su vida un incesante ir y venir de casa en casa solicitado por las necesidades de éstas, ya en las obras, ya en la carpintería, ya en la huerta. En 1934, ya mayor, fue destinado a la casa Perpetuo Socorro, de Madrid. Cuando estalló la persecución, salió del Santuario del Perpetuo Socorro acompañado del hermano Gregorio Zugasti.

Encontraron refugio en diversos lugares, pero fueron detenidos el día 14 de agosto de 1936 y encarcelados en Madrid. Dos días después, en la madrugada del 16 de agosto, fueron llevados a Vallecas para estar en otra cárcel, pero en mitad del camino les bajaron del vehículo y, allí mismo, les dispararon, matándolos en el acto.

La Diócesis de Vitoria celebra su testimonio y da gracias a Dios por este nuevo beato alavés.

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