Evangelio del día: «Haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos». Mt3,1-12

Nota ante la carta pública dirigida al Obispo

Ante la carta, firmada por cuatro personas, y que ha sido compartida hoy en un medio digital, el Obispado de Vitoria, consciente de trabajar por todos y cada uno de los fieles que nutren a la Diócesis, hace pública, desde la fraternidad y el respeto, esta reflexión:

La Diócesis de Vitoria se refleja en una larga trayectoria histórica como transmisora de la fe en Cristo Resucitado y facilitadora de experiencias personales que acerquen a Dios todos los hombres y mujeres que viven y desarrollan su proyecto en este territorio.

El Obispo de Vitoria, D. Juan Carlos Elizalde, fue nombrado por el Papa Francisco en enero de 2016 tomando posesión en marzo de ese mismo año. En sus primeras palabras en la Catedral de María Inmaculada, llena de fieles que querían arroparle en su primer día al frente de la Diócesis, D. Juan Carlos Elizalde afirmó, entre otras palabras, que venía a servir y a trabajar por las nuevas vocaciones en la nueva evangelización. Su primer acto ese mismo día tras la eucaristía fue junto a inmigrantes en el Casco Histórico de la ciudad. Su primer viaje como Obispo fue a Ecuador para mostrar el apoyo a las misiones vascas. Su primer año recorrió las distintas zonas pastorales conociendo personas y dándose a conocer.

En estos apenas seis años al frente de esta Diócesis, son más de una treintena las Cartas Episcopales que ha dirigido a la comunidad cristiana tocando temas como la familias, los jóvenes, los sacramentos, las vocaciones, los migrantes, etc. Temas que son de importancia para la Iglesia y que el Papa Francisco pide que cuidemos y promocionemos.

En medio de estos primeros años de episcopado, en marzo de 2020 irrumpió la pandemia, siendo la Diócesis de Vitoria la primera en tomar medidas drásticas que frenaran los contagios para salvar vidas y proteger a los más mayores. Ante el confinamiento y la incertidumbre que esta situación provocaba en todos los ciudadanos, el Obispo de Vitoria celebró misas en formato online para llegar a todos los hogares, compartiendo además todos los días durante las duras semanas de cierre total una catequesis como ánimo y cercanía de la Iglesia alavesa a todos los fieles.

En marzo de ese año, la Conferencia Episcopal Española le nombró responsable para los asuntos que tienen que ver con algo tan importante para nuestra sociedad como es la inmigración, los refugiados y la trata de personas, reforzando así el papel de la Iglesia en estos asuntos y ofreciendo en varias ocasiones al Gobierno de España todos los recursos diocesanos ante cualquier emergencia humanitaria. El Obispo de Vitoria ha repetido reiteradamente que la Iglesia es lo suficientemente grande para acoger todas las sensibilidades y carismas, que la Iglesia es inclusiva y no excluyente y que hay espacio para todos. Es evidente la alta cantidad de encuentros que mantiene semanalmente desde su comienzo como Obispo con personas llegadas desde cualquier punto de la Diócesis, donde el diálogo y la escucha son las protagonistas.

Basta recorrer las parroquias para percatarse de la alta pluralidad que existe en los estilos de celebrar, de cuidar los sacramentos, de tratar con jóvenes o de atender a enfermos, mayores o personas sin recursos. Los departamentos diocesanos, reforzados en los últimos años, están trabajando con muy variadas formas de entender la fe. A nadie se le ha cerrado la puerta, todo lo contrario. Se ha escuchado, asimilado, argumentado y potenciado movimientos y grupos de toda índole, algunos de ellos incluso nuevos o anteriormente no aceptados, siempre parte de la Iglesia de Vitoria en comunión con Roma.

Lamentablemente, la carta de estas cuatro personas que firman responde a una visión de Iglesia anacrónica, uniforme, ideologizada y secularizada, algo que cualquier fiel puede ver como nocivo para la transmisión de la fe y la posibilidad de facilitar experiencias de Dios. Su misiva bien podría ser una carta que cuestiona el magisterio del Papa Francisco por ser una crítica a lo que el Santo Padre recuerda en muchas ocasiones: favorecer e impulsar una Iglesia abierta, en salida, plural, sacramental, vocacional tanto en el sacerdocio como en la vida consagrada y en el matrimonio y que atienda a los más pobres y vulnerables de la Tierra.

Estas cuatro personas firmantes desatienden los retos a los que nos enfrentamos. Ante la falta total de vocaciones y el enorme envejecimiento del presbiterio alavés, el impulso de las vocaciones es un reto. No podemos negar a los jóvenes la alegría del Evangelio. Los 20 seminaristas actuales son una bocanada de aire fresco que nos da esperanza. Junto a estos, los jóvenes sacerdotes estudiantes llegados de otros puntos del planeta y la Facultad de Teología, refuerzan la vida del Seminario.

Además son muchas las actividades que se vienen desarrollando en este lugar, tanto de familias, como de jóvenes entre otros. Los pobres y marginados de la sociedad están en el corazón de la Diócesis. Más del 40% del presupuesto diocesano está destinado a la caridad. El rostro de Cristo está en el rostro de los últimos y más necesitados. Rezamos y trabajamos para lograr todo esto.

La Diócesis tiene que ser de todos y para todos y no desde claves excluyentes ajenas a la Iglesia Universal y que han conducido a una iglesia local descafeinada, muy envejecida y bastante estéril. En este sentido, se percibe asimismo un cierto hartazgo de muchos cristianos de muchas comunidades hacia las prioridades y acentos que han predominado en las últimas décadas y donde la fidelidad a Jesús en su Iglesia no siempre se ha podido reconocer.

En la diversidad está la riqueza de la comunidad cristiana. Ser cristiano supone, además de ser seguidor de Jesús, tener en nuestro interior aptitudes de acogida, fraternidad, alegría, apertura y hospitalidad ante lo nuevo. No sería creíble nuestro mensaje de acoger al migrante y al refugiado si dentro de las comunidades de la Iglesia de Vitoria hay quien no acoge al cristiano que piensa de manera distinta.

La Iglesia es la suma de todos, donde nadie sobre y donde todos nos necesitamos. En este momento sinodal, con reuniones de fieles, especialmente en todas las parroquias, animamos a escucharnos más, a conocernos mejor y a contemplar que en la variedad está la riqueza.

Invitamos a estos cuatro firmantes, como lo hacemos con todos los fieles de la Diócesis, a sumarse a este proceso sinodal que se está desarrollando en todas las comunidades, donde el Obispo de Vitoria está especialmente involucrado, para que se siga abriendo las puertas a todas las personas, creyentes y no creyentes, escuchando y reflexionando sobre los retos del futuro y que a todos nos afecta.

 

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