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La Felicidad siempre viene de la mano del Amor, que es Servicio – Misa de San Prudencio

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Senideok: Ongi etorri, Fede ospakizun honetara. Autoridades civiles y religiosas, sacerdotes y laicos, religiosas, religiosos y familias, devotos de S. Prudencio, gasteiztarras y alaveses, amigas y amigos todos, ¡Feliz día de San Prudencio!

Os deseo las palabras del evangelio de hoy: ¡Felices, bienaventurados, dichosos! Estamos en medio de la fiesta y la fiesta es un paréntesis de felicidad en medio del trabajo y el esfuerzo. Llevamos una promesa de felicidad en el corazón y la fiesta es un anticipo de lo que nuestro corazón anhela. La búsqueda de la felicidad es el criterio personal y social de nuestro actuar y en ello estamos. Pero nos encontramos ante un misterio.

Quien más, quien menos, ha experimentado que cuando tratamos de atrapar la felicidad directamente, cuando nos centramos en querer ser felices nos sentimos profundamente insatisfechos. La felicidad se nos escapa como el agua entre las manos. La felicidad es consecuencia, llega cuando no la buscamos directamente, la saboreamos cuando aparece, cuando se nos da, cuando la recibimos. Y es que es un don que nos llega de rebote. Tiene que haber un mínimo de olvido de nosotros mismos para sorprendernos felices.

Y es que estamos bien hechos, estamos hechos para amar y ser amados. Nuestra estructura es dialógica, dialogal, en relación; somos personas. Cuando no nos percibimos amados creemos que nuestra vida no tiene sentido y por el contrario cuando nos aman tocamos la felicidad. Querer ser felices directamente, nos encierra en nosotros mismos y cuando salimos de nosotros, cuando nos olvidamos de nosotros mismos y amamos, nos percibimos como consecuencia felices, dichosos, bienaventurados.

Yo sé lo digo mucho a los jóvenes. Cuando van a una fiesta a comprobar si tienen verdaderos amigos acaban amargados y cuando se olvidan de sí mismos y ponen su corazón allí donde están, vuelven contentísimos. Les han dado mucho más de lo que ellos han puesto. Biztu gugan bizitzeko gogoa: gauza txiki eta handien poztasuna, zure maitasunaren ezaugarri diren guztiena.

Sólo cuando nos entregamos de corazón a una persona, a un proyecto o a una tarea, podemos saborear algo de la felicidad que nuestro corazón ansía. Hay una frase que Pablo dice que es de Jesús y que no aparece en el Evangelio: “Hay más alegría en dar que en recibir”. Difícil de explicarla pero verdadera.

Cuando proclamamos que “el amor es comprensivo, servicial, paciente, que no se engríe, que aguanta sin límite, que perdona siempre” ¿no estamos diciendo que sólo olvidándonos de nosotros mismos podemos amar de verdad?

Estamos ante una paradoja: sólo somos felices cuando amamos y nos aman pero amar implica olvidarnos de nosotros mismos, renunciar a nosotros mismos y posponernos.

¿Os acordáis de las palabras de Jesús?: “Si el grano de trigo no muere no da fruto pero si muere da mucho fruto. Quien quiera ganar su vida la perderá pero quien la pierda la salvará”. ¿Verdad que padres y madres las entendéis muy bien? Cuando por vuestros hijos habéis renunciado a comodidad, independencia o tranquilidad habéis sido felices porque vuestros hijos lo son todo. El sacrificio es la medida del amor y por tanto condición indispensable para la felicidad.

Cuando la entrega sacerdotal, religiosa o matrimonial pierde brillo, atraviesa una crisis o desaparece parte del atractivo sensible, no estamos ante una maldición sino que es la ocasión privilegiada de amar a la otra persona, a los otros, gratuita y desinteresadamente. Es la ocasión de madurar en el amor y por tanto de ser felices superando y dominando nuestra sensibilidad y la tiranía de nuestras apetencias o repugnancias. Los clásicos ya lo sabían. Cuando Ulises quiere volver a Ítaca para abrazar por fin a su mujer Penélope sabe que tiene que atravesar el lugar fatal donde ante el canto de las sirenas los barcos viraban el rumbo y naufragaban. E ideó una argucia. Tapó con cera los oídos de sus marineros y él se hizo atar al palo mayor de la nave con los oídos destapados. Cuando escuchó el cántico de sirenas enloqueció y dio órdenes a sus marineros para que cambiaran el rumbo de la nave. Éstos que no oían ni a las sirenas ni a su jefe condujeron impertérritos la nave hasta Ítaca. Nos atamos para asegurar el amor porque el amor siempre corre peligro. Kierkegaard dice que “sólo cuando tenemos obligación de amar queda asegurado el amor”. En la fiesta somos conscientes de lo mucho que tiene que ver el amor en nuestra felicidad y de la dosis de sacrificio y renuncia que éste conlleva. Sólo quien lo sepa afrontará las dificultades cuando lleguen. Quien no lo sepa hará lo que pueda. Eta, hemendik aurrera, ezagutzen dugu zoriontasunaren, osotasunaren, alaitasunaren, biziaren bidea: JESU KRISTO.

“Nadie tiene más amor que el que da la vida por los amigos… Habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo”. ¿Reconocéis las palabras de Jesús? ¿Reconocéis sus signos? Se inclinó para lavar los pies de sus discípulos, entregó su cuerpo, derramó su sangre y perdonó a sus enemigos. Jesús transparenta la manera de ser de Dios sirviendo, vaciándose, muriendo para dar vida. Jesús es un servidor, el Servidor. Su servicio, su manera de amar, nos ha traído la felicidad y una manera nueva de relacionarnos y de tratar de construir un mundo de hermanos.

San Prudencio es también un servidor. Un servidor de Dios en Soria. Un servidor de la comunidad en Tarazona. Un servidor de la paz en Burgo de Osma. Le pedimos que interceda por nuestra tierra como patrono de Álava y de la diócesis de Vitoria. Le pedimos que nos haga entender que no hay felicidad personal sin los otros, que no hay amor sin sacrificio y que no hay servicio fácil. Que nuestros partidos políticos absoluticen el servicio a la ciudadanía y no sus visiones parciales e identitarias. Que nuestra Iglesia sea una Iglesia servidora de los pobres y en camino hacia las periferias, capaz de reaccionar ante los retos de nuestro tiempo. Que nuestros jóvenes cifren su felicidad en la entrega a grandes proyectos sin conformarse con ser consumidores de vida de familia o del estado de bienestar. Que los últimos sean los primeros no sólo en el Reino de los cielos. Que San Prudencio nos conserve la paz y nos dé un corazón agradecido para agradecerla. San Prudentzio, Pakearen aingerua da. Senideok: kristau izatea, San Prudentzio bezala, Jaunaren nahiaren arabera bizitzea da.

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

Vitoria-Gasteiz, 28 abril 2017

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