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Navidad, la esperanza que no defrauda

luz
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El optimismo defrauda. En cambio, San Pablo dice que “la esperanza no defrauda” (Rom 5, 5). Esperamos porque recordamos. Cuando en los Cuentos de Navidad de Dickens, el avaro recuerda su Navidad de la infancia, se caldea su corazón y puede afrontar su futuro inmediato con ánimo. Esperamos porque Él espera. Porque el Señor tiene muchas esperanzas puestas en nosotros, nosotros tenemos esperanza. Su esperanza precede a la nuestra.

Senideok: Abendualdi eta Eguberri jai zoriontsuak! Gaurko egunak poza eta alaitasuna dakarzkigu. Jesusen jaiotza gaurkotzen dugu. Jauna gurekin dugu, gure artean. Gure historian lagun izatera etorri da, gutariko bakoitzarekin ibiltzera. Jainkoa gizon egin zaigula ospatzen dugu, Jainkoak lortu duela gurekin eta gu bezala bizitzea. Jainkoa Belengo Ume samur gisa agertzen zaigu.

Me gustaría compartir con toda la Diócesis algunas claves de esperanza en este tiempo de Adviento-Navidad con sus correspondientes concreciones:

Tenemos esperanza porque Dios está con nosotros

Desde que “El Verbo se hizo carne”, Dios es uno de los nuestros, nos entiende por dentro, comparte nuestra suerte y asume nuestra condición. Los santos padres, como San Atanasio, lo formulan rotundamente: “Uno de la Trinidad es hombre. Se hizo hombre para que nosotros llegáramos a ser Dios”. Sartre en una obra de teatro de Navidad para sus compañeros franceses en la guerra, pone en labios de la Virgen contemplando al niño estas palabras: “Es Dios y se me parece”.  Ortega y Gasset saca consecuencias: “Si Dios se hizo hombre, ser persona es lo más grande que se puede ser”. Belén es el comienzo de la gran locura y la existencia de Jesús ha generado un torrente de alegría incontenible: “Alégrate María llena de gracia, el Señor está contigo ” (Lc 1,26). “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos la criatura saltó de alegría en mi vientre ” (Lc 1,44) exclama Isabel. Los ángeles anuncian a los pastores “una gran alegría que lo será para todo el pueblo” (Lc 2,10). Y los magos “al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría” (Mt 2,10).

Nadie, jamás nos podrá arrebatar esta alegría. Ninguna desgracia será mayor que la certeza de que Dios está con nosotros y apuesta por nosotros. Nos empapamos de esta alegría que responde al deseo de nuestro corazón. El mejor Plan de Evangelización será el que mejor transmita esta alegría. La mejor pastoral es la que más contagie esta alegría. Estos días lo tenemos especialmente fácil. Aprovechemos para ir más allá de los de siempre.

Abendualdia eta Eguberri Festaburua argia eta grazia da, Jaungoikoaren opari ezin ederrago hau goi-dohain bezala onartu dugunontzat: bere Seme gizon egina, gure bidelagun gertuko eta maitagarri egina.

Tenemos esperanza porque Dios está en nosotros y para siempre

Para Festos, el gobernador que en Cesárea del Mar iba a juzgar a Pablo “se trata de un difunto llamado Jesús que Pablo sostiene que está vivo”. Nosotros con Pablo sostenemos que Jesús está vivo y que actúa en nosotros y en esta humanidad nuestra. Cada uno podemos afirmar: “El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha ungido” (Lc 4,18). Pentecostés sigue siendo hoy y volvemos a creer en las posibilidades de su Espíritu en nosotros. El Verbo que se hizo carne acontece en cada Eucaristía. El misterio de la Navidad se actualiza en la Eucaristía. Las Eucaristías de cada domingo de Adviento, las solemnidades del 25 de diciembre, 1 o 6 de Enero o los Domingos de la Sagrada Familia o del Bautismo del Señor se prestan a vivirlas en familia con creatividad y complicidad por parte de la parroquia.

Junto con la Cuaresma-Pascua es la fecha más adecuada para celebrar el Sacramento de la Penitencia. Las comunidades que con una buena preparación y un buen número de sacerdotes posibilitan el encuentro personal con cada penitente comprueban el crecimiento de cada bautizado y de la comunidad misma. El que viene como Salvador nos llena de esperanza y allí donde falta la experiencia de la misericordia de Dios tal como la Iglesia la celebra, desfallece la esperanza. El fiel cristiano tiene derecho a la absolución personal de sus pecados en un encuentro personalizado con el sacerdote. El presbítero que administra la absolución colectiva incurre en un abuso de autoridad rompiendo la comunión de la Iglesia y celebrando indebidamente el sacramento. Está administrando mal un sacramento del que él no es dueño. Los sacerdotes cuando nos confesamos en estas fechas nos preparamos adecuadamente para contagiar esperanza.

Ambos sacramentos están relacionados. Celebrar debidamente la Eucaristía y la Penitencia, conforme al Nuevo Misal y al Ritual de la Penitencia es garantía de fecundidad y de encuentro con el Señor. Al hacerlo, los sacerdotes salimos de nosotros mismos y enriquecemos nuestro propio discurso.

Si no, los sacerdotes acabamos predicándonos a nosotros mismos y siempre con nuestro mismo discurso a la larga empobrecedor. Los jóvenes lo detectan rápido. Se merecen que les brindemos sacerdotalmente una atención personalizada en la confesión y una celebración eucarística que combine la cercanía y la fidelidad. Mientras que nuestros jóvenes no celebren ambos sacramentos con asiduidad no tendremos jóvenes cristianos.

Los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia son ventanas abiertas a la eternidad, a la vida eterna, a la Resurrección de Jesús. Una esperanza que se estrella contra la muerte es un optimismo engañoso. Sólo quien cree que la Resurrección de Jesús ha vencido a la muerte y nos ha abierto la eternidad como la casa del Padre con muchas moradas, puede tener una esperanza que no defrauda. Un cristianismo sin esperanza en la vida eterna es un código moral, no cambia la vida, ni transforma el mundo. Con Jesús en el mundo irrumpe la vida eterna: los ángeles comunican la gloria de Dios en el cielo, María comprueba que para Dios no hay nada imposible, José se abre al sueño de Dios sobre él, los magos siguen la estrella, Simeón puede morir en paz y Jesús que está en las cosas del Padre ve el cielo abierto sobre Él porque es el Hijo muy amado.

“Creer en Cristo es desear la vida eterna, pero desear de verdad la vida eterna nos lleva a ofrecernos por el bien de nuestros hermanos” dice el Cardenal Sebastián.

Cuanto más creamos en la vida eterna más esperanza podremos contagiar. Y al revés, cuando creemos y hablamos poco de la vida eterna, tanto más desfallece nuestra esperanza.

“Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro” (Papa Francisco,13-5-2017).

Es bueno este tiempo para hablar del cielo, para creerlo y para esperarlo. Relativiza muchas preocupaciones desproporcionadas y da esperanza.

Tenemos esperanza en la medida en que somos pobres

Es un dato contundente de la Navidad: Dios se hizo pobre, se mostró a los pobres y sólo los pobres le reconocieron. Nuestros belenes lo expresan muy bien. Se encarnó como miembro de una familia humilde en un lugar irrelevante para los poderosos de la tierra. Lucas en el capítulo 2 narra su nacimiento en un lugar de animales, fuera del pueblo y en la marginación. Y se comunica la Buena Nueva a los últimos, a los pastores, al raso, a la intemperie, de noche y mientras velaban el rebaño. Mateo también en el capítulo 2 se fija en su condición de perseguido, amenazado de muerte e inmigrante.

Nosotros en nuestro deseo de dulcificar la Navidad le quitamos toda cruz, pasión y pascua. Llenamos de poesía nuestros nacimientos y disfrazamos de bromas la persecución de los niños inocentes. Pero no, Él asume lo más doloroso de nuestra condición para acompañar desde dentro toda situación humana.

En la medida en que seamos pobres: irrelevantes, perseguidos, sin seguridades y servidores, pero agradecidos, reconoceremos al Salvador y hasta colaboraremos con Él. Por el contrario, si somos ricos: autosuficientes, seguros, excluyentes y autoritarios nos quedaremos sin la Navidad y por tanto sin esperanza.

El Papa Francisco nos decía en la última Jornada del Refugiado y el Migrante:

“Cuando instituí el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, quise que una sección especial —dirigida temporalmente por mí— fuera como una expresión de la solicitud de la Iglesia hacia los emigrantes, los desplazados, los refugiados y las víctimas de la trata. Cada forastero que llama a nuestra puerta es una ocasión de encuentro con Jesucristo, que se identifica con el extranjero acogido o rechazado en cualquier época de la historia (cf. Mt 25,35.43).

A este respecto, deseo reafirmar que nuestra respuesta común se podría articular entorno a cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar”.

Los explica magistralmente y cada uno puede adaptarlos a su realidad concreta para hacer su propio programa en este nuevo año que litúrgicamente ya estamos estrenando. La Campaña de Cáritas, las iniciativas extraordinarias de Berakah y otros colectivos civiles y eclesiales nos facilitan estos días nuestra colaboración. Nos brindan la posibilidad de pasar de las pequeñas esperanzas a la Gran Esperanza.

Tenemos esperanza porque el Señor nos sigue llamando y enviando

El día de la Inmaculada, 8 de diciembre, se celebra en las diócesis vascas el Día del Seminario. El día 7 nos juntamos en Vitoria los seminaristas de las diócesis del País Vasco y de Bayona con sus formadores y obispos, 69 en total. Los 6 jóvenes del Seminario Redemptoris Mater y el del Diocesano han pasado estos días por las parroquias llevando el material vocacional. Están pasando también por colegios y comunidades parroquiales contando su experiencia así que les encomendamos de corazón. Seguro que el Señor está llamando a muchos jóvenes al sacerdocio en nuestra diócesis. Promover la vocación sacerdotal es poner el acento en la vida como vocación, como seguimiento al Señor. Un nuevo Adviento es una nueva llamada a vivir con pasión la familia, la vida consagrada, la comunidad parroquial o cualquier carisma en la Iglesia. Lo más emocionante en la vida puede ocurrir en plena juventud como pasó con María o José. O al final de la existencia como en el caso de Ana o Simeón. Lo que importa es que el encuentro con Cristo se produzca cada día con más profundidad y esté abierto a los hermanos que más lo necesiten.

Los personajes del Belén caminando o mirando hacia el Portal son una buena imagen de nuestra Iglesia. Ángeles, pastores, magos, vecinos de Belén o de la posada. Distintos accesos al Misterio e impactos diferentes en unos y en otros. Realidades muy distintas en nuestra Diócesis trabajando con entusiasmo desde su propia identidad. La parroquia como comunidad de comunidades y las distintas vocaciones complementándose en el tejido eclesial.

Con los Consejos Diocesanos de Pastoral y de Presbiterio en marcha elaborando el Plan Diocesano de Evangelización es un momento de intenso diálogo. En enero comenzaré la Visita Pastoral que me permitirá reunirme por zonas con sacerdotes, laicos, religiosos, consejos parroquiales y de unidades pastorales, para aterrizar en las concreciones propuestas por delegaciones de familia, juventud, laicos o acción social. Como en toda la Iglesia, ir pasando de una pastoral de mantenimiento a una pastoral misionera, exige una dosis de entusiasmo, afecto, creatividad y trabajo, incompatibles con la rutina y el desencanto. Profundizar en la fe, en la vida interior e incluso a veces en la sana autocrítica nos ayuda a ponernos a tono y nos aporta ánimo y energía para trabajar sin descanso en la Iglesia y por el Reino de Dios. Que cada uno lo haga con los carismas y talentos que el Señor le ha dado y que se arrime a las comunidades y personas donde intuye que hay fruto y esperanza. Es el momento de diálogo constructivo para la acción misionera y evangelizadora, de hacer producir los talentos propios, regalo del Señor. De reconocer y valorar los que Dios ha puesto en los demás. En esta actitud el Señor nos regalará hermanos. Vamos a añadir cada uno los acentos que más nos convencen y construyamos entre todos en libertad. Es un buen momento para vivir el principio agustiniano: “En lo esencial unidad, en lo dudoso libertad y en todo, caridad”.

Jesus Jauna, Zuk zure bizilekua nirearen ondoan ezarri duzun Horrek, emaiguzu argia, zure gertutasun hau dastatzeko. Zer ote da Zu bidelagun zaitugula bizitzeko dohaia!

¡Feliz Adviento y ya casi Feliz Navidad! Me tenéis a vuestra disposición siempre y con más razón en estas fechas. Que os acompañe mi bendición llena de afecto y que podamos compartir la misma esperanza

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria
Vitoria-Gasteiz, 5 diciembre 2017

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