Acoger y transmitir la Palabra de Dios – Cuaresma-Pascua 2009

Cada Cuaresma y cada Pascua imprimen a nuestra conversión un acento particular, propiciado por las circunstancias eclesiales y sociales que afectan especialmente nuestra vida. El último Sínodo, celebrado a lo largo del mes de octubre pasado, nos ha recordado con energía e insistencia que la Palabra de Dios ha de ocupar un lugar central en la vida y actividad de la comunidad eclesial y debe jugar un papel decisivo en la espiritualidad de todos los cristianos. Es evidente la distancia entre estos postulados y nuestra temperatura espiritual. Este contraste nos descubre un exigente surco de conversión.

Celebramos, con todas las comunidades católicas del mundo, el Año de San Pablo, luminoso y ardiente «testigo de la Palabra de Dios y maestro de la Iglesia». Aquel a quien la Palabra de Jesús derribó en el camino de Damasco, convirtió en discípulo y transformó en apóstol infatigable (cfr. Hch 22, 7-8), constituye un ejemplo sumamente valioso para que acojamos devotamente y ofrezcamos confiadamente la Palabra. Lamentablemente, la escucha religiosa y la proclamación confiada del Evangelio, recomendadas por el Concilio (cfr. DV 1), encuentran entre los cristianos dificultades y reticencias. El Año Paulino es también un estímulo para convertirnos de estas actitudes deficitarias.

Pero tenemos todavía una razón más fundamental que estas dos importantes circunstancias eclesiales. Nuestra fe afirma con toda verdad que la Palabra de Dios es siempre fuente excepcional de nuestra conversión personal y de la renovación evangélica de la Iglesia y vía de contacto con muchas personas y grupos alejados de la fe y de la comunidad cristiana. «La fuerza sanadora de la Palabra de Dios es una llamada viva a una constante conversión personal». Es, pues, sumamente apropiado que, en el inicio de este tiempo de gracia, sea la Palabra el centro de nuestra reflexión creyente.

Si ensanchamos además nuestra mirada a la sociedad, la anemia espiritual de nuestro tiempo, registrada por muchos analistas sociales y simultáneamente «la difusa exigencia de espiritualidad que… se manifiesta en una renovada necesidad de oración», han de suscitar en la comunidad cristiana la urgencia por ofrecer a sus conciudadanos el alimento vigoroso de la Palabra y la referencia neta del Evangelio. Esta misión reclama un entusiasmo por la Palabra de Dios y un coraje para transmitirla que distan mucho de ser patrimonio compartido por nuestras concretas comunidades cristianas.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies