Al servicio de una vida más humana – Cuaresma-Pascua 1992

Este año queremos hablaros de manera concreta del Dios, «amigo de la vida», y de Jesucristo, verdadero sanador del ser humano. Os escribimos persuadidos de que la conversión a Dios hace crecer en el hombre la salud y la vida. Convertirse a Dios y acoger el Evangelio de Jesucristo es ponerse en camino hacia una verdadera salud; iniciar la sanación de nuestro ser, entrar por un camino que conduce al despliegue y al desarrollo sano de la persona y de la sociedad. También hoy podemos experimentar como los primeros cristianos que «la conversión lleva a la vida» (Hch 11,18).

Os invitamos a vivir en este tiempo de Cuaresma y Pascua una conversión a ese Dios que «no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva» (cfr. Ez 18,23). Todos necesitamos irnos liberando de actitudes insanas y mecanismos destructivos que destruyen o deterioran la vida; todos hemos de reconocer errores y también responsabilidades no asumidas en la promoción de una vida más digna del hombre. A todos nos dirige Dios su llamada: «Buscadme a mí y viviréis» (Am 5,4).