Conflictos humanos y reconciliación cristiana – Cuaresma-Pascua 1984

«Abrid las puertas al Redentor». Esta vigorosa invitación del Papa Juan Pablo II en su Mensaje del inicio del Año Santo de la Redención contiene, en su formulación lapidaria, tres afirmaciones centrales de nuestra fe. El ser humano necesita una redención que convierta una humanidad deteriorada en una humanidad renovada. No puede redimirse a sí mismo; Jesucristo es su único redentor. No es un pasivo espectador de su propia redención sino activo colaborador de la acción redentora de Jesús.

La Escritura y la tradición viva de la Iglesia han pretendido formular la experiencia cristiana de esta acción redentora del Señor a través de una cadena de palabras que, al tiempo que designan la misma y única realidad, expresan y subrayan sus diferentes dimensiones. «Salvación», «renovación», «liberación», «reconciliación» son algunos de estos términos en los que se intenta formular lo inabarcable. La situación concreta de nuestra sociedad y de nuestras Iglesias locales nos inclina a abordar este tema central de la redención en términos de reconciliación. A ello nos estimulan las palabras del Papa que emparentan estrechamente redención y reconciliación y describen el contenido de ésta como «reconciliación con el Padre en el Hijo» (Aperite portas, 4) y como «reconciliación entre los discípulos de Cristo, entre todos los hombres, entre todos los pueblos (Aperite portas, 3).

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies