¿Desde la Eucaristía o hacia la Eurcaristía?

Domingo 10 de noviembre de 2019. Día de la Iglesia Diocesana

 
Queridos amigos y amigas, ¡feliz día de la Iglesia Diocesana!

Maitasun ta zuzentasunez dezagun lortu anaien askatasun, badator eta Jaunaren betiko egun. Hor dugu distiratsu egunsentiko argitasun. Hace un año presentábamos así el III Plan Diocesano de Evangelización: «En el Plan de Salvación que el Señor ha diseñado para la humanidad, en este momento histórico, en el quinto año – hoy sexto- del Pontificado del Papa Francisco, el Plan Diocesano de Evangelización de la Diócesis de Vitoria pretende arrojar luz sobre nuestra comunidad eclesial, sobre nuestra tierra y sobre cada uno de nosotros.» Dios tiene un plan para ti y para mí. Ser persona, ser cristiano, es admitir que, como hijos muy amados, Dios sueña un mundo de hermanos y una misión para cada persona. No hay nadie “dejado de la mano de Dios”. A todos Dios nos confía personas. No hay nadie sin vocación y no hay vocación sin “convocación”. Necesitamos la ayuda de los hermanos para dar con el sentido de nuestra existencia. Amando sacamos lo mejor de nosotros mismos y los hermanos nos indican cuál es la bendición que portamos, cuál es el “nombre” que Dios nos ha puesto.

Trabajar juntos en el Plan Diocesano de Evangelización va a ser una ocasión privilegiada para dar, aquí y ahora, con los acentos oportunos que Dios quiere poner en este momento de tu vida. Queriendo colaborar con los hermanos para favorecer a los “últimos”, vamos a dar con nuestra mayor riqueza personal y eso, sin duda, contribuirá a la comunión eclesial en nuestra tierra. Nadie está obligado a más de lo que puede, pero acertar hoy con la propia aportación es formar parte de esa “Iglesia en salida, samaritana y misericordiosa”.

La Diócesis se hace familia cuando comparte el mismo proyecto de evangelización; y las distintas sensibilidades y los distintos estilos enriquecen la comunión cuando hay unas acciones prioritarias en las que todos coincidimos. Sin pretender ni agotar ni restringir las posibilidades de acción de cada comunidad, se trata de crear dinámicas de acciones comunes, asumidas por toda la Diócesis, que favorezcan también la evangelización de los más alejados y la promoción de los más pobres. En continuidad con los planes anteriores de evangelización queremos estar a la altura de los tiempos y de las necesidades a las que tenemos que responder en este momento”.

Gorputz batean zati asko, bihotzez bat, Espiritua bat eman digu Jainkoak. Hagatik gora diogu. Erakusten du hau dela gure bidea. Egin dagigun batasun eta bakea. Hagatik gora diogu. Deituak gaitu, eta geroztik gabiltza zabaldu nahiez, Jesus, zure esperantza. Hagatik gora diogu.

En este curso 2019-2020 estamos trabajando la línea 1 del Plan: «La Iglesia diocesana, creadora de comunidad. Llamados a vivir en comunidad». Es el tema de la identidad cristiana de la comunidad y de la comunión eclesial. Está en juego una realidad muy concreta: la remodelación de parroquias, arciprestazgos y unidades pastorales, la constitución de equipos pastorales y la formación continuada de todos los agentes de pastoral. Como Obispo de esta Iglesia local de Vitoria, en este Día de la Iglesia Diocesana, para orientar y motivar la acción pastoral de esta Diócesis, señalar sólo una realidad: la centralidad de la Eucaristía dominical. Desde la Eucaristía y hacia la Eucaristía quisiera que recorriéramos un camino sinodal cada uno desde donde está. Lo tenemos recogido en la 3ª línea de acción de nuestro Plan de Evangelización: «Celebrar y vivir la Eucaristía, especialmente la dominical, como fuente de la identidad y misión de la Iglesia y del creyente, dejando que Cristo penetre en su existencia con su gracia, y uniendo fe y vida en los distintos escenarios del día a día». 

Propongo con entusiasmo el número 134 entero del Documento Final del Sínodo de los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional: «La celebración eucarística es generadora de la vida comunitaria y de la sinodalidad de la Iglesia. Es lugar de transmisión de la fe y de formación a la misión, en el que se evidencia que la comunidad vive por la gracia y no por las obras de sus propias manos. Con las palabras de la tradición oriental podemos afirmar que la liturgia es encuentro con el Siervo divino que venda nuestras heridas y prepara para nosotros el banquete pascual, enviándonos a hacer lo mismo con nuestros hermanos y hermanas. Se debe, pues, reafirmar claramente que el compromiso de celebrar con noble sencillez y con la participación de los diferentes ministerios laicales, constituye un momento esencial en la conversión misionera de la Iglesia. Los jóvenes han demostrado ser capaces de apreciar y vivir con intensidad celebraciones auténticas en las que la belleza de los signos, el cuidado en la predicación y la participación comunitaria hablan realmente de Dios. Por tanto, es necesario favorecer su participación activa, manteniendo vivo el asombro por el Misterio; salir al encuentro de su sensibilidad musical y artística, ayudándoles a entender que la liturgia no es puramente una expresión de sí misma, sino una acción de Cristo y de la Iglesia. Igualmente importante es acompañar a los jóvenes a descubrir el valor de la adoración eucarística como una extensión de la celebración, para vivir la contemplación y la oración silenciosa”.

Cada persona sabrá qué camino deberá recorrer: desde la Eucaristía o hacia la Eucaristía. Tal como nos recuerda el Concilio Vaticano II, la Eucaristía es «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» (Lumen Gentium 11) y «contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua» (Presbiterorum Ordinis 5) Por eso insisto: «¿Desde la Eucaristía o hacia la Eucaristía?» Para unas personas la opción preferencial por los pobres, la conversión personal o el testimonio evangelizador serán consecuencia de la Eucaristía y en cambio para otras serán camino hacia ella. Para unos y para otros, siempre, la Eucaristía en el horizonte. Sin la Eucaristía en el horizonte, no somos cristianos. No hay identidad cristiana sin la Eucaristía. La Eucaristía es la manera de vivir y de desvivirse de Jesús de Nazareth. Corresponde a la creatividad y a la pasión de los pastores y agentes de pastoral, modular sinodalmente estos itinerarios en sus comunidades. Sin apasionamiento y sin renovación, pastores y agentes de pastoral dejan abandonadas a su propia suerte – al margen de la Eucaristía- a las personas que se les ha confiado. Por el contrario, cuando los equipos pastorales logran situar acertadamente la Eucaristía – fe, celebración y vida- en el centro de la comunidad, los frutos, el ánimo y la corresponsabilidad son palpables. Ni jóvenes ni mayores quedan descartados. Si la Eucaristía está en el horizonte, se sitúa adecuadamente la catequesis y la formación permanente y el servicio caritativo y los otros sacramentos y hasta la denuncia social. No hay mayor fuente de afecto que la Eucaristía para compartirlo con creyentes y no creyentes, con cualquier persona, sea de la condición que sea, que pase a nuestro lado.

A lo largo de la historia ¿no nos ha educado la Iglesia a través de la Eucaristía? ¿No nos ha evangelizado a través de ella? ¿No ha sido la Eucaristía fuente, motivación y empuje para la caridad más solidaria? ¿No ha creado la Eucaristía comunidad y pertenencia? Yo creo que ahora también. Así lo pido a San Prudencio y a la Virgen Blanca.

Zerua eta lurra berriztaturik, orduan ez da izango minik, ez da izango negarrik, ez heriotzarik, Jainkoa gure Jainko, gu bere herri betiko pozik.

Todo mi afecto y mi bendición en este Día de la Iglesia diocesana.

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

Vitoria-Gasteiz, 22 de octubre de 2019

 
Descarga esta Carta del Obispo de Vitoria (PDF).

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies