El Seminario de Vitoria y las Vocaciones Sacerdotales

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Queridos diocesanos todos y especialmente los sacerdotes: Nire agur beroena denoi! En un momento eclesial tan difícil, abordo con gran esperanza un tema delicado: el Seminario de Vitoria y las vocaciones sacerdotales. Por su nuclear importancia es un tema que afecta a toda la Diócesis y sobre todo a su presbiterio. Los protagonistas no somos nosotros sino el Señor que ha concedido unos brotes vocacionales a nuestra Iglesia. A nosotros nos toca acogerlos, cuidarlos, ayudarles en su formación e integrarlos en nuestras comunidades. Es tarea de todos, aunque sea inevitable que un equipo totalmente dedicado a ellos tenga más responsabilidad. Jesusek eratu zuen apaizgoa; ogi honetatik jaten eta ardo honetatik edaten duen bakoitzak, Haren heriotza iragar dezan hura etorri arte.

Seminaristas y equipo

Siete seminaristas formarán el grupo de candidatos al sacerdocio de nuestro Seminario de Vitoria en el curso 2018-2019. El trabajo vocacional desde hace tantos años, el empujón del Equipo de Pastoral Vocacional actual y la realidad de los seminaristas jóvenes del Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater de Vitoria y de nuestro seminarista diocesano, parece que algo han tenido que ver en la decisión de estos jóvenes y adultos para llamar a las puertas de nuestro Seminario. Otros trece también lo han hecho en estos dos años, pero después de haberlos acompañado a casi todos, el discernimiento vocacional ha ido en otra dirección. De los siete candidatos que forman el Seminario cuatro son alaveses, dos murcianos y uno vizcaíno. Uno es seminarista de nuestra Diócesis desde hace dos años. Otro seguirá siendo seminarista de Bilbao, aunque su Obispo nos ha pedido que pueda hacer este curso de discernimiento en nuestro Seminario. Cuatro tienen estudios avanzados de Teología, uno está en sus comienzos y dos se estrenan. Tan sólo uno tiene menos de 20 años. Los otros seis andan uno en la década de los 20, dos en la década de los 30 y tres en la de los 40. Como veis comenzamos una andadura no exenta de dificultades porque los procesos maduros son más complejos y el discernimiento no puede dilatarse tanto. Nos espera un curso de duro trabajo interior para seguir construyendo la Iglesia en la verdad. Todas las oraciones por ellos serán pocas. Yo confío en que su valentía e ilusión atraiga a muchos más jóvenes a esta vocación apasionante. A los sacerdotes nos basta remitirnos a nuestra propia historia para confirmarlo.

Hechas las consultas pertinentes, he decidido nombrar un equipo integrado por rector, formador y director espiritual. Equipo totalmente dedicado al Seminario que con tan pocos candidatos les permitirá trabajar muy a fondo en Pastoral Vocacional, comienzo del Seminario Menor y otras iniciativas. Elegir un equipo es inevitable, pero esto no excluye la participación de otros sacerdotes en el Seminario. Me gustaría que la relación entre Seminario y Presbiterio fuera fluida y que distintas sensibilidades sacerdotales estuvieran presentes en la formación de los seminaristas a través del Equipo, de la Facultad y de las distintas iniciativas sacerdotales. En el Equipo de Pastoral Vocacional hay sacerdotes, consagradas, consagrados, personas solteras y matrimonios. Se necesitarían más sacerdotes seculares, de distintos estilos, que trabajaran al unísono con los seminaristas. Quien se sienta llamado a esta labor que se ponga en contacto con el Equipo del Seminario que finalmente estará formado por:

  • Alfredo Arnáiz Rodríguez en calidad de Rector. Sacerdote diocesano formado teológica y litúrgicamente en la Facultad de Vitoria y en la Universidad Anselmiana de Roma, que seguirá siendo Vicario Episcopal de Vida Consagrada, Sacerdotal y Vocacional.
  • Saturnino Gamarra-Mayor Ibáñez de Zuazo en calidad de Director Espiritual. Su sabiduría, experiencia y autoridad moral es una riqueza enorme para el Seminario en esta fase de su andadura.
  • Juan José Infantes Barroso en calidad de Formador. Sacerdote de la Archidiócesis de Madrid con amplia experiencia como formador y director espiritual de los seminaristas. Está en el origen de la vocación de algunos candidatos de nuestro seminario. Agradezco profundamente al Cardenal Arzobispo de Madrid, D. Carlos Osoro, la generosidad con la que le ha permitido hacer este servicio en nuestra Diócesis liberándolo, entre otras encomiendas, de la Secretaría de la Vicaría Episcopal para la Vida Consagrada de su Archidiócesis.

Cuento con la oración de toda la Diócesis por este equipo. Cuento con la oración preferente de tantas familias, tantas consagradas y consagrados y con la oración omnipotente de nuestras comunidades contemplativas. Cuento con el apoyo de sus hermanos sacerdotes, con su consejo y colaboración. Cuento con sus comunidades abiertas a la formación de estos seminaristas y a su experiencia pastoral.

En la semana del 10 de septiembre daré yo personalmente los Ejercicios Espirituales a los seminaristas y me reuniré esos días sistemáticamente con el Equipo del Seminario que trabajará con intensidad en el Proyecto Comunitario para este curso y la elaboración del Reglamento del Seminario como pide la nueva Ratio Formationis.

Agradezco de todo corazón al Vicario General y a sus colaboradores el enorme trabajo realizado este año en nuestro Seminario.

La vocación sacerdotal hoy en Vitoria

No son tiempos fáciles para la vocación sacerdotal. Nunca lo han sido, ni para otras vocaciones en el seguimiento de Jesús tampoco, es verdad. Pero los escándalos sobre los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes y personas consagradas están tambaleando los cimientos de la Iglesia y de la vida cristiana. La reciente Carta al Pueblo de Dios del Papa Francisco nos vuelve a dar a entender la magnitud del problema. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12, 26). En el Encuentro Mundial de Familias en Dublín hemos sido testigos de la disminución de credibilidad de la Iglesia que ha salpicado hasta a la persona del Papa.

Las reacciones no se están haciendo esperar: desde la llamada a la oración, a la conversión y a la penitencia a las que exhortaba el Papa, hasta la actitud sistemática de airear, con esa excusa, los descontentos y amarguras personales. Desde una vuelta al origen de la Iglesia y de la propia vocación en su autenticidad, hasta el ataque visceral a la Iglesia como institución y al sacerdocio tal como la Iglesia lo ha concebido a lo largo de su historia. Desde la actualización de los documentos conciliares sobre el sacerdocio y la Iglesia, a la puesta en tela de juicio de cada uno de los aspectos que forjan la identidad sacerdotal.

Es una riqueza la legítima diversidad de distintas sensibilidades sacerdotales y eclesiales, incluso en terrenos frontera. Me alegro de la variedad de modelos sacerdotales y de estilos de comunidades eclesiales que surgen de la misma Escritura, el mismo Magisterio y la misma Tradición de la Iglesia, formas algunas en experimentación y prueba. Pienso que muchas cosas podrán ir cambiando en la Iglesia sin romper la comunión entre todos nosotros. Como sucesor de los apóstoles me toca confirmar en la fe a la comunidad que se me ha confiado con la ayuda de este Presbiterio. Me toca infundir seguridad y esperanza en un momento eclesial crítico. Me corresponde, siguiendo al Papa Francisco y en comunión con todos los obispos del mundo, subrayar los acentos que hoy la Iglesia está subrayando.

Creo firmemente que tal como los documentos conciliares y postconciliares expresan, “el sacerdote es signo sacramental de Jesucristo, Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo de la Iglesia”. (Cf. PO, 2; PDV, 3; Directorio, 6).

“Los presbíteros, configurados en su ser con Cristo, Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo, participan de su único sacerdocio y de su misión salvífica, como colaboradores de los Obispos. Así, son en la Iglesia y en el mundo un signo visible del amor misericordioso del Padre. Estas características de la persona de Cristo ayudan a comprender mejor el sacerdocio ministerial en la Iglesia, inspirando y orientando, bajo la acción del Espíritu, la formación de los seminaristas, para que, insertos en el misterio trinitario, alcancen la propia configuración con Cristo” (Ratio fundamentalis 35)

Por estar enamorado de mi vocación, creo vital y gozosamente que el sacerdocio es un servicio de voluntariado 24 horas para presidir, acompañar y servir al Pueblo de Dios con todo el afecto de nuestro corazón. El camino marcado por sacerdotes santos ilumina hoy nuestro ministerio lejos del clericalismo autoritario y excluyente. En la Eucaristía de la Plaza de la Virgen Blanca y en su día pedí vocaciones sacerdotales para Vitoria, sacerdotes jóvenes para nuestra Diócesis. Una Diócesis entregada y generosa pero necesitada de rejuvenecimiento. Dije que no era una petición egoísta sino una forma de concebir la vida como vocación. Necesitamos sacerdotes jóvenes para acompañar a muchas familias y a muchos adultos casados o solteros. Los necesitamos para educar en la fe a muchos niños y jóvenes. La vida consagrada necesita de sacerdotes jóvenes que sean promotores entusiastas de los consejos evangélicos. Y también nuestros mayores tienen derecho a los mejores servicios sacerdotales después de una vida entregada y fecunda.

En estos momentos serios de crisis eclesial, se percibe un movimiento de repulsa hacia el sacerdocio, de sospecha hacia él haciéndolo causante de todos los males en la Iglesia. Se está manteniendo una lucha contra el ministerio ordenado como si fuera un elemento extraño a las primeras comunidades y en definitiva a la Iglesia de Jesús. Hay un intento de diluir el sacerdocio como elemento accesorio en la Iglesia y en las comunidades. Es verdad que en muchos cristianos lo que está de fondo es lo que todos queremos: desterrar el clericalismo, el autoritarismo y el ministerio vivido como poder y no como servicio. Por ello la reacción sensata tendría que ser volver a las fuentes, vivir el sacerdocio como servicio desinteresado y gratuito al Pueblo de Dios y seguir la senda de los Apóstoles, de los Santos Padres, de todos los sacerdotes santos de la Historia de la Iglesia y de los sacerdotes ejemplares formados en este Seminario de Vitoria como el Beato Pedro de Asúa y Mendía. En esta línea van los escritos conciliares, la exhortación Pastores Dabo Vobis o la reciente Ratio para los Seminarios El don de la vocación presbiteral. Habrá que corregir, añadir, acentuar, adaptar, cambiar o incluso prevenir consecuencias, pero nunca suprimir o desfigurar la identidad sacerdotal porque nos jugamos en ello la identidad de la Iglesia y del seguimiento a Jesús. La Iglesia ha sido fundada sobre el cimiento de los apóstoles y la sucesión apostólica es constitutiva de la misma. (Cf. Lumen Gentium, capítulo 3)

San Clemente papa, usando su autoridad desde Roma para llamarles a la concordia, en la Carta a los Corintios escrita antes del fin del siglo I dice: “Así pues Cristo fue enviado por Dios y los apóstoles por Cristo… Y así predicando por campos o ciudades, por todas partes designaron a las primicias (de sus labores), una vez hubieron sido probados por el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los que creyeran”. Es la primera clara enunciación de la “sucesión apostólica” para el servicio del Pueblo de Dios, claro. Sobre ella está edificada la Iglesia. Y el sacerdocio es el corazón de la misma, forma parte de su constitución esencial. Habrá que pedir el don del Espíritu para que los pastores ejerzamos el ministerio con su unción, como Timoteo y Tito tras la imposición de manos de Pablo. No es leal en este momento proponer un modelo de Iglesia que poco tiene que ver con la edificada sobre el cimiento de los apóstoles. (Cf. Ef 2,19-21) Hago mías las recientes palabras del Predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa:

“En años no lejanos eso es lo que ha sucedido con respecto a la Iglesia. Habiendo roto la comunión con ella, algunos fueron de universidad en universidad, de revista en revista, de congreso en congreso, repitiendo sus amargas acusaciones contra la Iglesia “institucional”, como si esta fuese algo totalmente diferente del ideal de Iglesia elaborado en su mente. A menudo, no se puede ocultar, tras una polvareda de acusaciones contra la Iglesia y los superiores, el propio naufragio en la fe”.

No soy ingenuo ante las dificultades que nos esperan en el Seminario, pero apostamos con entusiasmo y esperanza por la formación de los candidatos al sacerdocio en fidelidad al Concilio Vaticano II y a los documentos sacerdotales postconciliares del Magisterio de la Iglesia. Abiertos a cuantos cambios, la Iglesia presidida por Pedro, hoy el Papa Francisco por el que rezamos con especial cariño, pueda urgir, aconsejar o exigir. Con humildad, pues son tiempos para reconocer errores y pecados, queriendo formar sacerdotes que sean verdaderos servidores de nuestros hermanos, sin prepotencia ni autoritarismo, con empatía y ayudando al crecimiento de las comunidades. Para nuestra Diócesis de Vitoria es de vida o muerte que sigamos colaborando o no con el llamamiento que el Señor hace a nuestros jóvenes a la vocación sacerdotal.

Cuento con todas las referencias sacerdotales, consagradas y familiares que quieran estar cerca del Seminario y quieran apoyar con trabajo, decisión y ánimo la Pastoral Vocacional.

Quien no se identifique con estos acentos tiene toda la libertad para trabajar vocacional y pastoralmente según su conciencia en la comunión de la Iglesia. Creo que también cuento con su lealtad para no entorpecer el proyecto diocesano y, al contrario, para ofrecer alternativas reales de su trabajo vocacional y pastoral con los hechos más que con las palabras.

Caminos de esperanza

La promoción y maduración del laicado exige un sacerdocio preparado y entusiasta. Trabajar por la promoción y formación de las vocaciones sacerdotales es trabajar por un fortalecimiento de la vida consagrada, familiar y matrimonial. En sana concepción eclesial va todo junto. Hay aspectos de la vocación sacerdotal y consagrada que sólo se entienden desde la vocación matrimonial y familiar y hay aspectos del matrimonio y la familia que sólo se entienden desde el sacerdocio y la consagración. El matrimonio y la familia aportan la concreción, el amor real. Y el sacerdocio y la vida consagrada contagian universalidad y horizontes grandes. Vamos a seguir trabajando con entusiasmo y esperanza por la vida como vocación. Si nuestros niños y jóvenes crecen con referencias atractivas de vida sacerdotal, consagrada, matrimonial y familiar sabrán cuál es la vocación a la que Dios les llama. Acaba de decir el Papa en Dublín: “La vocación al amor y a la santidad no es algo reservado a unos pocos privilegiados… Está silenciosamente presente en los corazones de todas aquellas familias que ofrecen amor, perdón, misericordia cuando ven que es necesario, y lo hacen en silencio, sin tocar la trompeta. El Evangelio de la familia es verdaderamente alegría para el mundo, ya que allí, en nuestras familias, siempre se puede encontrar a Jesús; él vive allí, en simplicidad y pobreza, como lo hizo en la casa de la Sagrada Familia de Nazaret.” La llamada a la santidad y a la conversión en todas las vocaciones, resuena hoy con especial fuerza en labios del Papa Francisco al que nos adherimos incondicionalmente como a Pedro, a quien el Señor sostiene para que siga confirmando en la fe a los hermanos. (Cf. Lc 22, 32). Con el Papa también nosotros queremos sacar conclusiones vocacionales lúcidas para la Iglesia de Vitoria.

No llevamos nosotros el peso de la tarea. Dios es el único que llama. Nosotros como mucho facilitamos la escucha o podemos acompañar lúcidamente. Hoy por pura gracia de Dios sigue sucediendo lo que sucedió entonces: la Eucaristía del Cenáculo, el Perdón de los pecados de la casa de Pedro en Cafarnaum, el milagro de las bodas de Caná, el don del amor fraterno del Jueves Santo, la bendición “porque tuve hambre y me disteis de comer” o el envío al mundo entero en Pentecostés. Hoy sucede lo mismo que entonces. Por eso el Espíritu de Jesús sigue necesitando rostros que transparenten su presencia. Necesitamos todas las vocaciones en la Iglesia de Vitoria, también jóvenes que quieran ser sacerdotes a los que pueda llamar el Señor para ser signos sacramentales de su presencia.

¿Quieres trabajar con esperanza por las vocaciones?

  • Oración, penitencia y ayuno tal como aconseja el Papa Francisco, sería lo primero.
  • Las distintas iniciativas diocesanas o de comunidades concretas de Ejercicios Espirituales, Retiros, Encuentros de Oración, Adoración Eucarística y Peregrinaciones están siempre ahí a tu disposición.
  • El Equipo de Pastoral Vocacional tiene un rico programa de acciones como el Itinerario de Oración con el Icono Vocacional o los Testimonios Vocacionales en parroquias, catequesis y colegios. Encomienda y participa.
  • La Facultad de Teología de Vitoria es el centro de formación de nuestro Seminario. Su claustro de profesores tiene la responsabilidad de preparar filosófica y teológicamente a los pastores que necesitamos en la Iglesia de hoy. Contribuye a la madurez de nuestro laicado a través de un programa académico de gran calidad y altura. Y es también el motor de la Formación Permanente de nuestro Presbiterio. Desde aquí animo a todos los sacerdotes a que se matriculen del 3 al 14 de septiembre en alguna de las materias de Postgrado o de Renovación Teológico Pastoral para sacerdotes y religiosos/as, que se imparten en ambos semestres.
  • Estrenamos este curso y para cuatro años el nuevo Plan Diocesano de Evangelización. “Salimos al encuentro, Bidera goaz”, es el lema elegido. Vamos a comenzar por la línea cuarta: el servicio. Ofrecer a nuestros jóvenes un horizonte de colaboración para trabajar juntos en favor de quien tiene menos posibilidades es uno de los objetivos del curso pastoral. Situar al joven en la acción, caminando, es también una forma de ayudarle a vivir su vocación y eso nos obliga a los adultos a desinstalarnos e ir por delante. ¡Ánimo pues!
  • La labor transversal de Delegaciones, Secretariados y Servicios Diocesanos, siempre es una propuesta que en red nos comunica a todas las comunidades de la Diócesis. Hay parroquias y unidades pastorales, sobre todo rurales, que no tienen medios para garantizar proyectos atractivos de formación, evangelización o acción pastoral. Pero está en sus manos formar parte de esa red de crecimiento en la vida cristiana que es la Diócesis. Familia, Catequesis, Juventud, Educación, Migraciones, Patrimonio, Comunicación, Cáritas, Salud, Mayores, Misiones, Liturgia, Penitenciaria, Social, Animación Bíblica y Laicado están ahí para ayudar a crecer a cada comunidad parroquial o a cada Unidad Pastoral. Atentos a las Jornadas Pastorales de Principio de Curso.
  • Los jóvenes tienen derecho a crecer al ritmo de los sacramentos. Yo he sido testigo este verano, cuando les he acompañado en diversas actividades diocesanas, cómo han participado con todo el corazón en el sacramento de la Eucaristía o en el de la Penitencia. Estas experiencias no podemos reducirlas a entornos veraniegos de unos pocos. Forman parte de la vida cotidiana de la Iglesia y es un derecho que tienen todos nuestros jóvenes cristianos. Continuaré presidiendo todos los domingos la Gazte Meza a las 19:30 en la Parroquia de San Miguel como un signo para toda la Diócesis de la centralidad de la Eucaristía dominical también para los jóvenes. Como en mi caso, la Misa del domingo es un lugar propicio para escuchar la llamada vocacional. Igualmente, no hay vocación que haya podido crecer sin el sacramento de la Penitencia y sin el acompañamiento espiritual. Ojalá que cada vez más Parroquias y Unidades Pastorales puedan promover su Eucaristía de las Familias, corazón de la comunidad.
  • Quiero también comunicar una noticia vocacionalmente gozosa. Cuatro candidatos al diaconado permanente han comenzado su andadura el curso pasado. El Vicario General, el Vicario de Vida Sacerdotal, dos diáconos permanentes y un presbítero forman parte del equipo que yo presido como obispo para la formación de los diáconos permanentes. Vamos a encomendar de todo corazón a estos futuros diáconos. Con los seis que ahora sirven en nuestra Diócesis y uno que tira de nosotros desde el cielo, son una realidad gozosa de evangelización.
  • Finalmente deciros que la Penitenciaría Apostólica de Su Santidad acaba de conceder a nuestra diócesis un Año Jubilar Mariano con motivo de los 50 años de la consagración de la Catedral Nueva de María Inmaculada, Madre de la Iglesia. Será del 8 de diciembre de 2018 al 8 de diciembre de 2019. Ayudará a poner rostro al Plan Diocesano de Evangelización, visibilizará la comunión en nuestra Diócesis al participar en las celebraciones, Parroquias, Unidades Pastorales y Zonas y tendrá el Año Jubilar un tinte marcadamente vocacional. Será una experiencia de amor a la Iglesia, “Santa comunidad de pecadores”, en palabras de Rhaner, y especialmente necesitada hoy de misericordia y compasión.

La comunidad que, a imagen de la de Jerusalén, tiene un sólo corazón y una sola alma es rica en vocaciones y carismas (Cf. Hch 4, 32). En este momento, oscuro a nivel de Iglesia Universal, hago un llamamiento a la esperanza fundamentada en la fe de la acción del Señor y arraigada en la caridad, en el amor fraterno que nos une y que es regalo del Señor. Que esta crisis eclesial saque lo mejor de nuestro corazón y que venciendo desánimos y escepticismos, nos abramos a frutos vocacionales. “Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia” (Rom 5,20). Me gustaría que la Diócesis entera se movilizara vocacionalmente; me gustaría que cada diocesano concibiera su vida cristiana como vocación, es decir como persona llamada y enviada. Jesusek bere duintasunari uko egiten diola eta bere burua ematen digula adierazteko, kapa erantzi eta oinak garbitu zizkien bere ikasleei. Hortik aurrera, Eukaristia ospatzea gizakiaren zerbitzuan eta anaia-arreben alde jokatzea da. Zorionekoak, Jesusen antzera, zerbitzu bidea aukeratzen dutenak! Zorionekoak, Jesusen antzera orionekoak, besteentzat ogi egiten direnak!

Con todo mi afecto y a vuestra entera disposición

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

Vitoria-Gasteiz, 29 agosto 2018

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