Haz memoria de Jesucristo – Cuaresma-Pascua 2000

En estos últimos años, siguiendo las enseñanzas y recomendaciones del Concilio Vaticano II estamos viviendo una hermosa y fecunda época de renovación eclesial. La Iglesia universal, y nosotros en ella, queriendo ser fiel a su Maestro y Señor, considera profundamente su identidad espiritual y su misión en el mundo: descubre con fuerza renovada el misterio de su vocación como Cuerpo Místico de Cristo y templo del Espíritu Santo, escucha con fuerza la llamada universal a la santidad, promueve una amplia reforma de su oración litúrgica y de la vida espiritual, fortalece su comunión universal, se compromete en un servicio humilde y fraterno a la sociedad entera y al progreso de la humanidad según los designios de Dios (Cf. TMA 19).

Jesucristo tiene una significación universal. Su memoria despierta interés, incluso, en no creyentes. Por eso, el Jubileo no está pensado como una celebración cerrada que fuera válida sólo para católicos practicantes, ni siquiera sólo para los que, de una u otra manera, se consideran miembros de la Iglesia. Este puede ser para todos un tiempo propicio, un tiempo de acercamiento, un tiempo de renovación y de reconciliación.

Esta Carta Pastoral quiere ayudar a atender lo que nos parece que es el mensaje central del Año Jubilar. Aquello que nos puede impulsar a renovar nuestra fe, sentir el gozo y la gratitud por los dones de Dios, y entregarnos a la misión de anunciar en nuestro mundo, con hechos y palabras, la presencia de Dios y la generosidad de su salvación.

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