Homilía al Inicio del Año Jubilar Mariano

Descarga la Homilía de D. Juan Carlos Elizalde al Inicio del Año Jubilar Mariano

Homilía al inicio del Jubileo Mariano en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Madre de la Iglesia

Año Jubilar Mariano

En el corazón del Adviento siempre celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. Siempre caminamos hacia la Navidad de la mano de María, madre de Jesús. Con más razón hoy al estrenar el Año Jubilar Mariano que su Santidad, el Papa Francisco, ha concedido a la Diócesis de Vitoria, a través de la Penitenciaría Apostólica, con motivo de los 50 años de la consagración de la Catedral María Inmaculada, Madre de la Iglesia.

Estamos contentos, estamos de fiesta, estamos iniciando el Año Jubilar Mariano. ¡Enhorabuena a todos! Me gustaría agradecer la presencia y recoger el sentir en primer lugar del Arzobispo de Burgos, D. Fidel, hermano mío, pero también padre y amigo. Le agradezco de corazón el esfuerzo hecho para estar entre nosotros sacrificando su apretada agenda diocesana. Gracias D. Fidel. Agradezco también la presencia del Obispo de Bilbao, D. Mario Iceta y de los vicarios episcopales de Bilbao y San Sebastián representando a mi hermano D. José Ignacio. Quiero recoger el sentir del Vicario General de nuestra Diócesis y de los Vicarios Episcopales, del Deán de la Catedral y del Cabildo Catedralicio, de los Rectores de los Seminarios de Vitoria y Redemptoris Mater y sus formadores, de los arciprestes, delegados y sacerdotes y diáconos de la Diócesis. En estas, mis palabras, a todos vosotros fieles laicos, consagrados y consagradas, amigos todos.

Eukaristia honek lagun diezagula sinestu zuen eta fidatu zen Andre Maria Ama eta Fededun bezala ikusten. Zabal diezazkiogun gure bizitzako ateak eta gugan ipiniko du bere etxea.

Peregrinar a la Catedral

Hemos comenzado el año sinodalmente, caminando juntos desde el Convento de San Antonio de las Hermanas Clarisas —en comunión con toda la vida contemplativa diocesana— a la Catedral María Inmaculada, Madre de la Iglesia. Eso es lo que somos, Iglesia que peregrina con esperanza hacia el Señor. Así hemos cruzado la Puerta Santa, como estamos, como venimos y juntos. Si peregrinamos es porque no nos conformamos con seguir vegetando. Llevamos una promesa de felicidad en el corazón a la que no estamos dispuestos a renunciar y por eso peregrinamos a la Catedral.

La Puerta Santa de la Catedral abierta es signo del corazón de Dios que abre sus puertas de par en par a todos nosotros. El Señor quiere acoger a todos sus hijos en su casa, que es su corazón. A todos sin excepción en todas las situaciones y circunstancias, aún las más oscuras y terribles. Nada ni nadie está excluido de su misericordia. Por eso Él mismo es el primero que cruza la Puerta para rescatar a quien está más perdido. A ti y a mí el Señor nos acepta, nos ama y nos acoge incondicionalmente. El Jubileo es un abrazo de su misericordia. ¡Déjate abrazar y sostener por Él, aquí, hoy, en la Catedral! ¡Alégrate al estrenar el Año Jubilar! Alegría para toda la Diócesis de Vitoria que al peregrinar a la Catedral se hace familia junto a su pastor y a sus pastores en este acontecimiento jubilar gozoso. Necesitamos compartir momentos gozosos y hoy iniciamos un año entero de momentos así. Por parroquias, unidades pastorales, arciprestazgos y zonas, peregrinaremos.

María, causa de nuestra alegría

Y alégrate porque es un Año Jubilar Mariano. Si hay madre hay esperanza, hay futuro, hay proyecto. Si hay madre hay perdón, hay fraternidad, hay alegría. Los que tenemos esa suerte aún en la tierra lo comprobamos diariamente. En la Iglesia hay Madre, María Inmaculada, Madre de la Iglesia. No estamos huérfanos. Por tanto, hay esperanza, hay futuro, hay proyecto, hay perdón, hay fraternidad, hay alegría.

María es modelo, figura, tipo de la Iglesia y por eso donde está Ella estaremos nosotros. Si con Ella el Señor ha hecho maravillas, algo podrá hacer también con nosotros. Tú también eres el hijo muy amado, tú también eres la hija muy amada. Él la necesitó al pie de la cruz porque era el Hijo muy amado y no un “maldito que cuelga del madero”.

“Alégrate María llena de gracia, el Señor está contigo”. Éste es el motivo de su alegría: la presencia del Señor en Ella, junto a Ella, con Ella. Ése es el motivo de la alegría de Isabel: “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos la criatura saltó de alegría en mi vientre”.

Es la experiencia de Santa Teresa de Jesús: “Estábame con Él, entrábamos con Él y yo toda engolfada en Él”. El Padre como acabamos de proclamar “nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales”. Cristo es la gran bendición de Dios que se ha derramado sobre nosotros.

Éste es el motivo de nuestra alegría: el Señor Jesús incondicionalmente para nosotros. Una alegría que nadie nos puede arrebatar “porque para Dios nada hay imposible”. El Señor siempre da señales de esperanza: “He ahí que tu pariente Isabel ha concebido un hijo”.

Redescubrimos al Señor que siempre está: con ocasión de este agobio, esta noticia, esta reacción inexplicable, esta palabra injuriosa, esta zancadilla o este asunto que no hay quien lo resuelva. Dejados a nuestras propias fuerzas, desde lo poco que somos reconocemos al Señor, la inmensa alegría de su presencia. “Pase lo que me pase, que me pase contigo” está escrito en la sacristía de Villa Teresita en Madrid.

Rescatados y enviados

La primera página de la Palabra de Dios hoy es oscura: el pecado original y la quiebra del proyecto de Dios sobre nosotros. No nos cuesta demasiado reconocerlo en nuestra vida. Dios nos ama como somos, pero nos sueña mejores. Pero en la misma página ya hay esperanza: “Ésta —la mujer— te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón”. No hay proporción entre el pecado y las infinitas posibilidades de su misericordia. “Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. “Feliz culpa que nos mereció tal redentor”. El Jubileo es sobreabundancia y alegría. Es llamada a la conversión porque la indulgencia de Dios es plena, porque Él puede borrar el rastro de la culpa y restañar las consecuencias del pecado. “Porque para Dios nada hay imposible”.

A nadie se ha hecho la propuesta que se hizo a María. A pesar de haber sido concebida sin pecado y de que contara con todas las fuerzas de la naturaleza en gracia, a nadie nos extraña que se turbara y se llenara de temores. “No temas María porque has hallado gracia ante Dios”. Será la peregrina en la fe. En cada paso oscuro de la existencia seguirá diciendo “Hágase, Fiat, Amén “.

El Señor le confió un proyecto y Ella lo vivió maravillosamente, tal como lo soñó el Señor. No es nuestro caso, pero con la misma fuerza sostenemos que Dios tiene un proyecto para nosotros. Si tú y yo somos los hijos muy amados, tú y yo tenemos un nombre, una misión, una vocación. Aquí no hay nadie sin vocación, dejado de la mano de Dios. Y en este Jubileo Mariano tomamos conciencia de cómo va nuestra misión, nuestra vida y nuestra vocación. Es un momento privilegiado para tomar decisiones valientes y lúcidas. ¿A qué tengo que decir por fin Amén este año? Lo mejor está por venir también en tu vida.

Día del Seminario

Si descubrir la vida como vocación es tarea de todos, en este día en que en las diócesis vascas celebramos el Día del Seminario, con más razón encomendamos las vocaciones sacerdotales.

Al comienzo de este Año Jubilar Mariano a ti joven, como Obispo de Vitoria te digo: te necesito para presidir y cuidar nuestras comunidades cristianas. Te necesito para educar a nuestros niños y para acompañar a nuestros jóvenes. Te necesito para animar y sostener a nuestras familias y a nuestros mayores. Te necesito para ayudar a la gente más vulnerable y necesitada. Te necesito para rejuvenecer el presbiterio. Te necesito para tender puentes en esta sociedad nuestra fragmentada y convulsa. Te lo digo en el nombre del Señor. La Diócesis de Vitoria te necesita con extrema urgencia. Tú sabrás quién eres ese joven porque puedes tener línea directa con el Señor y ayuda a través de sus mediaciones.

Tú sabrás si estas palabras son para ti pero que existes y que el Señor te quiere y te llama, yo lo tengo muy claro. ¡Un Año Jubilar Mariano entero para que te puedas aclarar!

Te hago la propuesta con enorme esperanza porque lo que más pesa en mí no es el mucho trabajo pastoral, sino la inmensa alegría de ser pastor, una vocación que llena toda una vida entregada al Señor y a los hermanos. No te comunico una carga sino una buena noticia y una gran suerte que me gustaría compartir. ¡Cuenta conmigo!

Seminarioaren egun honetan oso gogoan izango ditugu Apaizgoa hartzeko prestatzen ari diren gazteak eta beren alde otoitz egingo dugu. Apaizgoa: egiazko erronka etorkizun hurbilari begira. Beraz, zuzen-zuzen dagokigu.

Jubileo para el crecimiento personal y comunitario

La finalidad del Jubileo Mariano es el crecimiento en Cristo, una configuración e identificación mayor con Él. De eso se trata. Mirando a la Inmaculada podemos detectar tres rasgos que son medida, test y criterio de crecimiento cristiano. ¡Todo un año para verificarlo!

  1. El agradecimiento.

El Magnificat es una explosión de agradecimiento y alabanza por las maravillas del Señor en su vida y en su pueblo. El hilo conductor del Jubileo es la acción de gracias en cada Eucaristía Jubilar y en la celebración del sacramento de la Reconciliación en diálogo personal y con absolución individual. Disfrutar de la belleza en la visita a la Catedral y el Museo Diocesano de Arte Sacro alimenta también la acción de gracias.

  1. La disponibilidad.

“He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu Palabra”. Más maduros cuanto más disponibles al Señor y a los hermanos. Hoy, aquí y ahora, en este Año Jubilar, ¿Cuál es mi mejor respuesta? ¿Qué decisiones tengo que actualizar? ¿Qué impedimentos tengo que vencer para estar disponible? Peregrinar es salir del área de confort para estar en la mejor disposición de vivir la vida cristiana con radicalidad conforme a las condiciones de la Indulgencia Plenaria.

  1. La caridad.

María fue aprisa a la montaña para ayudar a su prima Isabel. Caridad sobre todo con los más vulnerables y necesitados, los que mejor reflejan el rostro de su hijo Jesús. “Si Dios nos ha amado así, también nosotros tenemos que amarnos unos a otros” (1 Jn 4,11). El Jubileo aterriza en el amor al prójimo. Despierta nuestra vocación de voluntarios 24 horas en favor de los últimos. Por eso se proponen dos proyectos solidarios con los que podemos colaborar en cada colecta. Continuamos en la línea 4 del III Plan Diocesano de Evangelización: Compromiso social y de fe de una Iglesia samaritana.

Jainko Aitak Maria aukeratu zuen bere Semea, gizon eginik mundura ekarri zezan. Maria dugu fededunen artean eredurik egokiena: Fede handiko Andrea, Jainkoarekin oso-osorik fidatu zena, Jaunaren esana modua bizian sinestu zuena. Andre Maria gidari eta bide erakusle datorkigun Jesus bihotzean onar dezagun, horren jarraitzaile egin gaitezen.

¡Feliz Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, Madre de la Iglesia!

Que en medio de este Adviento todos vayamos pasando de las pequeñas esperanzas a la Gran Esperanza. ¡Feliz Año Jubilar Mariano para todos!

+ Juan Carlos Elizalde
Obispo de Vitoria

Vitoria-Gasteiz, 7 de diciembre de 2018

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