Homilía en la Fiesta de San Prudencio – 28 abril 2018

Nos congrega a todos San Prudencio, patrón de Álava y patrón de la Diócesis de Vitoria; a todos, ciudadanos y creyentes, a todos en su casa. 

Armentiako San Prudentzio, agur santu euskalduna! Haserre gaitzak gozo bihurtzeko izan zinen ezaguna. Gure artean indartsu dago gorrotoaren astuna, bakea lortzen, Jaungoikoaren, zakizkigu goi laguna.

«Yo sé que se ha debatido como si del sexo de los ángeles se tratara acerca de las raíces cristianas de Europa. […] Pero, después de todo no son las raíces las que nos importa, porque ellas podrían estar muertas. Lo que importa es la savia. Y yo estoy convencido de que la savia católica debe contribuir a la vida de nuestra nación…

Pido a los católicos que se comprometan políticamente. Vuestra fe es una parte del compromiso que necesita nuestra política… Creo en un compromiso político que sirva a la dignidad del hombre… Necesitamos la ayuda de los católicos para mantener este discurso de humanismo realista».

Estas palabras inusuales las pronunciaba Emmanuel Macron el 9 de Abril de 2018 en su largo e histórico discurso a la Conferencia Episcopal Francesa.

Les ponía el ejemplo del teniente coronel que hacía dos meses se intercambiaba por un rehén en un atentado yijahdista perdiendo su vida. Hace 10 años se había convertido y hacía 8 que a sus más de 30 años había recibido los sacramentos de la confirmación y de la eucaristía. Se preparaban para recibir el sacramento del matrimonio acompañados por un monje cuyo monasterio y comunidad frecuentaban. 

«El misterio de la conducta heroica del teniente coronel Beltrame se encuentra en la complejidad del hombre. Cuando llega la hora más intensa, la dimensión del ciudadano y la dimensión del católico arden con la misma llamaFrancia se ha visto fortalecida por la participación de los católicos… Yo considero que la laicidad ciertamente no tiene la función de negar lo espiritual en nombre de lo temporal, ni de desarraigar de nuestras sociedades la parte sagrada que alimenta a tantos de nuestros conciudadanos… Yo soy, como jefe de Estado, garante de la libertad de creer y de no creer, pero yo no soy ni el inventor ni el promotor de una religión de Estado que sustituye la trascendencia divina por un credo republicano”. 

Para ciudadanos y creyentes San Prudencio es referencia. Para unos y otros tienen sentido las palabras del profeta Jeremías: “Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos…para consolar a los afligidos.” Isaías 61,1-2.

“Una Iglesia que pretenda desinteresarse de las cuestiones temporales no haría otra cosa que rehuir su vocación, y un Presidente de la República que pretendiera desinteresarse de la Iglesia y de los católicos faltaría a su deber… Consideráis que nuestro deber es proteger la vida, en particular las vidas más indefensas. En la vida de los niños que van a nacer, la del ser humano que está a las puertas de la muerte, o la del refugiado que lo ha perdido todo, veis el trazo común de la desnudez, de la vulnerabilidad absoluta… La política y la Iglesia comparten esta misión de meter las manos en el barro de lo real, de confrontarse todos los días con lo temporal, con lo que me atrevo a decir que es lo más temporal… Desde mi punto de vista, que es el de un jefe del Estado, un punto de vista laico, yo debo preocuparme de quienes trabajan en el corazón de la sociedad francesa, de que quienes se comprometen para curar las heridas y consolar a los enfermos, tengan también una voz en la escena política, y sobre cuestiones de la vida política nacional y europea. Es lo que vengo a pediros esta tarde, que os comprometáis en el debate político nacional y en el debate europeo porque vuestra fe tiene algo que decir a este debate».

“Como el Padre me ha amado así os he amado yo… Amaos unos a otros como yo os he amado… Que seáis uno como el Padre y yo somos uno”. (Cf. Juan 15). Son los “como” de Jesús. Quien se identifica con la manera de ser de Jesús tiene un plus de motivaciones para ser un buen ciudadano y servir a esta sociedad. 

«Algunos dirán que la Iglesia es reaccionaria, otros pensarán que es muy audaz. Creo, simplemente, que ella debe ser uno de esos puntos fijos de los que nuestra humanidad está necesitada en un mundo oscilante, uno de esos puntos de referencia que no ceden al talante de las épocas. Por esta razón, tendremos que aprender a vivir asumiendo vuestra cuota de intempestividad mientras que yo tendré que vivir al ritmo que avanza el país. De este desequilibrio constante crearemos un camino común. […] Es un ejercicio de libertad que demuestra que el tiempo de la Iglesia no es el del mundo como tampoco el de la política, y está bien que sea así».

“El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas… Tú vara y tú cayado me sosiegan”. Salmo 22,1-3. Añoramos esta experiencia del salmo.

“Vivimos en un mundo atravesado por el materialismo. Nuestros contemporáneos necesitan […] saciar su sed que es una sed de absoluto. No se trata de conversión, sino de una voz que, entre otras, hable del ser humano como un ser dotado de espíritu. Alguien que se atreve a hablar de otras cosas más allá de las temporales, pero sin abdicar de la razón, ni de lo real. Alguien que osa caminar en la intensidad de una esperanza y alguien que, a veces, nos hace tocar con el dedo el misterio de la humanidad que se llama santidad y que según dice el Papa en la exhortación aparecida hoy es el rostro más bello de la Iglesia. […], una Iglesia que sabe servir a los más fervientes y a los no bautizados, a los propios y a los excluidos».

La Conferencia Episcopal Francesa en 2016 en su documento “En un mundo que cambia, reencontrar el sentido de lo político”, señalaba: “Desde hace unos cincuenta años, la cuestión del sentido ha abandonado gradualmente el debate político. La política se hizo gestión, en mayor medida más proveedora y protectora de los, cada vez más amplios, derechos individuales y personales, que de los proyectos colectivos. Discursos de gestión que acompañaron el progreso, el crecimiento, el desarrollo de nuestro país, pero sin preocuparse del para qué. La riqueza económica, la sociedad del consumo, han facilitado este distanciamiento de la cuestión del sentido. Desde mediados de la década de 1970, las dificultades económicas, la reducción de la riqueza, el aumento del desempleo, la incertidumbre debido a la globalización, han hecho este papel de simple gestor y árbitro cada vez más difícil, incapaz de responder a las preguntas más fundamentales de la vida en común. Un ideal de consumo, de lucro, de productividad, de Producto interior bruto, de comercios abiertos todos los días de la semana, no puede satisfacer las aspiraciones más profundas del ser humano que han de realizarse como persona en el seno de una comunidad solidaria… Al escuchar a la Iglesia, no nos encogemos de hombros. La escuchamos con interés, con respeto, e incluso podemos hacer nuestros muchos de sus puntos. Pero esta voz de la Iglesia no puede ser autoritaria… solo puede ser cuestionante. La iglesia no puede (ni debe, añado yo) conminar, ordenar, como lo hizo en el Estado de Cristiandad, la vida moral, social, política, desde sus presupuestos. Pero, tampoco acepta ser reducida al ámbito de la privacidad y de sus templos, siempre en el respeto a la autonomía de las realidades temporales que ya nos dijera Gaudium et Spes… El estado y la Iglesia pertenecen a dos órdenes institucionales diferentes, que no ejercen su mandato en el mismo nivel…

Para mí, la Iglesia no es esa instancia que demasiado a menudo se caricaturiza como la guardiana de las buenas costumbres. […] Lo mejor de la Iglesia es esto: una voz amiga que responde a quien interpela, a quien duda, a quien vive en la incertidumbre, en un mundo en el que el sentido siempre se escapa y siempre se reconquista, es una Iglesia de la que no espero lecciones sino esta sabiduría/inteligencia de la humildad que se enfrenta a los temas que habéis planteado».

“Sois carta de Cristo escrita en nuestros corazones”. Cf. 2 Cor. 3,1. El papa Francisco en su última exhortación Gaudete et Exsultate dice que un santo es una palabra que Dios pronuncia sobre la humanidad. Lo tenemos claro en San Prudencio, Ángel de la Paz. ¿Qué palabra eres tú? En estas fiestas de San Prudencio 2018 ¿Qué palabra quiere Dios pronunciar a través de ti? ¿Cuál es tu aportación a la sociedad hoy? En este momento crucial para la paz y para la reconciliación social ¿cuál es tu aportación?

Que Santa María, la Virgen Blanca, Nuestra Señora de Estibaliz, te ilumine para dar la mejor respuesta.

Jainko Jauna, bakearen iturria: banatutako senideen artean, berriro bakea ezartzeko dohai harrigarria eman zenion Pudentzio gotzain santuari; egizu, haren otoitzez, zure nahietara bildurik, bihotz-batasunean bizi gaitezela beti.

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