La fragilidad, ocasión de crecimiento – Homilía de D. Juan Carlos Elizalde en la fiesta de San Prudencio 2019

Este año la fiesta de San Prudencio la celebramos en el segundo domingo de Pascua, domingo de la Divina Misericordia. Ayer mismo con la peregrinación de Vitoria a Polonia estábamos en el Santuario de la Divina Misericordia en Cracovia.
Los santos nos sumergen en la Pascua del Señor. Es tiempo de paz, consuelo, esperanza y alegría. «Paz a vosotros», es el saludo de Jesús resucitado. San Prudencio, Ángel de La Paz, encarnó la paz de Jesús para su tiempo. Y es referencia hoy para Álava y para la Diócesis de Vitoria. Celebrado ya en el calendario mozárabe en el siglo XV, es nombrado oficialmente patrono de Álava en 1644.
«Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor». No estaban preparados para la Resurrección del Señor, no la esperaban, no le reconocen, se mueren de miedo. Y en cambio le experimentan vivo, le ven, le oyen, le tocan. «Nosotros, los que comimos y bebimos con él a su mesa somos testigos», dirá Pedro.
«No es una experiencia subjetiva, no es una experiencia mística, ni la reanimación de un cadáver», dice el Papa emérito. Es la experiencia de Cristo vivo, experiencia tan real que la cruz. Sólo si el domingo ocurrió algo estremecedor aquellos discípulos judios pudieron abandonar el sabath. Sólo si resucitó pudieron dar testimonio entusiasta de su resurrección hasta dejarse maltratar y matar.
Sólo si ocurrió así, las mujeres pudieron aparecer como testigos válidos y los hombres como cobardes llenos de miedo. Sólo si fue el mismo acontecimiento narrado por muchos testigos verdaderos e independientes, puede narrarse un núcleo común sin que los detalles casen porque no están maquillados: apariciones en Jerusalén, en Galilea, a tres mujeres, a cinco, o a una.
La resurrección de Jesús se va encarnando en el ánimo, en el humor y en las expectativas de futuro de cada uno. Los santos creen en la resurrección de Jesús y su vida no se entiende sin ella.
«Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.»
Los santos recogen y transparentan el Espíritu de Jesús porque Jesús es su fuente: como el Padre me ha enviado, así os envío yo, como el Padre me ha amado, así os he amado yo, que seáis uno como el Padre y yo somos uno.
Los cómos de Jesús son verdad. Podemos perdonar como Jesús.
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados.» Hay cosas que son imperdonables, ni nos perdonamos ni podemos perdonar. Perdonar es cosa de Dios, de su Espíritu. Perdonar es un milagro. Hace falta más fortaleza para perdonar que para vengarnos.
Fiestas para perdonar y para pedir perdón porque con el Señor se puede, como lo vivió San Prudencio.
Hoy la fiesta de nuestro patrono la compartimos con Santo Tomás, el incrédulo, que se encuentra con Jesús resucitado. En el evangelio de Juan aparecen sólo cuatro palabras de Santo Tomás. Pueden recoger nuestro itinerario. Nos pueden indicar en qué momento vital estamos:
1.- «Vayamos y muramos con Él.» Sólo él quiere acompañarle a Betania cuando murió Lázaro. Es la etapa de la ilusión, el entusiasmo, la seducción, el enamoramiento. Dispuesto a dar la vida. Visitábamos los peregrinos de Vitoria el barracón 11 de Auswitz donde el Padre Kolbe dio la vida al intercambiarse por un prisionero condenado a muerte. Sólo quien tiene razones para morir tiene razones para vivir , sin vegetar.
«Los creyentes vivían to­dos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.» Fiesta de San Prudencio para volver a la primera comunidad cristiana, al primer amor, a la ilusión primera.
El Papa Francisco, en su reciente visita a la península arábiga, dijo: «En nombre de Dios, para salvaguardar la paz, necesitamos entrar juntos en una misma arca, para navegar los mares tormentosos del mundo: el arca de la fraternidad. El enemigo de la fraternidad es el individualismo. Dios quiere que vivamos como hermanos y hermanas, habitando en la casa común que Él nos ha dado. La fraternidad es una vocación contenida en el plan de Dios. Nadie puede ser amo o esclavo de los demás. No podemos invocar a Dios, padre de todos, si nos negamos a comportarnos fraternalmente.»
Fiestas para fortalecer la fraternidad en nuestra tierra y en nuestra diócesis.
2.- «Si no sabemos a dónde vas Señor, cómo vamos a saber el camino?» Ha pasado el entusiasmo.
Es el momento de la duda, la purificación y la crisis. En la última cena se palpa la tragedia, no queda mucho de la ilusión de antes. «Allí donde un cristiano duda, un no creyente se está preguntando si Dios existirá», dice el Papa emérito. » No lograrás que apostate de Ti», se puede leer en un grafito del guetto de Varsovia. Es la oración de un creyente judio frente al Holocausto.
El mundo parecía no enterarse de lo que ocurría y hoy, con más medios, tampoco queremos enterarnos de lo que ocurre a migrantes, refugiados y personas en la trata, nos decía nuestra guía polaca. Los santos reaccionan ante esta aparente ausencia de Dios.
Frente al desánimo, como el documento firmado en Dubai entre el Papa y las autoridades islámicas, invito “a todas las personas que llevan en el corazón la fe en Dios a unirse y a trabajar juntos por una casa común donde reine la fraternidad”. Es la cultura del encuentro.
3.- «Si no veo, no creo»
Si no meto mi mano en su costado no creeré.

Es la desconfianza que impide creer, el bloqueo, la amargura. El incrédulo Tomás ante el agravio comparativo, porque Jesús se ha aparecido a todos menos a él, se enroca y desconfía de Jesús por el que antes estaba dispuesto a morir. La vida desgasta la confianza. En esta sociedad agresiva nos hieren y nos herimos. Nos decepcionamos, nos enfriamos y nos alejamos. Fiestas para recuperar la confianza en la Iglesia, en la familia, en las instituciones, en nosotros mismos.

4.- «Señor mío y Dios mío.» Tomás, trae tu mano y métela en mi costado. El más incrédulo y el más cercano. ¿Cómo toca a Jesús resucitado? Tocando las llagas de un crucificado. En la fragilidad, Dios deja de ser Alguien abstracto para ser mi Dios. En el dolor el Señor es mi Señor. De la creencia a la vivencia, a la experiencia. «Señor mío y Dios mío.»
Job, que no tenía tanta paciencia como dicen, reprocha a Dios su desgracia. Y Dios le apabulla con preguntas sobre la creación. No sabes por qué la creación y ¿me preguntas por lo que te pasa? » Perdona Señor, antes te conocía de oídas y ahora te he visto cara a cara», contestó Job. En el dolor, en la fragilidad, vemos al Señor cara a cara.
San Juan Pablo II regaló a la Iglesia este domingo de la Divina Misericordia que estamos celebrando. Forjado en el dolor de la guerra y de la ocupación  alemana y soviética, descubrió de la mano de Santa Faustina Kovalska, que sólo la misericordia es respuesta al mal, a la mentira, a la coacción y a la injusticia. «Vencer el mal a fuerza de bien», son sus palabras. Ante tanto dolor, en contacto con tanta fragilidad, siempre eligió la esperanza, el ánimo, la dignidad humana, la libertad, la paz. Siguió creyendo en la persona porque «Cristo revela el hombre al propio hombre.» Esa resistencia inteligente llena de afecto y pasión por sus hermanos, vence ideologías y sistemas totalitarios. Tumbó el muro de Berlín. Es la fuerza liberadora del Evangelio. Los apóstoles en la Pascua no podían callarse. La libertad del Evangelio vence la dictadura del pensamiento único. «Tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres.»
Los que tenemos responsabilidades familiares, eclesiales, profesionales y políticas, ¿cómo gestionamos nuestra fragilidad? La fragilidad nuestra y la de los nuestros puede sacar lo peor y lo mejor de nosotros mismos. En San Prudencio y Santo Tomás sacó lo mejor.
Los que tenemos responsabilidades no somos líderes omnipotentes sino persona frágiles que necesitamos ayuda y consejo. Lo digo por experiencia. Por eso, Fiestas para que nuestra fragilidad pueda crear comunión, colaboración y equipo porque lo necesitamos.
Fiestas para que la fragilidad personal nos sensibilice para ayudar a los que son más frágiles que nosotros. Fiestas para que nuestra fragilidad nos ayude a concebirnos diversos, distintos y complementarios para sumar en vez de restar en nuestro territorio foral y en nuestra diócesis.
La declaración interreligiosa de Dubai termina con un llamamiento a quienes lideran las instituciones a “comprometerse seriamente a difundir la cultura de la tolerancia, la convivencia y la paz; de intervenir lo antes posible para detener el derramamiento de sangre inocente y poner fin a las guerras, los conflictos, la degradación ambiental y el deterioro cultural y moral que vive el mundo actualmente”. El Papa pide a todos los hombres y mujeres y de forma particular a líderes políticos y medios de comunicación que se esfuercen por redescubrir y difundir los valores de la paz, la justicia, la bondad, la belleza, la hermandad humana y la convivencia común.
Que nuestro Patrón siga bendiciendo a nuestras familias, a nuestros vecinos, a nuestros pueblos y ciudades, a nuestra Iglesia de Vitoria y a nuestro territorio foral de Álava. Que nos regale la bendición de amarnos y de respetarnos. ¡Feliz Pascua y muy feliz día de San Prudencio!
Que la Virgen de Estíbaliz socorra nuestra fragilidad  estemos en la etapa que estemos.

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