Laicos en una Iglesia evangelizadora – Cristo me envió a evangelizar (1Cor 1, 17) – Inicio de curso 2003-04

Cuando en abril de 2002 quedó aprobado el Plan Diocesano de Evangelización (PDE) nos comprometimos, como comunidad diocesana, en un ambicioso proyecto evangelizador. La elaboración del Plan fue un gratificante ejercicio práctico de corresponsabilidad diocesana. Se inició así el desarrollo del objetivo articulador del conjunto del Plan, pues todo él se pensó como un «impulso del ejercicio de la corresponsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios en la vida comunitaria de nuestra Iglesia diocesana y en su misión evangelizadora al servicio de los hombres y mujeres de nuestra sociedad» (PDE, p. 12).

En continuidad con el trabajo desarrollado en el curso pasado y en el mismo clima de corresponsabilidad, llega el momento de atender uno de los desafíos más importantes que tenemos como Iglesia y como diócesis: La misión de los laicos. Es un objetivo que guarda múltiples contenidos: «Reconocer y potenciar la misión de los laicos en la Iglesia y en la sociedad, como elemento fundamental en la evangelización misionera».

No es un objetivo que afecte únicamente a los laicos. Implica a toda la comunidad eclesial ya que «la Iglesia no está verdaderamente formada, ni vive plenamente, ni es representación perfecta de Cristo mientras no exista y trabaje con la jerarquía un laicado propiamente dicho» (AG 21). El ministerio ordenado y la vida religiosa tienen sentido en referencia a la comunidad eclesial, mayoritariamente laical, a la que además deben servir con su vocación específica, su ministerio y sus carismas.

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