Llamados a amar con obras / Egitez maitatzera deituak

Queridos hermanos y hermanas:

Centrados ya en el Adviento y ante el Día del Seminario, un afectuoso saludo en Cristo Jesús, Señor nuestro.

El pasado 2016 vieron la luz de este mundo 3.074 alaveses, llamados por Dios a vivir intensamente una aventura humana fascinante, sea cual sea su futuro. Fueron 1.192 quienes nacieron a otra experiencia apasionante por el bautismo, respondiendo así a un comienzo en esa otra llamada a ser hijos de Dios en Jesucristo. Bastantes menos hicieron suya esa llamada en una edad más avanzada al decidir confirmarse. Fueron 178. Y 258 parejas apostaron por casarse en el Señor, diciendo sí a la vocación más extendida: el matrimonio cristiano. ¿Cuántos fueron llamados entre nosotros a la vocación sacerdotal? Sólo Dios lo sabe, conociendo su insistencia, y por qué solo hubo una respuesta. ¿A cuántos propusimos que colaboraran con el Señor en este servicio imprescindible para que avance la vida cristiana? ¿Llamamos con fuerza, nos dolemos por la falta de respuesta, nos inquieta hasta al fondo la falta de vocaciones para el sacerdocio? Si ante esta última pregunta nos ha salido un sí rotundo, si habitualmente nuestra oración está fecundada por los ruegos vocacionales, no todo está perdido.

Necesitamos cada vez con mayor urgencia respuestas a esas llamadas a la vida, a ser cristianos y a vivir cada uno según la vocación que Dios quiere que sigamos, sin miedos ni bloqueos. Pero ante el Día del Seminario no olvidemos esta urgencia concreta: necesitamos sacerdotes, sencillos, convencidos y buscadores continuos de la santidad. Necesitamos servidores infatigables del anuncio de la Verdad, compartiendo una vida de entrega con quienes más añoran la Bondad y uniendo todo lo bueno al celebrar a Jesucristo, que es para la Iglesia la mayor Belleza.

Las palabras que siguen, nacidas de esa urgencia, se dirigen, especialmente a los presbíteros que aún viven con esperanza, a los fieles que no se conforman con la pertinaz sequía y, sobre todo, al Señor, hechas oración incesante ante una necesidad tan grave.

“Llamados a amar con obras/Egitez maitatzera deituak”. Concretamente unas obras que son anuncio sin descanso, entrega generosa, celebración auténtica, y, por esas tres grandes tareas, servicio a la comunión. Llamados a ser presbíteros en todo y para todos.

Hermanos presbíteros, ojalá arda nuestro corazón al anunciar a Jesucristo, a pesar del frío ambiente o la sensación de que la semilla cae poco en tierra propicia. Quiera Dios que esa agua viva, que se nos regala para que mane, tenga más ímpetu que nuestros miedos o las desilusiones que se empeñan en cerrar las rendijas del manantial. Si no anunciamos estamos muertos. No se nos ha dado una boca muda, unas obras mudas. A pesar de tantos ruidos o de tanto interés en que callemos, ¿cómo no prestar nuestra voz a un mensaje tan auténtico y liberador, cómo no hacernos eco de la salvación que se nos ofrece? Somos servidores de la Palabra.  Hermanos fieles de esta Iglesia, haced que vuestros sacerdotes no callen ni se amolden al silencio que muchos les demandan. Mostrad la sed de Dios, el ansia de conocerle más   cada día para que su Verdad no se pierda entre el barullo de tanta palabrería. Amigos del Señor: prestad interés a lo que de parte de Él os digan, aunque veáis que en su lucha por ser auténticos aún les queda un largo camino por recorrer. Y tú, Señor Jesús, dales la valentía para anunciarte todo entero, a pesar de las crisis o los rechazos. Haz que siempre respondan como Pedro: “Jauna, norengana joango gara? Betiko bizia dute zure irakatsiek”, “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68)

Amigos sacerdotes, “llamados a amar con obras/egitez maitatzera deituak” parece que nos habla, especialmente, de esa entrega generosa de nuestra vida. Llamados a ser reflejo de la Bondad de un Dios para todos desde los pobres. Lo vemos tan evidente, ¿llegaremos a vivirlo cada día con hechos que nos marquen esa ruta? El camino de la misericordia es para nosotros el único posible. Y el servicio por el reino del amor y la justicia. Ese “obras son amores” que visualicen ante todos que el anuncio se concreta. Presbíteros, cada vez más mayores, que el peso de los años sea un peso de amor porque cada día Dios que comenzó en vosotros tanta obra buena la va llevando a término con éxito para alabanza de su gloria. Y vosotros, hermanos y hermanas cristianos, animad con vuestro buen hacer, con vuestra caridad constante, la tarea ardua de vuestros sacerdotes para que se den sin reservas. Recordadles que su mirada, dirigida al Señor en sus pobres, no se entretenga en cosas accesorias. Y si sus pasos se equivocan, no dudéis en tomarles de la mano, que también podéis hacerlo, para que vuelvan a la senda de repartir la Bondad de Dios a manos llenas. Señor Jesús, que pasen por el mundo haciendo el bien, como tú, y así sean tu reflejo. Que cumplan el milagro de servirte y dejen, como tú, un mundo distinto tras su paso, mejor, más parecido a lo que tú soñaste y sueñas para todos. Que comprendan tu palabra clara y firme: “Nire seniderik txikien hauetako edozeini egin zeniotena, neuri egin zenidaten”, “cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).

Hermanos sacerdotes, vivid, cada vez más, de celebrar a Jesucristo en su Iglesia. Dejadle ser a él protagonista auténtico de tantos momentos que alimentan toda nuestra existencia. Que sea fuente y culmen por nuestra mejor forma de hacerle presente en la Acción de Gracias y el tesoro del Perdón. A veces nos perdemos entre protagonismos e inventos muy bien intencionados que ocultan más que muestran su presencia y el deseo de su Iglesia por celebrar unidos. Tenemos en las manos un tesoro que nos sobrepasa tanto que a veces produce escalofrío. Tenemos tanta suerte. Celebrar bien y tantas veces su Pascua también forma parte de ese ser “llamados a amar con obras”. Seamos instrumentos que muestren su Belleza, dejando a Dios ser Dios en un Misterio fiel que nos desborda. Fieles que celebráis constantes el encuentro con Dios, servido con temblor por las manos y el corazón de vuestros sacerdotes, vibrad. Vibrad sin aspavientos, vibrad serenamente y contagiadles para que no se agosten lo que sentís en cada Eucaristía o al recibir de Dios el ser reconciliados. Es cierto que el contagio de Amor en cada sacramento ha de ser mutuo, pero, ya que sois más, no dejéis de animarles y de orar para que, al ser profundos, os lleven más allá. Que os trasporten en Cristo al umbral del Misterio y nuestra Trinidad os lo muestre y os cubra. Señor Jesús, presente todo entero en cada Eucaristía, cógelos por completo. No dejes que la rutina o el cansancio pesen más que tu presencia. Que el servicio de sus manos también llagadas trasparente tu amor resucitado al partirles el pan, al escanciar tu vino, al repartir tu Cuerpo, al presentar tu Sangre. Tú, Señor, Sacerdote único y eterno, diles fuerte al oído y al corazón, también aquí roto pero entero: “Egizue hau nire oroigarri”, “haced esto en memoria mía” (1 Cor 11, 24).

Llamados para amar, con obras, por caminos de siempre, estrenados cada día de forma novedosa. Sabemos que es actual, porque somos de hoy, en raíces de historia y abiertos al mañana. Por eso seguimos aquí y buscamos que esto no termine. Y hablamos de una necesidad que quiere ser también tarea: vocaciones para servir al Señor, a su Iglesia, a todos, siendo sacerdotes. Estos días y siempre que cada sentimiento en este aspecto se cambie en oración y en propuestas concretas.

Para terminar, completando estas líneas, de cara a este Día del Seminario podemos tener en cuenta algunas iniciativas: Hay siete seminaristas que se ofrecen para testimoniar por qué lo son y por qué quieren responder a la llamada del Señor Jesús, invitándoles a ser sus sacerdotes. En la página web del obispado se publican unos videos con sus testimonios. Los días 3, 8 y 10 de diciembre están dispuestos a comentar esa experiencia en donde lo veáis oportuno. Llamando al 659 234 921 podéis solicitar su presencia. Es importante también realizar la colecta de ese día, no sólo para necesidades concretas del seminario, sino pensando además en actividades de promoción vocacional. En línea vocacional se desarrollarán los encuentros con jóvenes “Con-bocados” de los meses de noviembre y diciembre. Y ese aspecto también estará presente en los próximos ejercicios espirituales para adultos y jóvenes del 7 al 10 de diciembre. Por otro lado, existe ya en nuestra diócesis un nuevo Equipo de Pastoral Vocacional que está empezando su andadura e irá haciendo propuestas. También os agradece posibles sugerencias. Además, y viendo, sobre todo, la importancia del acompañamiento, se ofrece a prestar ese servicio si alguien lo necesita en camino hacia una vocación específica, entre ellas la sacerdotal.

“Egitez maitatzera deituak/ Llamados a amar con obras”. Desde el agradecimiento por todo lo recibido y con determinación. También nosotros, cada cual, en su vocación, los presbíteros en la nuestra, hacemos nuestras estas palabras: “Izan bihotz! Jaiki, deika ari zaik… eta Jesusen ondoren zihoan bidean” “Ánimo, levántate, que te llama… y le siguió por el camino” (Mc, 10, 49.52).

En la presencia de María, Virgen Inmaculada, Mujer del Sí y Madre nuestra, un abrazo fraterno,

Alfredo Arnaiz Rodríguez,
Vicario Episcopal
para la Vida Consagrada, Sacerdotal y Vocacional

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