Aproximándonos al Plan Pastoral: Planificación de un Plan

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Aproximándonos al Plan Pastoral: reto y apuesta

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Reflexión: Planificación de un Plan

Hausnarketa: Planaren plangintza

Anunciábamos en el anterior escrito que la planificación será nuestro siguiente punto de reflexión. Sabemos que toda planificación contiene muchos aspectos a estudiar y a desarrollar. Quizá no sea necesario recogerlos todos aquí. Apuntamos dos de ellos: el diseño y los objetivos generales. Ambos están muy relacionados. De hecho, según sean nuestros objetivos podremos hacer un determinado diseño.

En nuestra actual reflexión, separamos ambos aspectos y le damos a cada uno de ellos un carácter independiente. Estamos en el momento de “imaginar”, “soñar”… Invitamos desde ahora a que nuestras experiencias en Planes anteriores nos sirvan de acicate, de ánimo. Queremos reflexionar mirando al futuro como oportunidad.

El Diseño

En el diseño de un Plan Diocesano de Evangelización tienen mucha importancia las palabras que componen su enunciado. Primero es un Plan (lo intentamos describir en la reflexión anterior). Es “Diocesano”, y la Diócesis de Vitoria es pequeña y compleja (como todas las colectividades humanas): venimos de una historia y estamos en un momento determinado de la misma; la componemos muchos estamentos sociológicos: niños y adultos, profesionales muy diversos, personas con situaciones vitales diferentes… En definitiva, los destinatarios del Plan somos diferentes, y, a la vez, todos miembros de la Diócesis.

Es un plan de “Evangelización”. La evangelización es la misión principal de la Iglesia, pero a la vez es una tarea siempre dinámica, inacabada y progresiva. Estamos continuamente evangelizando y siendo evangelizados. No existe una meta tangible, como pueden tener un “Plan estratégico”, o un “Plan de coyuntura”. Nuestra tarea se corresponde más a recorrer un camino que a alcanzar fines cuantitativos.

Cuando pensamos en el diseño de un Plan, debemos visualizar un lema que lo presida, y que nos ayude a sintetizar la pretensión última a alcanzar. Se trata de un lema-titular que, al verlo, lo relacionemos con el Plan, con la Diócesis, con la Evangelización. Un lema que facilite su división en otros sub-lemas, para centrar aún más los objetivos en periodos determinados de tiempo.

En el diseño del Plan se marcan unos tiempos de actuación. Describimos algunas características de la periodicidad de un Plan:

  1. Un Plan está determinado por periodos concretos y prefijados con anterioridad, y que han de tener estas características:
    1. que permitan conocer su inicio y su final. Se trata de saber cuándo se empieza cuándo se terminará;
    2. que nos permitan conocer el hilo conductor del contenido del Plan. El tema general y la sucesión de los temas elegidos como sub-lemas juegan aquí un papel importante.
  2. Un Plan de nuestras características está ceñido a los cursos pastorales. Bien es cierto que el “ritmo de vida” y de la pastoral son distintos en el mundo rural que en el urbano. Pero aquí juega un papel importante la capacidad del Plan para promover la participación en el mismo desde la creatividad y espontaneidad de cada comunidad o persona.
  3. Un Plan tiene un calendario de propuestas, sobre todo las que son comunes al conjunto de la Diócesis. Este calendario debe estar fijado antes de comenzar el curso pastoral. Asimismo debe tener muy pocas “cosas” para toda la Diócesis y muchas posibilidades para la realización de actividades en los ámbitos más cercanos a las personas, grupos y comunidades. No olvidemos que el Plan es un “enriquecimiento” a lo que ya estamos realizando, y que nos ayuda a buscar el sentido y la calidad de lo que hacemos.
  4. En el Plan también deben aparecer las “líneas de actuación”. Más arriba, hemos hablado de las acciones y de cómo el Plan está dirigido a las acciones. Las “líneas de actuación”, a las que nos referimos, han de derivar en estas actividades y acciones.

Las “líneas de actuación” son propuestas a realizar, que unas veces apostarán por los llamados temas sociológicos (por ejemplo, migrantes, mujer, pobres…) y otras, por temas vivenciales (por ejemplo, alegría, corresponsabilidad, vocación…).

Estas “líneas de actuación” deben estar sustentadas en un análisis de la realidad, en un contraste con la Palabra de Dios y con la Enseñanza de la Iglesia, y en una llamada a la conversión o compromiso.

Por último, señalamos un elemento clave para el buen funcionamiento del Plan: el “Equipo de seguimiento”. Empleamos este término, “Equipo de seguimiento”, porque así lo definimos desde su función principal: estar al tanto de todo lo que sucede en el desarrollo del Plan. Este seguimiento se completa con otras funciones del Equipo, como son la animación, publicitar las iniciativas y las opiniones, facilitar materiales, descubrir las dificultades, etc. El Equipo de seguimiento es el compañero de camino de todos los participantes en la elaboración del Plan.

Este Equipo de seguimiento tiene dos características que necesitan ser cuidadas. Una hace referencia a su composición. Debe ser lo más plural posible, reflejando la diversidad existente en nuestra Diócesis. La segunda característica, su lugar o ámbito de apoyo. El Consejo Pastoral Diocesano, así como todos los organismos diocesanos de decisión, son su ámbito de apoyo. El Equipo de seguimiento nace en el Consejo Pastoral Diocesano y, sobre todo, en él se apoya para llevar adelante su tarea.

Los Objetivos

Obviamente no pretendemos ahora marcar o exponer los objetivos del Plan Diocesano de Evangelización. Tratamos de describir la “meta a conseguir” desde los mismos. De alguna manera hemos de responder a esta cuestión: ¿qué pretendemos apostando por estos objetivos concretos?

  1. Pretendemos que nuestros objetivos nos ayuden a realizar la misión de la Iglesia: anunciar el Evangelio en nuestra parcela territorial, nuestra Diócesis. El número de acciones a realizar es secundario aunque tenga su valor. Tiene más importancia el que el Plan facilite y posibilite la participación del mayor número de personas en el mismo.
  2. Pretendemos crear un estilo de Pastoral donde sea común entre nosotros la planificación diocesana, parroquial, comunitaria… Los objetivos del Plan no deben imponer “cosas a hacer”, sino crear estilos, ser ejemplo de planificación. De los objetivos se derivan las programaciones, como elemento más cercano al hacer cotidiano.
  3. Los objetivos del Plan deben tener presente las dimensiones de la Evangelización: Litúrgica (Celebración), Catequética (Transmisión de la fe), Diaconía (Servicio y Compromiso) y Comunitaria (Vida comunitaria, eclesial).

En la planificación de un Plan hay que tener en cuenta otros aspectos, que suelen denominarse “elementos complementarios”… Los describiremos en el próximo escrito.

Consejo Episcopal
Vitoria-Gasteiz, abril 2017

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