La Iglesia Diocesana creadora de comunidad

Llamados a vivir en comunidad

“Los discípulos del Señor son llamados a vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-16). Son llamados a dar testimonio de una pertenencia evangelizadora de manera siempre nueva. ¡No nos dejemos robar la comunidad!” (EG 92).

Somos conscientes de que vivimos en un contexto social y cultural que potencia el individualismo y el beneficio propio frente al común. Sin embargo, estamos convencidos de que el “ser comunidad” constituye una riqueza para el ser humano. Somos seres en relación y es la relación lo que nos hace ser personas. También el Pueblo de Dios de nuestra Diócesis es plural en culturas, carismas, espiritualidades y modos de vivir la misión, lo que supone riqueza y, a la vez, es fuente de tensión en ocasiones.

Además en el periodo de reflexión y consulta, y de discernimiento[3], se han constatado déficits en nuestra vida comunitaria. Señalamos algunos, a modo de ejemplo:

  • talantes y estilos personales, calificados de “personalismos” carentes de visión comunitaria;
  • falta de coordinación en muchas de las prácticas pastorales y de otras relacionadas con nuestra Iglesia;
  • desconocimiento entre las personas que formamos la Iglesia diocesana, y la intolerancia con respecto a ciertos carismas y a determinadas manifestaciones de la Iglesia.

No solo se trata de solventar los obstáculos y dificultades que constatamos. Queremos mirar al futuro con el fin de desarrollar todas nuestras potencialidades, que brotan de la fe en Jesucristo y en su Evangelio. Ante la tendencia de que los grupos y comunidades se aíslen y se cierren a personas, a ideas y a iniciativas diversas, está la clave de la apertura, de salir de las propias comodidades y de descubrir lo positivo del encuentro. Las miradas a la Iglesia universal y los encuentros diocesanos aparecen como un antídoto contra el peligro de aislarnos en los ámbitos particulares.

No olvidamos los logros positivos alcanzados o que se están alcanzando en nuestra Diócesis. Bastantes de ellos han sido señalados en el periodo de discernimiento. En concreto, y como ejemplo, se han apuntado:

  • el crecimiento habido en comunidades y creyentes de su sentimiento de pertenencia eclesial;
  • el esfuerzo por hacer las cosas en común;
  • la apuesta por las Unidades Pastorales Parroquiales;
  • el mayor compromiso de los laicos y laicas en la vida parroquial;
  • la aportación de los Movimientos y Asociaciones laicales, así como el trabajo del Servicio del Laicado y de las diferentes Delegaciones y Secretariados;
  • la participación de la mujer en diversos ámbitos de la práctica pastoral, aunque todavía deba estimularse más su presencia…

La comunión eclesial, expresada en nuestro empeño por construir la comunidad y el vivir en ella, es un testimonio para nuestra sociedad. Nuestra comunidad es diversa, tenemos distintas sensibilidades…, pero, por encima de todo ello, potenciamos la cohesión interna como Iglesia Diocesana. Lo podemos plantear, incluso, como exigencia de nuestra fe. De ahí que en el presente Plan Diocesano de Evangelización, y, dentro de esta línea prioritaria, se apueste por:

  1. La remodelación de parroquias, arciprestazgos y unidades pastorales, planteando una presencia de la Iglesia adaptada a la situación y a las necesidades actuales, atendiendo a la diversidad de las zonas rurales y urbanas, buscando comunidades significativas, mayor funcionalidad, corresponsabilidad y servicio a la comunidad cristiana y la sociedad.
  2. La constitución de equipos pastorales, que potencien los ministerios laicales, se corresponsabilicen de la elaboración y puesta en marcha de Planes Pastorales, contando con todos los carismas y sensibilidades, promoviendo la presencia de la mujer en ámbitos de consulta y decisión, teniendo en cuenta la realidad urbana y rural de la Diócesis, incluso de aquellas comunidades más alejadas de Vitoria-Gasteiz.
  3. La formación continua, y en determinados temas conjunta, de presbíteros, de consagrados y de consagradas, de laicos y laicas de todas las edades, en continuidad con los Planes de Evangelización anteriores. El cultivo de las dimensiones básicas de la vida cristiana: el conocimiento vivencial de Cristo, la relación personal, familiar y comunitaria con Dios, el compromiso cristiano y la vida de la comunidad.
  4. La promoción de la experiencia de comunidades cristianas donde sea posible vivir y compartir intensamente la fe.
  5. Cuidar, escuchar y acoger a las personas en su diversidad sexual (AL 200).
  6. La mejora de la integración en las comunidades de las personas con diversas discapacidades, eliminando todo tipo de barreras.

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