Evangelio del día: «Al ver a las gentes, se compadecía de ellas». Mt9,35-10,1.6-8

Podemos ser su voz y su esperanza

Un saludo cordial para tod@s:
Aquí estamos, dispuestos a comenzar un nuevo curso, a dar inicio a nuestras reuniones, objetivos, cometidos… Con más o menos ganas e ilusión, pero convencidos de que en grupo y en comunidad se camina mucho mejor. ¡Qué difícil es hacer el camino en solitario!

El verano ha pasado, pero lo que en él hemos vivido, también forma parte de nosotros y aporta novedad, descanso,
inquietud, nuevos propósitos,… según cuál haya sido nuestra realidad.

Los temas que más nos ocupan y preocupan a l@s creyentes, no han tenido tregua en verano. No ha cesado el sufrimiento, los desahucios, las muertes en el mediterráneo, la huida masiva de personas, la soledad,…

Así lo hemos podido comprobar entre otros lugares, en las jornadas de periodismo a pie de calle, que tuvieron lugar en Vitoria a finales de agosto, cuyo tema fue los refugiados. Con periodistas y ponentes que conocen el día a día de la frontera, la guerra, los campos,… la muerte. Voces desgarradoras que de forma brutal nos pusieron de cara a esa realidad, a ese mundo absurdo y egoísta del que formamos parte. Uno descubre lo mucho que hay por hacer y también la dificultad. Pero sobre todo, ve con claridad que el no hacer nada nos convierte en cómplices de decisiones y leyes inhumanas y crueles, que poco o nada tienen en cuenta al ser humano.

Su voz y su esperanzaEn este mundo de la comunicación, el estar en red, la globalización, el libre mercado y la imagen; vamos a tal velocidad, que ni nos damos cuenta de lo que vamos dejando por el camino. Son valores, actitudes, prioridades y personas que no necesitamos en esta carrera despiadada hacia el éxito, la fama, la imagen, la riqueza, la comodidad,…

Así, refugiados, desplazados, enfermos, discapacitados y personas mayores, han dejado de contar, de ser importantes y fuentes de sabiduría. Bueno, sí cuentan, en la medida en que nos pueden echar una mano en nuestra vida, con nuestros hijos o con nuestras tareas. Cuando ya no pueden, o no los necesitamos, vamos dejándolos poco a poco, y a veces sin darnos ni cuenta, por nuestras miles de ocupaciones que parece que hay que tener para ser feliz y sacarle jugo a la vida.

Qué difícil se nos hace descubrir cuál es su secreto, el de la vida. Intuir por dónde va su esencia, sentir que aquello que nos llena, que nos da plenitud, pasa por las personas. Hombres y mujeres que van a nuestro lado, con su especificidad, con su aprendizaje y su experiencia, que es un pequeño tesoro que no tiene precio.

Mientras por otro lado se nos invita a huir de ella, escapar, disfrutar, gastar,… nadie nos prepara para lo que de verdad pasa. Y es que vivir, significa mucha ilusión y también adversidad, dificultad, crecimiento personal, camino, caerse, llegar, festejar, celebrar y sufrir. Todo ello es vivir. Y bien lo saben l@s que más recorrido han hecho.

Tienen mucho que contar y los demás mucho que aprender, de tod@s aquellos que han vivido y que han pasado
por dificultades.

Vamos a intentar ponerle ganas a la vida, mirar a las personas con las que nos cruzamos y no olvidar a aquellas que
viven en graves dificultades, y vamos a intentar también ser su voz, su grito y su esperanza.

Desde el Servicio Diocesano del Laicado seguiremos proponiéndoos acciones, formación, oración y encuentro.

Estamos tod@s invitados.
Un abrazo

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