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Evangelio del día Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas Lc21,5-19

Al finalizar el curso… ¡Pentecostés!

Termina el curso. Es tiempo de revisión. A veces podemos caer en la tentación de sentir que lo que hemos hecho, los éxitos y fracasos que hemos padecido, son fruto de nuestro hacer, de nuestros aciertos y de nuestros errores, de nuestras brillantes programaciones y de, en ocasiones, no tan brillantes acciones.

Pentecostés nos recuerda que aún no terminamos de fiarnos del Espíritu, que no aprovechamos su gracia, que decimos que contamos con Él, pero luego, a la hora de programar, realizar y evaluar, nos basamos en nuestros criterios y proyectos.

François Xavier Amherdt, en el Congreso del Equipo Europeo de Catequesis en Eslovenia en 2015, decía que nosotros no podemos “transmitir” la fe ni provocar nosotros mismos un encuentro personal con Cristo. Somos “barqueros de Dios”. Nosotros “no producimos nuevos cristianos como se fabrican neumáticos Michelin”, decía asimismo citando al catequeta André Fossion.

Celebrada la Pascua del Espíritu, no nos vendría nada mal volvernos hacia el Padre, poner en sus manos el curso que finaliza, renovar nuestro compromiso de seguir a Jesucristo y orientarnos hacia la “espiritualidad del windsurf”, como señala Amherdt. Sin el viento del Espíritu, nuestras programaciones, acciones y evaluaciones pueden convertirse en “velas inertes” que no llevan a ningún sitio. Menos mal que el Espíritu “sopla donde quiere, sin que sepamos ni de dónde viene ni a dónde va” (Juan 3,8).

Sin el viento del Espíritu, nuestras programaciones, acciones y evaluaciones pueden convertirse en “velas inertes” que no llevan a ningún sitio.

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