Asombrar y asombrarse

«A la postre, la experiencia catequética debería alcanzar esta fase, no tanto como fase final de un proceso, sino momentos (kairós en el lenguaje bíblico) en que el testigo es capaz de asombrar con su testimonio y el asombrado en el itinerario catequético es capaz de asombrarse. Sin asombro ante el misterio de Dios –que revierte en asombro ante el misterio de la vida– no hay verdadera experiencia religiosa, ni siquiera en ciernes, ni tampoco iniciación cristiana.

Y la mejor mediación del asombro está en el asombrado. En este sentido, el cristiano debería identificarse ante todo por ser un asombrado y, como tal, alguien capaz de asombrar a quienes le rodean.»

Manuel Mª Bru, Asombro y empatía. Ed. Ciudad Nueva, Madrid 2017, p. 44.

Conozco catequistas asombrados, que se adhieren con todo su corazón y con toda su alma a quien es el objeto de su asombro: Jesús resucitado. Y hay que ver cómo contagian ese asombro a su alrededor con toda sencillez.

 

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