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Evangelio del día El que cumple la voluntad del Padre entrará en el reino de los cielos Mt7,21.24-27

Derechos de los trabajadores y desempleados

Por el mundo del trabajo, para que a todos se pueda asegurar el respeto y la protección de sus derechos y se dé a los desempleados la oportunidad de contribuir a la construcción del bien común.

Oración

Dios de bondad,
al crear el mundo, confiaste al hombre el cuidado de la creación.
Por el trabajo de sus manos,
el hombre garantiza su subsistencia.

Pero tantas personas viven hoy privadas de sus derechos,
en condiciones precarias de empleo,
que causan grandes preocupaciones
en relación con su futuro y sus familias.

Mirando a tantas personas que no tienen trabajo
y viven diariamente el drama de ver frustrados sus proyectos de vida.
Te pedimos, Señor,
que acompañes con tu gracia a todos los que viven estas dificultades
y que toquen los corazones de quienes deciden las políticas de empleo,
para que se procure condiciones dignas de trabajo y sustento,
para bien de la sociedad.

Desafíos para el mes

  • Rezar por quien está desempleado, para que no pierda la esperanza, ni desista de buscar alternativas.
  • Acercarse a algún pariente o conocido que esté desempleado y ofrecerse para ayudar en lo que sea posible.
  • Estar atento a las oportunidades de empleo que surjan y divulgarlas para darlas a conocer a quien lo necesita.

Por el mundo del trabajo, para que a todos les sean asegurados el respeto y la protección de sus derechos y se dé a los desempleados la oportunidad de contribuir a la construcción del bien común.

[…] Ante el actual desarrollo de la economía y la dificultad que atraviesa la actividad laboral, es necesario reafirmar que el trabajo es una realidad esencial para la sociedad, para las familias y para los individuos. El trabajo, en efecto, concierne directamente a la persona, su vida, su libertad y su felicidad. El valor principal del trabajo es el bien de la persona humana, porque la realiza como tal, con sus actitudes y capacidades intelectivas, creativas y manuales. De aquí deriva que el trabajo no tiene solamente una finalidad económica y de ganancia, sino sobre todo una finalidad que implica al hombre y su dignidad. La dignidad del hombre está vinculada al trabajo. He escuchado a algunos jóvenes obreros que están sin trabajo, y me han dicho esto: «Padre, en casa —mi esposa, mis hijos— comemos todos los días, porque en la parroquia, o en el club, o en la Cruz Roja nos dan de comer. Pero, Padre, yo no sé lo que significa traer el pan a casa, y tengo necesidad de comer, pero necesito tener la dignidad de llevar el pan a casa». ¡Y esto es el trabajo! Y si falta el trabajo se lastima esta dignidad. Quien está desocupado o subempleado corre el peligro, en efecto, de ser colocado a los márgenes de la sociedad, de convertirse en una víctima de la exclusión social. Muchas veces sucede que las personas sin trabajo —pienso sobre todo en los numerosos jóvenes actualmente desempleados— caen en el desaliento crónico o, peor, en la apatía.

¿Qué podemos decir ante el gravísimo problema de la desocupación que afecta a diversos países europeos? Es la consecuencia de un sistema económico que ya no es capaz de crear trabajo, porque ha puesto en el centro a un ídolo, ¡que se llama dinero! Por lo tanto, los diversos entes políticos, sociales y económicos están llamados a favorecer un planteamiento distinto, basado en la justicia y en la solidaridad. Esta palabra, en este momento, corre el riesgo de ser excluida del diccionario. Solidaridad: parece como una palabra fea. ¡No! La solidaridad es importante, pero este sistema no la quiere, prefiere excluirla. Esta solidaridad humana que asegura a todos la posibilidad de desempeñar una actividad laboral digna. El trabajo es un bien de todos, que debe estar al alcance de todos. La fase de grave dificultad y desocupación se debe afrontar con los instrumentos de la creatividad y la solidaridad. La creatividad de empresarios y artesanos valientes, que miran al futuro con confianza y esperanza. Y la solidaridad entre todos los componentes de la sociedad, que renuncian a algo, adoptan un estilo de vida más sobrio, para ayudar a quienes se encuentran en una condición de necesidad. […]

Queridos hermanos y hermanas, no dejéis jamás de esperar en un futuro mejor. Luchad por esto, luchad. No os dejéis atrapar por el vórtice del pesimismo, ¡por favor! Si cada uno hace lo que le corresponde, si todos ponen siempre en el centro a la persona humana, no el dinero, con su dignidad, si se consolida una actitud de solidaridad y compartir fraterno, inspirada en el Evangelio, se podrá salir del pantano de una estación económica y laboral ardua y difícil.

DISCURSO A LOS DIRIGENTES Y OBREROS DE LAS FÁBRICAS DE ACERO DE TERNI
Y A LOS FIELES DE LA DIÓCESIS DE TERNI-NARNI-AMELIA
FRANCISCO
20 de marzo de 2014

© Copyright 2014 – Libreria Editrice Vaticana

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