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Evangelio del día Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo Mt22,34-40

Inmaculada, de Pedro de Mena, en el Museo Diocesano de Arte Sacro

Se trata de una pequeña talla de madera de hacia 1655-1658, de unos 92 centímetros de altura incluyendo la peana, obra de Pedro de Mena, un escultor granadino, del que tenemos otra talla muy destacada en el Museo.

Sobre la obra

Inmaculada de Pedro Mena

Es una figura de cuerpo entero, tiene la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo y a su derecha, sus manos unen las yemas de los dedos, sin llegar a tocarse las palmas, los dedos son muy finos, igual que los rasgos de la cara. Mira hacia abajo, con gesto pensativo, apenas si se le ven los ojos. Como se sabe era costumbre representar a las Inmaculadas mirando hacia abajo porque están descendiendo; aunque hay excepciones.

Por la postura del cuerpo, con una pierna un poco adelantada, y por la disposición del ropaje (se le arremolina el manto azul oscuro con abundantes pliegues a la altura de su cintura) da impresión de hacer un ligero movimiento, porque hace una forma helicoidal. Si el manto es abultado y grande la túnica en cambio es fina y parece ligera.

En esta época se representaron numerosas inmaculadas, se buscó dotarlas de ciertas variantes para darle dinamismo o movimiento a la figura, esta figura parece seguir los modelos de su maestro y colaborador Alonso Cano, que tiene una pintura con una Inmaculada similar, expuesta al lado de ésta.

Procede de Mendarózqueta, pertenecía una capilla particular del siglo XVII, de Juan Bautista de Arzamendi, inquisidor de Granada.

Sobre el autor

Pedro de Mena era granadino, venía de una familia de escultores. Por entonces, cuando él trabajaba en Granada había mucha actividad artística, la construcción de la Catedral llevó a la ciudad a muchos y destacados artistas. Alonso Cano fue uno de ellos, llegó a ser maestro y ocasional colaborador de Pedro de Mena. Cano hizo una talla para el fascistol de la catedral muy parecida a ésta, que debe ser anterior. La estancia del maestro resultó ser un verdadero revulsivo para Pedro De Mena.

La obra de Mena destaca por su técnica delicada y minuciosa. Para imitar los paños llega a hacer muy delgadas láminas de madera. Es muy singular la fisonomía de sus figuras, dotadas siempre de rasgos muy finos, de gestos contenidos y cargados de emoción, de un cierto tono melancólico. Todo ello sin abandonar el naturalismo, característico del barroco.

La mayoría de sus obras son de pequeño tamaño, las que más fama le dieron. Trabajó poco en retablos. Fue un artista reconocido ya en su tiempo, y su obra se difundió mucho, sobre todo en Andalucía y Castilla.

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