Evangelio del día Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Jn20,1.11-18

Integridad de la justicia

Recemos para que todos aquellos que administran la justicia obren con integridad, y para que la injusticia que atraviesa el mundo no tenga la última palabra.

Julio 19 - Integridad de la justicia

Oración

Padre de bondad, tu Hijo Jesús fue víctima de una tremenda injusticia,
en la muerte que sus adversarios le deseaban.
Hoy, tantos hermanos y hermanas nuestros
son víctimas de la injusticia, de falsos juicios.
Tantos buscan ser favorecidos por su poder e influencia.
Señor, convierte nuestro corazón a la verdad y a una vida íntegra,
a semejanza de Jesús.
Te pedimos que tu Espíritu Santo
sea el guía de todos los que administran la justicia,
para que ésta sea un reflejo de tu verdad en el mundo.
Padre Nuestro…

Oración de Ofrecimiento

Padre Bueno, sé que estás conmigo.
Aquí estoy en este nuevo día.
Pon una vez más mi corazón
junto al Corazón de tu Hijo Jesús,
que se entrega por mí y que viene a mí en la Eucaristía.
Que tu Espíritu Santo
me haga su amigo y apóstol, disponible a su misión.
Pongo en tus manos
mis alegrías y esperanzas,
mis trabajos y sufrimientos,
todo lo que soy y tengo,
en comunión con mis hermanos y hermanas de esta red mundial de oración.
Con María te ofrezco mi jornada por la misión de la Iglesia
y por las intenciones de Oración del Papa para este mes. Amén.

Propuestas para el mes

  • Presta atención a las buenas prácticas de administración de justicia, ponderándolas y difundiéndolas a través de tus propios medios, como un modo de subrayar la importancia de realizar la justicia con integridad y verdad.
  • Examina tu conciencia sobre los modos de proceder que son un pacto con la injusticia, en nuestras relaciones personales, laborales, cumplimiento de la ley, etc.
  • Promueve en tu comunidad un tiempo de reflexión y oración por los que administran justicia y reflexionen sobre situaciones injustas que ocurran en sus ambientes y los modos de superarlas.
Julio 19 - Integridad de la justicia

Recemos para que todos aquellos que administran la justicia obren con integridad, y para que la injusticia que atraviesa el mundo no tenga la última palabra.

[…] Pido a los jueces que realicen su vocación y misión esencial: establecer la justicia sin la cual no hay orden, ni desarrollo sostenible e integral, ni tampoco paz social. Sin duda, uno de los más grandes males sociales del mundo de hoy es la corrupción en todos los niveles, la cual debilita cualquier gobierno, debilita la democracia participativa y la actividad de la justicia. A ustedes, jueces, corresponde hacer justicia, y les pido una especial atención en hacer justicia en el campo de la trata y del tráfico de personas y, frente a esto y al crimen organizado, les pido que se defiendan de caer en la telaraña de las corrupciones.

Cuando decimos “hacer justicia”, como ustedes bien saben, no entendemos que se deba buscar el castigo por sí mismo, sino que, cuando caben penalidades, que éstas sean dadas para la reeducación de los responsables, de tal modo que se les pueda abrir una esperanza de reinserción en la sociedad, o sea, no hay pena válida sin esperanza. Una pena clausurada en sí misma, que no dé lugar a la esperanza, es una tortura, no es una pena. En esto yo me baso también para afirmar seriamente la postura de la Iglesia contra la pena de muerte. Claro, me decía un teólogo que en la concepción de la teología medieval y post-medieval, la pena de muerte tenía la esperanza: “se los entregamos a Dios”. Pero los tiempos han cambiado y esto ya no cabe. Dejemos que sea Dios quien elija el momento… La esperanza de la reinserción en la sociedad: “Ni siquiera el homicida pierde su dignidad personal y Dios mismo se hace su garante” (san Juan Pablo II, EV , n. 9). Y, si esta delicada conjunción entre la justicia y la misericordia, que en el fondo es preparar para una reinserción, vale para los responsables de los crímenes de lesa humanidad como también para todo ser humano, a fortiori vale sobretodo para las víctimas que, como su nombre indica, son más pasivas que activas en el ejercicio de su libertad, habiendo caído en la trampa de los nuevos cazadores de esclavos. Víctimas tantas veces traicionadas hasta en lo más íntimo y sagrado de su persona, es decir en el amor que ellas aspiran a dar y tener, y que su familia les debe o que les prometen sus pretendientes o maridos, quienes en cambio acaban vendiéndolas en el mercado del trabajo forzado, de la prostitución o de la venta de órganos.

[…]

Ustedes están llamados a dar esperanza en el hacer la justicia. Desde la viuda que pide justicia insistentemente (Lc 18,1-8), hasta las víctimas de hoy, todas ellas alimentan un anhelo de justicia como esperanza de que la injusticia que atraviesa este mundo no sea lo último, no tenga la última palabra.

DISCURSO A LA CUMBRE INTERNACIONAL DE JUECES Y MAGISTRADOS CONTRA EL TRÁFICO DE PERSONAS Y EL CRIMEN ORGANIZADO
Francisco
3 de junio de 2016
Ver el texto completo: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/june/documents/papa-francesco_20160603_summit-giudici.html
© Copyright 2016 ‐ Libreria Editrice Vaticana

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